Noche de fantasía, con los premios de la Academia. En Hollywood, siempre tan conservadora pero en especial sensible ante cualquier crítica al capitalismo, este 28 de febrero de 2016 ocurrió algo inconcebible hace pocos años. Los guionistas cinematográficos Charles Randolph y Adam McKay ganaron el Oscar al mejor guion adaptado por la película La gran apuesta (título original: The Big Short). Esta cinta describe con humor negro la crisis financiera de 2008, con un libreto adaptado del libro de Michael Lewis The Big Short: Inside the Doomsday Machine (La gran apuesta: dentro de la máquina del fin del mundo).

Pero lo más fuerte vino después de anunciarse el ganador. En el discurso de aceptación, Adam McKay (quien también dirigió el filme) se refirió a la actual campaña electoral de Estados Unidos, advirtiendo a la audiencia que si no querían que los banqueros “les robaran su plata”, no debían votar por candidatos auspiciados por los grandes bancos ni por las petroleras. Solo le faltó decir a McKay que votaran por Bernie Sanders, el único candidato presidencial que no tiene auspicios millonarios.
La gran apuesta es considerada por muchos como la mejor explicación en cinta de la crisis financiera global. De hecho, asombra pero es cercano a la realidad un dato espeluznante del libro de Lewis: quienes pronosticaron la crisis y se aprovecharon de ella obtuvieron ganancias de alrededor del 489%, al manipular la predicción. Es un retrato fidedigno de los banqueros que se apropiaron del dinero de los depositantes.

Aparte del llamado del director de la cinta, de no votar por los banqueros, debería haber una reflexión adicional sobre la necesidad de proteger el empleo y el medio ambiente, mediante inversiones bajas en carbono y evitando el consumismo desmedido, si es que queremos superar la crisis global o al menos mitigarla.

Con el invento internacional del cine, hace más de un siglo, surgió la industria cinematográfica en Nueva York. Pero para comprar terrenos baratos para los estudios y para tener liberación de impuestos se trasladaron a Hollywood, en California. Desde entonces esta ciudad (hoy barrio de Los Ángeles) ha sido el símbolo de un cine comprometido con el gran capital. Cuando se escuchan discursos, en la entrega del Oscar, alertando al mundo sobre el acelerado cambio climático, sabemos que esta realidad científica se ha posicionado hasta en Estados Unidos (exceptuando a tipos como Trump y al fundamentalismo religioso).

Por último, expreso tres deseos de una persona a la que le gusta el cine consciente. 1) Quisiera que La gran apuesta se vea en todo el Ecuador y que se hagan cine foros tras su exhibición. 2) Sueño que algún cineasta ecuatoriano haga un cortometraje sobre el feriado bancario de 1999, un episodio macabro, pero olvidado por unos y desconocido por los más jóvenes. 3) Que nuestra juventud defienda más su herencia ambiental.

*Fander Falconí Benítez, es un economista, académico y político ecuatoriano.