Hubo buena sintonía, hablaron de Malvinas, de la lucha contra el narcotráfico y de mejorar los pasos fronterizos. La canciller Susana Malcorra se reunió ayer en La Paz con el presidente Evo Morales y hasta fue condecorada con el Cóndor de los Andes en el Grado de Gran Cruz. Pero el plato fuerte de las relaciones bilaterales quedó para más adelante: no hubo acuerdo para definir el nuevo esquema de negociación en la venta de gas natural que Bolivia realiza a la Argentina.

“Hemos conversado sobre muchos temas específicos y el cierre de futuros acuerdos estará a cargo de los respectivos ministros”, dijo Malcorra tras su reunión con Morales. Así, la canciller y el presidente de Bolivia coordinaron la agenda para que el acuerdo de gas quede atado a una reunión que la semana que viene mantendrá el ministro de Energía, Juan José Aranguren, y su par de Hidrocarburos de Bolivia, Luis Sánchez.

Ayer no hubo ni una definición del acuerdo más relevante de las relaciones bilaterales. Se trata de la venta de gas natural de Bolivia, que es de 16 millones de metros cúbicos diarios y que representa la mitad de las exportaciones bolivianas a la Argentina. No es un tema menor ya que ese acuerdo estuvo a punto de naufragar en diciembre pasado.

Se sabe que el gobierno de Mauricio Macri está evaluando la posibilidad de comprar gas a otros países y reducir el ingreso de ese producto de Bolivia. También se sabe que la administración de Morales instó en diciembre a la Argentina a pagar una deuda de 300 millones de dólares por el contrato de venta de gas bajo la amenaza de cortar el suministro. La deuda se pagó y se retomaron las negociaciones. Pero el tema de fondo, que es la posibilidad de fijar un nuevo contrato, modificar volúmenes y establecer nuevos precios, no se acordó aún.

Ayer la canciller Malcorra envió una señal de distensión a Bolivia y dejó en manos de los ministros la letra chica de un acuerdo. “Ahora hay una base política un poco más sólida que cuando empezamos a gobernar”, dijo a LA NACION una fuente de la Casa Rosada. Se entienden los recelos. Morales y Macri provienen de vertientes políticas opuestas.

La Nación