Con una manifestación en Plaza de Mayo, unas 50 mil personas reclamaron contra las cesantías, el techo a las paritarias y el protocolo para regular la protesta social. ATE cumplió un paro nacional. También hubo marchas en las provincias.

[email protected] de pie: la mejor postura política”, indicaba el cartel metros antes de llegar a la Plaza de Mayo. Eran las doce del mediodía y una multitudinaria concentración, que fue estimada después en 50 mil personas, ocupaba ya cinco cuadras de la avenida y parte de sus dos diagonales. La marcha convocada por la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) contra los despidos masivos copó durante cuatro horas el centro porteño, como cierre de una jornada de protesta nacional que tuvo demostraciones del mismo tipo a lo largo del país. Fue el primer paro nacional de los gremios estatales contra las políticas de ajuste del Gobierno y consiguió reunir tras de sí a un amplísimo conjunto de organizaciones sindicales, políticas y sociales. Las dos CTA, sindicatos no encuadrados en las centrales obreras, los docentes, movimientos territoriales, las agrupaciones kirchneristas y las de izquierda confluyeron en la manifestación.

“En menos de tres meses, hubo más de 21 mil trabajadores del Estado despedidos”, resumió el titular de ATE, Hugo Godoy, sobre el motivo que disparó la convocatoria. “Logramos reincorporar 5 mil, pero lamentablemente el ministro (de Modernización, Andrés) Ibarra anunció que se va a continuar despidiendo.” En este sentido, Daniel Catalano, titular de ATE Capital, agregó que el macrismo amenaza con “25 mil despidos más”, y advirtió que eso será “como apagar un incendio con nafta”.

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La jornada repudió además el paquete de medidas que son parte del ajuste, como la intención del equipo económico de ponerle un techo del 25 por ciento a las paritarias, y el Protocolo de Seguridad que instruyó a las fuerzas policiales a desalojar las protestas sin orden judicial.

La masividad de la protesta volvió impracticable la aplicación del Protocolo de Patricia Bullrich, ministra de Seguridad. De hecho, en el centro el tránsito estuvo cortado durante más de cuatro horas.

La militancia glosó la situación con cantitos. “Qué boludos/ qué boludos/ ahora al protocolo/ se lo meten en el culo”, fue uno de los más coreados de la tarde. También llevó numerosos carteles sobre el tema. “Protestar es un derecho, reprimir es un delito”, se leía en uno.

La policía, así, debió limitarse a estacionar sus motos en los bordes de la concentración, sin ostentar armas y manteniendo un perfil bajo.

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El capítulo de los despidos masivos en el Estado fue inaugurado por la administración PRO el 24 de diciembre, cuando el presidente Mauricio Macri firmó un decreto ordenando a sus ministros y secretarios la “revisión” de todos los estatales que habían sido contratados o que concursaron en los últimos tres años. Con el argumento de que son ñoquis, de que son militantes de La Cámpora, de que no hay fondos o de la modernización, se vacían programas y desguazan áreas. Las cesantías afectaron a programas destinados a la promoción social –como las cooperativas de trabajo–, a la cultura, el desarrollo tecnológico –como el Arsat–, el impulso a los juicios de lesa humanidad y hasta la Unidad de Investigaciones Financieras –creada para seguir el rastro de delitos como el lavado de dinero–. Todo pasa por la trituradora.

“Somos un equipo listo para salir a trabajar, pero hace dos meses que nos tienen frenados”, contó Verónica, del Programa Organización Comunitaria en Salud. El programa tiene 40 camiones equipados con consultorios médicos, odontológos, psicólogos, aparatos de diagnóstico por imágenes y vacunas. Hasta diciembre recorrieron el país haciendo prevención de la salud. En los dos meses que llevan sin trabajar, 12 mil pacientes quedaron sin atención.

“Ahora somos doscientas personas metidas en una oficina con capacidad para treinta, sentados en el piso, cumpliendo ocho horas de no hacer nada. Es un desastre porque se están venciendo las vacunas, y muy angustiante para nosotros.” De sus trabajadores, una parte son contratados como planta provisoria y otra mediante convenios con universidades. A la mayor parte, estos contratos se les vencen el 29 de febrero. “El Ministerio de Salud dice que el programa va a seguir, pero la impresión es que están esperando al 1 de marzo para terminar de desarmarlo.”

Los integrantes del programa están siendo representandos por ATE en las negociaciones por su continuidad; además, se autorganizaron para salir a la calle y explicar su situación. “¿Y si esta semana te toca a vos?”, escribieron en los carteles que usan para la difusión, y que ayer llevaron a la plaza.

