Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El referéndum del domingo es, sin duda alguna, el evento electoral más complicado para el oficialismo, que en ningún momento desde 2005 vio tambalear las aspiraciones del presidente Morales cuando era él quien se presentaba a la contienda, ya sea en elecciones o en el referéndum revocatorio de 2008. La situación exige serenidad en todos los frentes.

Al momento, el Tribunal Electoral continúa registrando las últimas actas de votación y, aunque las tendencias parecen claras, la victoria todavía no está asegurada para ninguno de los dos frentes, pues la evolución de los datos hace prever un resultado muy estrecho, en el que la ventaja puede estar medida en apenas unos pocos miles de votos. El festejo de algunos líderes de oposición que en la noche del domingo se atribuyeron la victoria puede ser prematuro, pues las encuestas de conteo rápido dieron una victoria al No con una ventaja que es prácticamente igual al margen de error de dichas encuestas. Dicho esto, es también oportuno recordar que incluso una victoria para el oficialismo será tan estrecha, que el resultado neto habrá sido una pérdida de caudal electoral en relación a los comicios de 2014.

Independientemente de cuál sea el resultado oficial, los datos de los conteos rápidos motivan algunas reflexiones que dan cuenta de una realidad cambiante en la cultura política boliviana. La primera reflexión va en sentido de que el oficialismo ya no puede contar con los territorios del occidente como un bastión electoral inexpugnable. En anteriores eventos electorales, el apoyo al Mandatario en los tres departamentos del occidente era incuestionable. Esa certeza desapareció el 21 de febrero.

Una segunda reflexión va en sentido de que incluso si la opción oficialista pierde, tiene un caudal electoral casi igual al de todos los partidos y agrupaciones de la oposición juntos. Vale decir que en el abanico de agrupaciones opositoras que se consideran como de izquierda, unidas coyunturalmente con las que sinceramente se asumen como de derecha, no existe una sola agrupación que individualmente le pueda hacer frente al oficialismo.

Una última reflexión tiene que ver con los cambios demográficos: Bolivia es cada vez más urbano, y esa tendencia no hará más que profundizarse en el futuro. Los círculos oficialistas están contando con que sea el voto rural de las zonas a las que las encuestadoras no llegan el que les dé ese pequeño margen que requieren para una victoria del Sí. Pero aun si esa esperanza se materializa, seguramente ésta será la última vez que el voto rural tenga un papel determinante en una elección.

Cabe, por lo tanto, mantener la serenidad en la espera de los resultados finales, que serán anunciados en muy poco tiempo más por el Tribunal Supremo Electoral; no adelantar conclusiones y, sobre todo, acatar la palabra del soberano.

La Razón