Las premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú (1992), Jody Williams (1997), la coordinadora del movimiento ciudadano Avaaz en América Latina, Ana Sofía Suárez y más de 29 mil latinoamericanos expresaron su solidaridad con 15 mujeres indígenas víctimas de violencia sexual durante el conflicto armado, y esperan que la justicia condene a los dos militares que son procesados.

Conocido como el caso Sepur Zarco, los tribunales juzgan desde hace 18 días a los exmilitares Esteelmer Francisco Reyes Girón y Heriberto Valdéz Asij, como supuestos responsables de haber abusado sexualmente de las mujeres de la etnia maya q’eqchi en la década de los ochenta.

De acuerdo a Menchú, el juicio ha dejado un precedente histórico para todas las mujeres guatemaltecas y del mundo que decimos no a la violencia”, manifestó la Nobel de la Paz de 1992.

Puntualizó que “sentamos un precedente para todas las mujeres a nivel mundial y ojalá que esta sea nuestra contribución para que los casos no vuelvan a repetirse”.

Por otra parte, Suárez, del movimiento Avaaz, quien se encuentra de visita en Guatemala, explicó hoy a periodistas que los miles de latinoamericanos han enviado sus mensajes en la plataforma https://secure.avaaz.org/es/sepur_zarco_7.

Aseguró que hasta ahora suman más de 29 mil los mensajes en apoyo a los mujeres indígenas guatemaltecas que iniciaron el proceso judicial contra las fuerzas militares que las esclavizaron hace más de 30 años.

“Las mujeres de Sepur Zarco no están solas, miles de latinoamericanos llevan semanas respaldando su valiente lucha a través de mensajes de solidaridad en los que exigen justicia y reparación”, dijo.

Los textos han sido escritos por hombres y mujeres de Colombia, Chile, México, Ecuador, Costa Rica, Cuba, Argentina, Venezuela, Perú, Bolivia, Honduras y Guatemala, entre otros.

“Solas han tenido mucho valor, hoy muchísima gente las apoya y acompaña en el último tramo. Son la luz al final del túnel para tantas otras víctimas”, escribió la argentina Lía Melgar.

De acuerdo a la Nobel de la Paz de 1997 tienen previsto, en una fecha por definir, visitar en sus comunidades a las 15 mujeres que fueron víctimas de violencia sexual, detalló Williams.

Menchú resaltó “queremos que la sentencia sea condenatoria y que haya una reparación integral para las víctimas y la comunidad, y que haya seguimiento a la seguridad física de las víctimas”.

El juicio contra los dos exmilitares, los únicos detenidos hasta ahora acusados de esclavizar sexualmente en Sepur Zarco se encuentra en su recta final, y el Tribunal A de Mayor Riesgo tiene previsto emitir su sentencia entre hoy y mañana.

Siglo 21

Crímenes sexuales del Estado a los tribunales

Hoy, lunes 1 de febrero, inicia el juicio de Sepur Zarco, en contra de miembros del Ejército, por violencia sexual y servidumbre en contra de mujeres q’eqchi’ ocurridos de 1982 a 1988. Este juicio es histórico y sigue el camino de procesos trascendentales para la memoria, justicia transicional y el futuro de la nación como lo fueron el juicio por genocidio y delitos contra la humanidad que sentó a Efraín Ríos Montt y Mauricio Rodríguez Sánchez en los tribunales en 2013 y el juicio por la quema de la Embajada de España que encontró culpable a Pedro García Arredondo en 2015.

La trascendencia del caso de Sepur Zarco radica en que por primera vez juzgarán delitos de violencia y esclavitud sexual como arma de guerra durante el conflicto armado. Es decir, la justicia ahora analizará no solo delitos de violencia de Estado y prácticas de contrainsurgencia contra población civil desarmada, sino además, procesos de violencia sexual contra mujeres indígenas.

En América Latina, durante las décadas de dictaduras y regímenes militares que gobernaron la región, en la segunda mitad del Siglo XX, los delitos sexuales contra mujeres fueron sistemáticas formas de tortura y destrucción. Sin embargo, en el caso de mujeres indígenas, el proceso de violencia sexual ha sido extenso, pues desde la conquista española sus cuerpos han sido ultrajados, una práctica brutal del proceso de colonización que dio inicio al mestizaje. Hoy día, los orígenes de la violencia sexual que crearon a las naciones latinoamericanas es poco mencionado y aceptado.

Sepur Zarco pone a prueba al derecho universal, al sistema de justicia nacional y evidenciará la capacidad de los jueces para juzgar estas atrocidades. Además, es una oportunidad para formar al país sobre crímenes sexuales cometidos en mujeres q’eqchi’ desarmadas que vivían en regiones alejadas del conflicto armado. Ante el tipo de delitos que incluyen torturas, esclavitud sexual y doméstica, temas tabú en la conservadora y moralista sociedad guatemalteca, este proceso se convierte en un verdadero reto. Por eso, el sistema debe garantizar el respeto a la dignidad, integridad física y emocional de las testigos y sobrevivientes dentro y fuera de los tribunales.

El Periódico

 


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