Evo Morales no podrá presentarse como candidato a presidente en el año 2019.  Su intención de modificar el artículo 168 de la Constitución para ser habilitado nuevamente chocó con el rechazo de la mayoría de los bolivianos que votó de manera negativa en el referéndum del 21 de febrero. Si bien el NO ganó por un estrecho margen de votos, los plebiscitos son así: a todo o nada.

Evo Morales no deja la presidencia ya que su mandato vence en enero de 2020 y gobernará por cuatro años más. Sin embargo, el gobierno convirtió el referéndum sobre un artículo puntual de la Constitución en un plebiscito del proyecto en su conjunto, a favor o en contra del mandatario.

Durante el año 2015 y muy especialmente después de la victoria de Mauricio Macri en la Argentina, fue el vicepresidente Álvaro García Linera el que más insistió en que la continuidad del liderazgo de Evo Morales era “decisiva para la continuidad del proceso revolucionario”. Refiriéndose al proceso electoral argentino dijo: “está claro que en Argentina otro habría sido el resultado si la compañera Cristina (Kirchner) iba a las elecciones”. De esta manera reafirmó la plena importancia de la identificación entre una persona y el proyecto político, lo que es absolutamente cierto para Bolivia. Fue Evo Morales quien desde su liderazgo al frente de los movimientos sociales tuvo la capacidad de tomar el Movimiento al Socialismo (MAS) cuando era un pequeño partido y transformarlo en una alternativa de poder real. Es innegable que hubo muchos líderes mineros, campesinos e indígenas importantes en Bolivia en las últimas décadas, pero ninguno consiguió lo que logró Evo Morales. Por esta razón es muy difícil reemplazarlo. Los líderes políticos, sociales y religiosos que trascienden en la historia y dejan una marca por las transformaciones que producen son muy pocos y por lo general irremplazables, lo que -obviamente- representa un problema que no es patrimonio de América Latina. ¿Acaso la sucesión de Jesús o Mahoma como líderes teológicos-políticos fue sencilla?

Los movimientos políticos basados en la doctrina de un líder no son un capricho de la historia ni se desarrollan en abstracto; son el fruto de una construcción social en un contexto determinado, y muchas veces representan a movimientos que confrontan con el poder en un momento dado, tal cual sucedió con Juan Domingo Perón, Hugo Chávez o Fidel Castro en el siglo veinte, para citar algunos ejemplos de la historia latinoamericana. Por otra parte, es difícil construir liderazgos genuinos desde el aparato del Estado, mucho más si es a la sombra de un líder que encabeza transformaciones profundas, como bien lo sabe Dilma Rousseff, elegida por Lula para sucederlo en Brasil.

Desde ya que es muy fácil y simpático plantear que “hay que” construir liderazgos colectivos: la historia de la humanidad demuestra que eso no es sencillo.

Una vez conocido el resultado Evo Morales dijo que habían perdido una batalla pero no la guerra. Sin lugar a dudas ha sufrido la derrota más importante de su largo mandato por el tinte personal del referéndum, aunque en el pasado demostró tener capacidad para levantarse. Vale la pena recordar que en el año 2002 siendo diputado fue expulsado del Congreso y volvió como presidente poco tiempo después, en enero de 2006.

A Evo Morales le quedan casi cuatro años en la presidencia, tiempo suficiente para revalidar el respaldo popular a su persona y al proyecto que encarna. El tiempo dirá si lo logra.

*Pedro Brieger. Director de Nodal.