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La lista de los reunidos es extensa. Aquí, los nombres de algunos: detrás de la columna de ATE marcharon los docentes de Suteba y Ctera, así como los profesores universitarios, que además hicieron paro. También la Federación Judicial, los profesionales de la Salud de la Cicop, Aeronavegantes, el Sutna, el Sipreba (Sindicato de los Trabajadores de prensa) y los trabajadores del subte. Se movilizaron Kolina, La Cámpora, Nuevo Encuentro, el Movimiento Evita, el comedor Los Pibes, de La Boca, Octubres, Miles, la Tupac Amaru (Milagro Sala mandó una carta desde la cárcel), el MTL, la Corriente Clasista y Combativa, Barrios de Pie. El Frente de Izquierda entró por una de las diagonales, como el MST y el Frente Darío Santillán. También marchó el colectivo LGBT y militantes de organismos de derechos humanos, entre ellos las Madres de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini y Nora Cortiñas.

Así, en la movilización coincidió un muy amplio arco de organizaciones sindicales, sociales y políticas. Mirar la marcha remitía a la resistencia de los 90, aunque con manifestantes más enteros, no ya una mayoría de desocupados, como a finales del gobierno de Fernando de la Rúa.

Además de los docentes, que ya habían anunciado su adhesión a la protesta, fueron a la marcha gremios del sector privado. El Sindicato de Obreros Curtidores llevó una carroza con el tema de los holdouts: sobre el trailer de un camión, unos tipos enfundados en ajustadas mallas negras y grandes alas colgantes –sin dudas, los buitres–, se la agarraban con estatales, maestros y médicos. Mientras el camión se abría paso entre la marcha, los castigados extendían los brazos y daban alaridos pidiendo auxilio a los manifestantes, que se sacaron las ganas silbando y abucheando a los buitres.

Estuvieron en la plaza los aceiteros, gremio que el año pasado logró uno de los acuerdos paritarios más altos del país, que llevó su salario básico por encima de los 14 mil pesos. ¿Tienen despedidos?, preguntó Página/12 a su titular, Daniel Yofra, que esperaba junto a la Pirámide de Mayo la entrada de las columnas. El dirigente contestó que no. “Vinimos en solidaridad con ATE. Muchos compañeros se desmarcaron de sus centrales obreras para venir, y mucha otra gente se va a ir sumando cuando les empiecen a llegar las facturas, el sueldo no les alcance por la suba de precios y se den cuenta que todas las medidas de este gobierno perjudican a los trabajadores. Si la misma marcha se hace en marzo, la gente se duplica o triplica.”

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[email protected] de pie, la mejor postura política” fue una de las consignas que repartieron, en volantes hechos al paso, los integrantes de Esfera Común, colectivo de arte callejero. En la esquina del Cabildo fue armado un puesto de serigrafías. “No quiero que nadie se quede sin trabajo”, decía otro de los estampados ofrecidos desde el caballete instalado en la vereda. Las paredes del Cabildo fueron empapeladas con la tapa de la revista ParaTe –una parodia de Para Ti–, ilustrada con fotos de despedidos y la advertencia de que “menos no es más”. El colectivo viene realizando acciones contra el ajuste y la criminalización de la protesta social (sus trabajos, que mezclan una mirada crítica, arte y humor, pueden encontrarse en esferacomun.com.ar).

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Los trabajadores de Cultura armaron una larga bandera negra sobre la que abrocharon 500 platos; representaron así las mesas familiares de los despedidos del área. Los del Ministerio de Trabajo advirtieron que a los 100 despidos ya efectivizados se suma la amenaza de otras 300 cesantías de contratados a través de convenios con universidades. Los del Ministerio de Desarrollo Social alertaron sobre la falta de garantías para la continuidad de programas como el Primeros Años –para la infancia– y el Fines, de terminalidad de la escuela secundaria. “Trabajamos en el territorio, abriendo lugares de estudio, convocando a los vecinos para que vuelvan a estudiar y ocupándonos de los problemas que aparecen a lo largo del año. Nos dicen que sigamos anotando gente, pero no tenemos seguridades sobre si realmente el programa va a ser sostenido”, explicó Stella Maris, una de sus talleristas.

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Desde el escenario, los dirigentes coincidieron en que el equipo económico busca “cumplir el sueño de todos los ajustadores neoliberales de la dictadura para acá” y llamaron a construir la unidad para enfrentar las políticas de ajuste. “Tenemos que ser capaces de tender puentes con toda la clase trabajadora para construir la fuerza que nos permita derrotar al neoliberalismo”, definió por ejemplo Roberto Baradel, de los docentes del Suteba.

Otros de sus pares aludieron a las difíciles negociaciones internas que precedieron a la movilización y permitieron su masividad. “Estamos acá porque tenemos experiencia y memoria”, dijo en este sentido Oscar de Isasi, de ATE provincia, al cerrar la lista de oradores. “En los ‘90 aprendimos, pero ellos también aprendieron. Quieren dividirnos de tal manera que cada cual vaya por su lado. El poder que podemos oponerles es el de la unidad, y esa unidad debe serlo en su máxima extensión.”

