por Aram Aharonian

La oposición derechista venezolana se ha autoimpuesto un tope de seis meses, contados desde diciembre último, para sacar de la presidencia a Nicolás Maduro. Obviamente, no ha decidido aún cómo hacerlo ni ha presentado proyecto ni plan alguno de concretarse esa eventualidad. Por ahora, llamó a la ciudadanía a “calentar las calles”, mientras desde el gobierno, al país no se le ofrecen soluciones y entre la población gana terreno el pesimismo.

Ya han pasado varias semanas desde que se nombró el nuevo gabinete económico y se designó el Consejo de Economía Productiva, pero hasta el momento no se han tomado medidas en el área macroeconómica.  Maduro sigue anunciando que va a anunciar…

La oposición ha conseguido mantener un clima de zozobra y angustia en el país con sus planteamientos en la Asamblea Nacional, agotándose con ataques e iniciativas desconectadas de los problemas concretos de los ciudadanos: desabastecimiento de alimentos y medicinas, carestia, inflación, inseguridad.

Mientras, el exvicepresidente José Vicente Rangel indica que la CIA ha puesto en marcha la “operación desertor” contra Venezuela. El plan consiste en abrir brechas dentro de la Fuerza Armada: ha logrado la deserción de algunos oficiales, que se han prestado como instrumentos para la guerra mediática.

El Titanic

Luis Britto García, quizá el intelectual venezolano más destacado, escribió esta semana un brillante texto metafórico (Titanic) que interpreta el sentimiento de angustia que sufren sus connacionales. La nave –supuestamente insumergible- se encuentra frente a un iceberg y ante la posibilidad de irse a pique. Se habla, se crea comisiones, se dan órdenes, pero el peligro sigue allí, sobre todo porque parece no haberse entendido a plenitud la necesidad de cambiar radicalmente el rumbo que traía y que podría culminar en el hundimiento del barco. 

Según Marea Socialista, también en círculos oficiales consideran factible la cesación del actual gobierno. En los últimos 15 días la matriz de opinión es que la única forma de resolver la crisis es saliendo de Maduro, ya que no actúa. “La presión pudo ocupar el centro del escenario político porque el debate no solo lo presenta la MUD, sino que es un secreto a voces que desde las propias cúpulas del chavismo evalúan esa posibilidad”, señala el informe del grupo bolivariano pero no oficialista.

El abogado, escritor e historiador chavista Gustavo Pereira, señaló que  “A veces me da la impresión de que existe un gabinete económico que a lo mejor practica la doctrina del Tao, el taoísmo, que es la inacción”, para dejar en claro que lo que vive el país es “un desabastecimiento atroz, una inflación desbordada, incontrolable y esto es desde el año pasado”

Luis Vicente León, guionista de la oposición y director de la consultora Datanálisis, sabe que la posibilidad de un escenario de confrontación isntitucional, de calle e incluso armada, o una combinación de todas ellas, es alta. Señala que no existe escenario estable que arranque desde un cambio radical “pues el paso siguiente es un chavismo en la otra acera”. Si se analiza la fuerza de la oposición para canalizar un evento de ese tipo, habría que concluir que la probabilidad es baja y nada garantiza que, ocurriendo, sea la oposición quien lo capitalice, añade .

En lugar de utilizar la Asamblea para hacer propuestas, la derecha se ha concentrado en la lucha por más poderes y en la diatriba interna sobre el método para sacar a Maduro. Como señala el politólogo Leopoldo Puchi, cansados, sus seguidores pueden terminar diciendo “¡Que se vayan todos!”. Algunos dirigentes de micrófono fácil  han llegado a sugerir que se pudiera obligar bajo amenaza a una renuncia presidencial, lo que sería muy delicado porque se retomaría el típico expediente del golpe de Estado palaciego, y un previsible caos, costoso para el país.

Las opciones opositoras

Como ha sido habitual en los últimos 17 años, la oposición no logra ponerse de acuerdo salvo en la necesidad de salir del presidente. El ex candidato presidencial Henrique Capriles propone impulsar paralelamente la enmienda constitucional y el referendo revocatorio; Voluntad Popular privilegia la Asamblea Constituyente, y Jesús Torrealba, secretario ejecutivo de la autollamada Mesa de Unidad Democrática (MUD), considera que la renuncia es el camino menos traumático: que Maduro finalice su mandato este año y se convoque a nuevas elecciones.

Capriles especula que la enmienda –que cortaría el mandato hoy de seis años a tres o cuatro- será obstaculizada por el Tribunal Supremo de Justicia, pero el referendo está contemplado en la Constitución y, al activarse con la recolección de firmas, el gobierno se tendrá que someter a la consulta, donde la oposición debe superar el número de votos que Maduro obtuvo en la elección presidencial.

“E n agosto del año pasado la MUD emitió un documento en el cual se aclaró que las vías para el cambio político son la enmienda o la reforma constitucional, el referendo y la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), pero hoy la Unidad se inclina por la enmienda o la reforma. Estas vías ofrecen ventajas porque son participativas (deben ir a referendo aprobatorio); provee de estabilidad política al país y permite que sean consensuadas o concertadas”, dijo.

Hagamos un poco de historia: pasaron dos años y aquella oposición sin proyecto ni líderes, fracturada y derrotada en múltiples elecciones, obtiene una importante victoria en las legislativas de diciembre de 2015. Y, desde la Asamblea Nacional desarrolla su estrategia para “resguardar la autonomía” del Poder Legislativo y, en un plazo de seis meses, rescatar el resto de los poderes.

Los asesores internacionales de la MUD señalan que la Asamblea Constituyente no es el método más adecuado por ser demasiado engorroso. El revocatorio dificulta la transición, no la facilita, ya que sus condiciones presentan ventajas ostensibles para el funcionario en ejercicio: si la oposición saca seis millones de votos y Maduro saca cinco millones, el presidente no es revocado porque se deben obtener más votos que los logrados por el funcionario en su elección original.

Colofón

Mientras, crece la figura del vicepresidente Aristóbulo Istúriz, viejo dirigente sindical y político, exalcalde de Caracas (antes de Chávez), de fácil diálogo con todos, en especial con el presidente de la Asamblea Nacional, el socialdemócrata Henry Ramos Allup. Algunos creen, desde el chavismo y desde la oposición, que pese a no contar con sólidos apoyos ni la cúpula del partido Socialista Unificado de Venezuela ni en la Fuerzas Armadas, sería una persona que bien podría manejar la coyuntura.

Lo cierto es que hay que tomarse esta situación de creciente pesimismo muy en serio, diría Britto García, para poder salvar el Titanic.  


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