Pedro Del Carpio Montaño, así se llama un racista que sin ningún empacho, escribió en su página de Facebook que: “lo que pasó en El Alto debería pasar a todo el collado… así se matarían entre ellos…indios salvajes”. No se tiene datos de quién es este personaje, pero seguramente es conocido en Santa Cruz y tiene una familia, hijos que deben escuchar todos los días ese veneno racista que, seguramente no le permite vivir en paz y los que votaron por el NO le dieron la razón y le afirmaron en su visión racista.

Un colegio recién estrenado en Cochabamba también fue víctima de una pintada: “No más indios” decía la pared. Estas dos muestras de un pensamiento racista son la muestra palpable de la existencia de una mentalidad colonial, el racismo es eso, es producto de una mente enajenada que se asume superior y sobre esa mentira desarrolla toda su existencia.

Vivir en Bolivia no debe ser agradable para los que tienen mentalidad racista peor cuando el presidente es un indígena y en todas las instituciones se han hecho visibles los rostros ignorados, durante siglos de aymaras, quechuas, guaraníes, moxeños, etc. Los racistas criollos no pueden asimilar que el contexto social de Bolivia ha cambiado, que existen procesos irreversibles.

No estamos obligados a tener una lectura especializada en el tema colonial, pero el haber recibido una instrucción básica escolar nos da los elementos básicos para entender las tragedias mundiales ocasionadas por el racismo.

Los aprendices locales de Rudyar Kypling, Adolf Hitler, Mussolini o Alcides Arguedas, lamentablemente no han evolucionado, viven en un tiempo que se ha detenido, entonces viven atrapados en su propia jaula, son prisioneros voluntarios de su odio visceral que ha anulado la capacidad de tener un mínimo de razonamiento lógico.

Una primera impresión, cuando lee o escucha a los racistas es desagrado, que inclusive puede producir reacción, pero cuando analizamos con calma las motivaciones que tiene para ser racista, tenemos pena de estas almas que viven en una eterna amargura, pues a cada momento están obligados a convivir con los diferentes.

Este no es un fenómeno solamente de nuestro país, es un fenómeno que se ha dado a través de la historia humana y las sociedades que han sabido superar este complejo son las que han encontrado las mejores soluciones para sus países.

El viejo sueño feudal de tener un dominio total sobre un determinado territorio y población, es solamente eso, un sueño, la historia con un largo rio de sangre ha sepultado esa etapa negra de la humanidad, los que hoy quieren instalar estas ideas, saben bien que solo son un puñado que opera desde el anonimato, se introducen en organizaciones para promover la violencia, único recurso que tiene el racismo.

Nuestra frágil memoria y la “bronca” como dice otro diputado racista en Sucre, permiten que estos personajes tengan acceso a las instituciones estales, que sobre todo deben velar por la paz en la sociedad. Estos racistas utilizan al Estado para provocar y poner en práctica su pensamiento, que no es otra cosa que los enfrentamientos violentos que según ellos permitirá el exterminio de “la raza maldita”.

Diez años no fueron bastante para comprender las raíces interculturales de la formación social boliviana; diez años no son suficientes para un cambio cultural que permite una convivencia con la diferencia; diez años no han sido suficientes para cerrar una herida abierta en el corazón de estas tierras que paradójicamente comenzó en Potosí, primer territorio de una disputa entre colonia y patria en el año de 1617.

Diez años no son suficientes para terminar con más de 500 años de pensamiento colonial-racista.

*Escritor e historiador potosino