El líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, mantuvo en La Habana un cordial encuentro con el expresidente uruguayo, José Mujica.

Manifestó Mujica que conversaron de infinitas cosas y que lo vio bien, siempre centelleante, con las preocupaciones más diversas.

El ex primer mandatario uruguayo dijo que Fidel Castro trabaja actualmente en técnicas para desarrollar la ganadería y que le manifestó su inquietud por la propagación del virus del Zika en la región latinoamericana y caribeña, así como en el resto del mundo.

Mujica estuvo de visita en Cuba a propósito de su participación en el premio literario Casa de las Américas y en el Segundo Foro Internacional Con todos y para todos.

El expresidente de Uruguay José Mujica invitó en La Habana a partidos políticos y la intelectualidad mundial a un debate acerca del papel de la cultura en las circunstancias actuales de derroche de recursos y agresiones al ecosistema.

En la última conferencia magistral dictada en la clausura del II Congreso Internacional Con todos y para el bien de todos, con 750 intelectuales de 51 países, Mujica se refirió a la cultura no como parte de la superestructura que desemboca en un conjunto de cosas hermosas, sino al ámbito en el que se toman decisiones geométricas casi no pensadas, en momentos de pequeñas reacciones de la vida fluyente.

Mujica revela la imbricación de la cultura en las formas de vida del ser social y su papel en la conducta humana como resultado de un modelo de producción y distribución que tiene un motor y un origen por el simple expediente de que es funcional a los intereses últimos del sistema que la crea.

El consumismo, por ejemplo, es el efecto cultural de una necesidad intrínseca de la sociedad y del sistema capitalista para multiplicar la acumulación; es francamente funcional y contribuye a sustentarlo. La falta de consumo, dice Mujica, es el terror del economista contemporáneo.

En esa relación consumo-sociedad, es fácil ver el enorme papel que está cumpliendo la cultura y su predominio en determinadas actitudes y decisiones que toman tanto las administraciones como el propio individuo.

Al ilustrar sus ideas con su experiencia, recuerda que su generación pensaba que cambiando las relaciones de producción y distribución se creaban condiciones para un hombre nuevo, y sólo después comprendieron el importante papel de la cultura, al extremo de que es más difícil cambiarla que transformar la estructura material y las relaciones de producción de la sociedad.

Opinó que no se le podía pedir una conducta sobria a las grandes masas. “No la puede tener. Las grandes masas están mirando la vidriera. Están enceguecidas por la cultura de derroche que es el gran triunfo de la economía capitalista en Occidente”.

Esa fue una conclusión demoledora que terminó de elaborar con otro ejemplo. Recordó que la vieja Unión Soviética se llenó de orgullo al comparar su producción de acero con la de Occidente, pues coronaban el intento de una realidad nueva.

¿Dónde se situó la limitación de ese logro productivo? En que la hazaña fue acompañada por el mismo mensaje cultural capitalista: una economía liberadora, pero la cultura no era liberadora.

En la actualidad el mundo desemboca en la angustia de que no puede descifrar con claridad el destino de un barco que está dando vueltas en derredor del universo, y no hay una respuesta para ello. Mujica dice que al menos él no la tiene.

Esta cultura global con el auge del neoliberalismo como portaestandarte, ha adquirido dimensión y peso, apoyándose en los recursos de la sociedad mediática para masificarla, dentro de la cual estamos atrapados como los insectos en una telaraña.

“Con ese panorama, queridas criaturas frágiles, cómo no pensar es fácil que la gente venda el alma al diablo, porque no hemos tenido una lucha consciente. Hay que discutir la ética de forma de vivir, de luchar por la felicidad humana como centro y por encima del criterio economicista de que eres más feliz si tienes más cosas.

Esta globalización, incluida la cultura del sistema, que tiende a cubrir el universo entero, no tiene cabeza, tiene bolsillos, caja fuerte, acumulación capitalista, mensaje de mercado, pero no tiene una clara autoridad consciente, que oriente.

Para Mujica hay más cantidad de gente que vive con infelicidad sin ser pobres. No pasan hambre, pero sí avidez de felicidad, de tranquilidad, de vivir con sentido común, porque están hartos de la vorágine, de la calle, del embate de la eficiencia productiva, de subir el escalón pisoteando gente, y viajar por una vida que no tiene fin.

La moneda para medir las cosas más importantes es la vida humana, había dicho antes, y la cultura por la que debemos empezar es la de revalorización del milagro de estar vivo, por qué estamos vivo. Nada es más grande que este milagro.

El llamamiento es a luchar por una cultura no esclavizadora. El hombre no es una mercancía, la humanidad no es algo que se vende, que se compra. El ser humano es dolor, alegría, nostalgia, sentimiento, sensación, aliento, creación, enamoramiento, rencor, odio, mucha angustia, pero en el fondo, “Gracias a la vida”, como cantó Violeta Parra.

Los únicos derrotados son los que bajan los brazos a todos los que nos plantea la vida, desde el temor a la enfermedad, a perder el trabajo y siempre la clave es la misma: volver a empezar. El único derrotado es aquel que perdió el coraje para volver a empezar.

Radio Habana Cuba