Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Ya había advertido el Papa que no era Rey Mago ni que había que esperar que trajera nada en sus alforjas.

Era ingenuo pensar que Francisco resolvería los problemas del país, porque salir de ellos depende de los mexicanos, no de un visitante, por muy ilustre que sea.

Dicho eso, creo que el Pontífice sí ha dejado algo importante en México: el llamado de ir más allá de la mera enunciación de nuestras penurias, dejar atrás la flagelación permanente, la autoconmiseración y el victimismo.

Todos sabemos los problemas de este país sobrediagnosticado. Pero pocos recuerdan que todos somos en parte responsables de que éstos existan y, por tanto, tenemos en nuestras manos parte de la solución.

Algunos esperaban que el Papa viniera a repartir regaños. Yo no. Él había adelantado los propósitos de su viaje –esencialmente apostólico– en el video que grabó, dando respuesta a las inquietudes de varios mexicanos.

Venía, dijo, a aprender, no a dar lecciones.

¿De dónde, pues, esa expectativa de ver a un Papa con dedo flamígero señalar culpables?

No lo sé. Pero eso no hubiera servido de nada. Y lo sabemos muy bien, porque todos los días esos señalamientos vuelan por las redes sociales y no sirven de nada.

Eso no quiere decir que el Papa no haya dicho nada. Se refirió a los principales problemas del país, pero nunca sin señalar la salida, algo que a menudo no hacemos.

Ante los reclusos del Cereso 3 de esta ciudad fronteriza, Francisco dijo que no se dirigía a ellos “como quien da cátedra, con el dedo en alto, sino desde la experiencia de mis propios pecados”. Palabras de enorme sabiduría para un grupo de personas que cualquiera se sentiría tentado a regañar.

¿Que no fue “fuerte” lo dicho por el Papa? Discrepo absolutamente. ¿Meterse a Palacio Nacional a decirle al Presidente que no se resuelve todo con “adecuaciones a las leyes, siempre necesarias” es acaso una caricia?

Y así como esa cita, hubo muchas, muchas más durante el viaje que concluyó ayer por la tarde. Lo que pasa es que nadie acusa recibo de las pedradas que caen en su propio tejado. En este país las culpas siempre son de alguien más y de las soluciones muy pocos se hacen cargo.

¿Que no recibió a los familiares de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos? El problema de quienes reprochan eso es su expectativa fuera de lugar.

Quizá no sabían que cuando Francisco recibió en el Vaticano a la dirigente de las Abuelas de la Plaza de Mayo, ella acudió sin su clásica pañoleta, porque la condición fue que acudiera como persona, con su familia, no como activista.

¿Qué recojo de su visita? Los constantes llamados a que apostemos como sociedad a las personas y a la vida. A renunciar a la violencia como vía para resolver problemas. A no ver en el crimen una salida, porque es una puerta falsa.

Nadie le había dicho tan claro sus verdades a los delincuentes, en este México azotado por la violencia. Les dijo lo que son: “traficantes de muerte”. Nada más alejado de la visión que tienen muchos sobre ellos, que los consideran víctimas e incluso redentores.

También recojo su convocatoria a la inclusión, lo que implica dejar atrás décadas de paternalismo que cosifica a las personas y las vuelve instrumento de ambición de los políticos.

Quienes creen en el Estado omnipresente, ése que todo lo debe resolver, también deben admitir que eso tiene consecuencias nefastas: quitarle a la gente la capacidad de incidir en su realidad. Frente a eso, Francisco propuso que los viajantes “del mismo barco” –es decir, todos– se pongan a generar “sociedad y ciudadanía”.

No, yo nunca pensé que el Papa vendría a dar nalgadas a unos y la razón a otros.

Vino, como lo había adelantado él mismo, a generar “diálogo y encuentro”, porque él está convencido de que cuando la gente habla, los problemas comienzan a resolverse y “se construye futuro”. Vino a hacer un llamado a que quienes comparten responsabilidades comunes dejen “la mudez” y abran un “sendero constructivo”.

Excélsior

* Pascal Beltrán del Río. Director del portal de noticias Excélsior, México.