Por Aram Aharonian (FILA)

Para James Clapper, director nacional de Inteligencia estadounidense, Cuba se prepara para una “probable transición presidencial en 2018”, pero seguramente el traspaso generacional se efectivice este mismo año, aseguran altos funcionarios de la mayor de las Antillas, que siguen sufriendo el cincuentenario bloqueo, pese al deshielo de las relaciones bilaterales.

Clapper señaló ante el comité de Servicios Armados del Senado que “los líderes cubanos permanecerán centrados en preservar el control político (del país) mientras se preparan para una probable transición presidencial en 2018” y que “mantendrán a un ritmo lento las reformas económicas destinadas a reducir el control estatal en la economía y en la promoción de la actividad económica privada”.

El presidente cubano, Raúl Castro, comenzó en febrero de 2013 su segundo mandato de cinco años, que debiera concluir en 2018, pero lo más probable es que este mismo año deje el poder en manos del vicepresidente Miguel Díaz-Canel.

Ingeniero en electrónica, nacido en 1960, después del triunfo de la Revolución, es desde el 24 de febrero de 2013 Primer Vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros y Miembro del Buró Político del PCC. Es el primer dirigente cubano nacido después de 1959 en alcanzar dicho puesto.

Sustituyó en el cargo al legendario  José Ramón Machado Ventura, histórico dirigente, quien había cedido su puesto “en favor de la promoción de la nueva generación”. Nadie duda que es un hombre muy cercano a Raúl Castro, quien sostuvo que “La mayor satisfacción es la tranquilidad y serena confianza que sentimos al ir entregando a las nuevas generaciones la responsabilidad de continuar construyendo el socialismo”

Un seductor

Alto, de buena presencia, entrecano,  casi siempre vestido de guayabera y a veces de traje oscuro, Díaz-Canel hizo su recorrido hacia el poder sin prisas, pero sin pausas. Para sus colaboradores, Miguel “es un tipo mucho más flexible de lo que parece, de mente abierta y, sobre todo, inteligente”. Brillante, bromista, proyecta la imagen de dirigente serio y pocas sonrisas ante las cámaras

En la década de 1980, Díaz-Canel formaba parte de un grupo de jóvenes comunistas encabezados por el ex canciller Roberto Robaina, con quien compartía el pelo largo y su amor por los Beatles, relevado de su puesto en 2002 acusado de cometer “errores políticos y éticos”.

Otros dirigentes de generaciones posrevolucionarias como el exvicepresidente Carlos Lage, al ex canciller Felipe Pérez Roque y el ex ministro José Luis Sierra impulsados “en helicóptero” por Fidel Castro, fueron relevados de sus cargos, dejando sin recambio generacional a la revolución, según lo reconoció Raúl Castro. Díaz-Canel hizo una carrera paulatina: en 1987 comenzó su trabajo en el seno de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y por aquellos años viajó a Nicaragua al frente de una delegación de apoyo a la revolución sandinista.

En 1994, en pleno periodo especial (crisis económica tras la caída de la Unión Soviética), Díaz-Canel fue designado primer secretario del Partido Comunista en Villa Clara, su provincia natal. En 2003 fue designado al cargo de primer secretario de la provincia de Holguín, donde debió lidiar con la peor sequía de las últimas décadas y sus consecuencias, como la falta de agua en los hogares y un agro deprimido, y salió fortalecido gracias a su constancia y su sentido práctico.

Ese mismo año, con Fidel en la presidencial, Raúl Castro lo promovió para formar parte del Buró Político, el máximo órgano del Partido Comunista: “Se destaca por su tenacidad y sistematicidad en el trabajo, el espíritu autocrítico y su constante vinculación con el pueblo. Tiene un alto sentido del trabajo colectivo y de exigencia con los subordinados y predica con el ejemplo en el afán de superarse cotidianamente. Ha mostrado una sólida firmeza ideológica”, dijo entonces.

En mayo de 2009, ya bajo la gestión presidencial de Raúl Castro, es nombrado Ministro de Educación Superior y en marzo de 2012 asumió como vicepresidente del Consejo de Ministros, en reemplazo del nonagenario e histórico José Ramón “Gallego” Fernández. Desde entonces su figura se hizo cada vez más visible y su nombre comenzó a sonar entre los candidatos del tan anunciado como complejo relevo generacional.