Pagina 12

ATE marchó contra Macri y puso a prueba el protocolo

Según el Gobierno se trató de un éxito y para los manifestantes no fue más que un fracaso. Tras la polémica que desató el nuevo protocolo antipiquetes impulsado por el Ministerio de Seguridad, la anunciada marcha en contra de los despidos en la administración pública encabezada por la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) junto a organizaciones sociales y partidarias se desarrolló ayer sin conflictos, aunque gran parte del microcentro porteño volvió a ser intransitable.

Durante las cuatro horas que duró la movilización bajo un sol inclemente, el cuestionado protocolo fue eje de bromas y cánticos que no ahorraban insultos contra el gobierno de Mauricio Macri. “¡Qué boludos, al protocolo se lo meten en el culo!”, se mofaban dos jóvenes en cueros que saltaban sobre el paragolpe de uno de los vehículos que acompañó la eterna columna de manifestantes.

Hacia las 11 se interrumpió la circulación sobre la intersección entre la avenida 9 de Julio y la Avenida de Mayo por la gran cantidad de organizaciones que llegaban para apoyar los reclamos de los estatales. El Movimiento Evita, Barrios de Pie, Kolina, Miles, el MST y el Partido Obrero, entre muchos otros, tiñeron las calles de varios colores, aunque predominó el verde de ATE. “Hace mucho que no había esta unidad de sectores. Hace años que no nos encontrábamos en la calle”, dijo a LA NACION Vilma Ripoll, referente del MST, mientras sostenía un cartel con el rostro del Presidente con un bigote angosto, como el de Adolf Hitler.

“Esto es la antesala del paro que se viene en marzo. Está casi confirmado”, afirmó a este diario Pablo Micheli, líder de la CTA, tras cuestionar que Macri “no tomó ni una resolución a favor del pueblo”. Una perla: en la manifestación también participó el líder de la otra CTA, Hugo Yasky, que tras un largo período de distanciamiento con Micheli comenzó a mostrar pequeños acercamientos.

La primera gran movilización contra el nuevo gobierno se llevó a cabo con las mismas consignas: rechazar los despidos de empleados del Estado -que según ATE ya superan los 21.000- y exigir su reincorporación, repudiar el protocolo de seguridad que puso en vigencia la ministra Patricia Bullrich -que ayer estaba en Washington- y reclamar el fin del ajuste.

Sin embargo, todos estaban expectantes por cuál iba a ser la rea-cción de las fuerzas de seguridad ante las calles cortadas. En rigor, la presencia policial fue prácticamente nula, salvo unos cuantos efectivos de civil que acompañaron a los manifestantes en su recorrido. No había móviles -sólo los instalados a tres cuadras a la redonda- y mucho menos agentes de Infantería. “¿Qué protocolo van a aplicar si hay tanta gente?”, se preguntó Ripoll, que no pudo evitar una sonrisa socarrona.

Sí hubo presencia policial, en cambio, en un corte espontáneo de grupos de izquierda que tuvo lugar temprano en la mañana en el cruce de Corrientes y Callao. Allí, los efectivos acordaron con los manifestantes que dejaran carriles libres para circular. Poco después se retiraron.

Por otra parte, mientras varias calles estaban bloqueadas en el microcentro, en las redes sociales llovieron las quejas de los usuarios por la inacción del Gobierno. “El protocolo se entendió mal conceptualmente”, respondió a LA NACION el secretario de Seguridad Interior, Gerardo Milman. “Dicen que no rigió pero sí se aplicó: la movilización fue comunicada a la sociedad con anticipación, se delimitaron los horarios y el recorrido de la marcha y se enviaron efectivos a los accesos a la ciudad para que no fueran bloqueados. Se generó una mirada de que el protocolo era represivo, pero en realidad trata de armonizar la convivencia. Estamos satisfechos”, agregó.

Desde el comienzo de la movilización y por las dos horas siguientes, la marcha avanzó sólo sobre la Avenida de Mayo. Atrás había quedado una 9 de Julio liberada -a pesar de las decenas de micros escolares estacionados- y por el otro los esperaba una Plaza de Mayo semivacía donde sólo había pequeños carros de venta de choripán y hamburguesas.

Recién cerca de las 13 los manifestantes se instalaron frente al escenario armado de espaldas a la Casa Rosada.

Durante el breve acto habló el secretario general de ATE nacional, Hugo “Cachorro” Godoy, que no mencionó el protocolo, pero sí fustigó las políticas del Gobierno. “La «modernización» del Estado no son despidos ni salarios de hambre ni precariedad laboral. Hoy tener trabajo en el Estado no es garantía de alejarse de la pobreza ni de tener estabilidad laboral”, gritó mientras trataba que su voz no fuera superada por las bombas de estruendo.

Una hora más tarde, tras la lectura de una carta que envió Milagro Sala -la líder de la Tupac Amaru detenida en Jujuy- en la que acusó al Gobierno de estar comandado por “gerentes transnacionales”, la movilización se desconcentró.

Poco después, mientras el presidente francés, François Hollande, entraba a la Casa Rosada, en la plaza sólo quedaban restos de pólvora, botellas, cartones de vino y, colgadas de los faroles, banderas de Francia.

La Nación


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