Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.
La crisis económica pone al descubierto las fragilidades que tiene la política laboral en el país. En época de ‘vacas gordas’ y con las arcas llenas de ‘petrodólares’ resultaba pragmático luchar por los derechos de los trabajadores. Por ello, desde la tarima, era alentador que uno de los propósitos era que el ingreso promedio de una familia le permitiera cubrir el costo de la canasta básica.

 

Y, precisamente, para conseguir esa meta, las alzas salariales, del 2008 al 2014, fueron una de las principales preocupaciones de la autoridad en el ámbito laboral. No hubo atención en temas como productividad y competitividad.

Durante esos años y con buenos ingresos petroleros, el Estado se constituyó como el gran actor económico y dejó de lado a la iniciativa privada, en donde las elevadas cargas impositivas, el permanente desgaste con un discurso oficial antiempresarial o los proyectos de herencia y plusvalía terminaron por despechar a más de un emprendedor. Aunque también hubo quienes comulgaron y posaron para la foto, con el discurso del cambio de la Matriz Productiva y la sustitución de importaciones.

A partir del 2015, cuando llega la época de ‘vacas flacas’, el Gobierno dio paso a la ley de Justicia Laboral, para asegurar la estabilidad del trabajador. Se trata de una normativa más rígida que eliminó el contrato a plazo fijo; pero, en menos de un año de vigencia de la norma (aprobada en abril del 2015), ya se piensa en otras reformas que buscan dar más flexibilidad y preservar el empleo.

De los temas que se han divulgado, con este proyecto se busca atenuar el costo de la mano de obra en los balances de las empresas, para evitar la pérdida de más empleo, o crear un seguro de desempleo, cuyas fuentes de financiamiento se discuten.

Los trabajadores dicen que esta iniciativa es una nueva forma de precarización, mientras que los empresarios lo ven como una salida temporal a la crisis económica. Estas son las consecuencias de una política laboral errática, después de nueve años de ‘luchar’ por los trabajadores.

El Comercio