Nodal y la recuperación del Informe MacBride – Por José Steinsleger

En un mundo donde el derecho a la información parece doblegarse frente a los grandes medios hegemónicos de difusión (llamarlos de “comunicación” sería excesivo), el portal Noticias de América Latina y el Caribe (Nodal) es cosa de agradecer y ponderar (http://www.nodal.am).

Nodal retoma, entonces, el espíritu, los principios y las propuestas de acción del famoso Informe MacBride (1980), prolija y exhaustiva investigación sobre el estado mundial de la información y la comunicación que, a petición de la Unesco, elaboró una comisión de especialistas presidida por el político y premio Nobel de la Paz Sean MacBride (1904-88).

Haciéndose eco del proceso de independencia política y descolonización en los años de posguerra (1945-50), el Informe MacBride partió del artículo 19 de la Unesco: “…todos tienen el derecho de libertad de opinión y de expresión”. Principio que en los decenios siguientes incorporó el de soberanía económica, y el reclamo de una mayor participación de los pueblos del entonces llamado “tercer mundo”, en el terreno de la cultura y las comunicaciones.

El Informe MacBride dejó sentado que si bien la “libertad de expresión” representaba un saludable punto de partida, mal podía ser ejercida sin responsabilidad, o sometida al arbitrio de intereses privados. Y previendo ya la gran revolución que traería el avance de la informática, el MacBride propuso articular la “libertad de expresión”, con lo que aún sigue siendo una asignatura pendiente: la democratización de la comunicación.

Sin embargo, las recomendaciones del MacBride chocaron frontalmente con la previsible oposición de los medios concentrados (Declaración de Talloires, 1981). Bastaría con recordar un editorial del diario argentino La Nación:

“Bienvenida la información de sur a norte. ¿Pero qué información? ¿Qué centro de noticias pueden ser países que están en plena evolución hacia formas de estructuras civilizadoras que determinarán, con el correr de los siglos, si son capaces de crear instituciones que prevalezcan a través del tiempo… con algo que se parezca a lo que nos ofrecen los países del norte del ecuador? Al hacernos esta pregunta estamos pensando en la América Latina…” (La Nación, Buenos Aires, 11/5/81).

Tres años después, el gobierno de Ronald Reagan aprobaba la resolución 130 del Consejo Nacional de Seguridad, con el propósito de “…revisar todos los programas internacionales de comunicación, como parte integrante de la política y estrategia de seguridad nacional…”

Luego, Estados Unidos se retiró de la Unesco, y todos los seminarios y proyectos del “nuevo orden mundial de la información y la comunicación” fueron desacreditados so pretexto de contener “…el potencial para desarrollos hostiles a una prensa libre”. Y desde la caída de las Torres Gemelas, nada ha variado. Por el contrario, el avance totalitario del poder financiero en los medios se ha recrudecido.

Nodal fue presentado en agosto de 2013 por un equipo multidisciplinario de periodistas latinoamericanos. Sostenido con el apoyo de la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y convenios con universidades públicas, Nodal logró convertirse, en tiempo récord, en herramienta de consulta ineludible del acontecer político latinoamericano, y en un medio que ordena y “desintoxica” (si vale el término) el caótico torrente informativo que circula por Internet.

¿Qué “línea” defiende Nodal? Pedro Brieger, su director, sostiene que, en efecto, el portal tiene su agenda. Pero una agenda distinta a la de las agencias que ajustan la suya a los intereses corporativos. En este sentido, la “línea” de Nodal gira en torno a un propósito insobornable: la integración latinoamericana.

Brieger dice: “Todavía hoy, y pese a los aires de democratización”, las noticias de América Latina se generan desde Estados Unidos y Europa, tratando la información como mercancía, y dejando al lector confuso entre lo que las agencias trasnacionales destacan, omiten o, de plano, atacan.

Graduado en sociología por la Universidad de Buenos Aires, Brieger tuvo oportunidad de viajar por varios países del mundo (en particular de Medio Oriente, su especialidad), aprendió idiomas, publicó libros sobre distintos conflictos internacionales, y tras muchos años de trabajo académico y periodístico en diarios, radioemisoras y televisión se transformó en el periodista más premiado de Argentina.

Valor agregado: así como los objetivos de Nodal, Brieger entiende que los ideales de integración no pueden depender de los intereses geopolíticos de un país en particular, ni menos de lo ya experimentado con otros proyectos similares: el flujo y reflujo de gobiernos que vienen y van.

Ahí radica, creo yo, la verdadera independencia de Nodal: en coadyuvar, a través de la información y su contextualización, al conocimiento mutuo de los países de la región, base esencial para sus proyectos integracionistas.

La Jornada