Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El último boletín epidemiológico del Instituto Nacional de Salud (INS) reporta que ya son 25.645 casos de zika confirmados en Colombia, desde que el año pasado se confirmara la presencia del virus en el país hasta la semana comprendida del 24 al 30 de enero de este año. La Costa Caribe aporta 11.081 casos, de los cuales Barranquilla ha tenido 2.380.

Las anteriores cifras ilustran la penetración del virus en el territorio nacional y su impacto en la región. Colombia ya es el segundo país con más casos, superado únicamente por Brasil. El Gobierno nacional proyectó que para julio próximo habrá entre 400 y 600 mil casos de este virus, del cual todavía no se terminan de confirmar sus alcances reales en la población infectada.

Solo hasta que se asoció el zika con casos de microcefalia en recién nacidos y Guillain-Barré, el virus cobró relevancia entre la población. Estas dos condiciones han sido las razones por las cuales tanto las autoridades como la ciudadanía en general han encendido las alarmas y se han movilizado para combatir su avance. Las campañas que se ven en los medios de comunicación, impulsadas por el Gobierno, invitan a que los colombianos destruyamos los reservorios de agua porque en ellos se incuba el mosquito transmisor. ¿Esta medida es suficiente para combatir el virus que se erige como una de las principales amenazas en enfermedades tropicales? Los expertos tendrán la respuesta a este interrogante.

Aquí cabría una reflexión sobre la utilidad de las fumigaciones masivas en los barrios de las ciudades y los pueblos, las cuales para las autoridades no son la fórmula más efectiva para evitar la propagación del mosquito.

Si bien es cierto que a la ciudadanía en general le asiste una parte de la responsabilidad a la hora de luchar contra la propagación del virus, los gobiernos –tanto el ejecutivo nacional como los departamentales– tienen la responsabilidad genuina de prevenir y contrarrestar todas las amenazas que se ciernan sobre la población, sobre todo en materia de salud pública. Las autoridades no pueden dejar en manos de las familias colombianas la lucha contra el que podría ser uno de los virus con más efectos duraderos en quienes lo padezcan.

Solo en 2016 se han confirmado 2.667 casos de embarazadas con zika, de las cuales 370 están en Barranquilla. Para ellas las autoridades en salud han ofrecido todas las atenciones y monitoreo en su gestación. Hasta ahora, no se han presentado nacimientos de niños con microcefalia en Colombia.

Nunca está de más recordar que quienes padezcan los síntomas del zika deben evitar automedicarse. Y que la población médica de los puestos de salud y unidades de urgencias en hospitales y clínicas están en la obligación de darles toda la importancia a los afectados por el virus, en mayor medida, si se trata de embarazadas.

El Heraldo