Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Se supone que la política de Estado es una acción permanente sobre determinada materia que no se abandona hasta lograr su objetivo o resolverlo con un acuerdo que resulte conveniente para los intereses de la nación. Pero está visto que en Bolivia somos distintos. Y la prueba está en que tomamos y dejamos la política de Estado sobre el retorno al mar cuando nos place y la reponemos también cuando nos parece oportuno. Esto jamás nos conducirá a nada positivo.

En los últimos días –previos y posteriores al referéndum del 21 de febrero– hemos observado cómo, por cuestiones de interpretación, que solamente tienen que ver con la política interna, el equipo que trabaja arduamente sobre el reclamo nacional ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya se ha resquebrajado debido a las declaraciones y a la posición asumida por el vocero de la demanda marítima, el expresidente Carlos Mesa, que no fueron bien recibidas por el jefe del Estado.

Mesa se refirió favorablemente a sucesos anteriores a la gestión actual, que realizó la administración de Sánchez de Lozada, lo que disgustó al presidente, y, por tanto, a la cúpula gubernamental. Pero, además, opinó que le parecía saludable para la democracia boliviana la alternancia de los gobernantes en el poder, y que él respaldaría, en esa circunstancia, la negativa a que el presidente Morales se habilitara para una cuarta gestión consecutiva en 2019.
Eso fue suficiente para que el señor presidente, de manera personal, dejara de lado el tema marítimo y lanzara reproches contra Carlos Mesa por cuestiones de política interna que sintió que le afectaban. Hasta asuntos de carácter indigenista fueron echados en cara al expresidente, que ha respondido con mesura, consciente de que un debate de carácter netamente doméstico no sería conveniente para la posición boliviana en La Haya.

Por un asunto de responsabilidad, el vocero de la demanda marítima ha reiterado su posición de independencia política que había advertido cuando fue invitado por el presidente a ejercer esas importantes funciones. Sin embargo, esta desinteligencia ha dejado un mal sabor y la preocupación de que se haya fracturado un vínculo de confianza que es indispensable en este tipo de circunstancias. Pero lo que ha provocado mayor malestar y pesimismo entre los bolivianos ha sido constatar que la política de Estado, tan anunciada en el país, ha tenido, al parecer, un tinte netamente demagógico.

El Deber