Hace un par de semanas, se reunieron –informalmente- los coordinadores nacionales de los estados miembros del Mercosur, en su sede de Montevideo. Allí, la presidencia pro-témpore del organismo regional en manos de Uruguay presentó los principales lineamientos políticos para su período a cargo del Mercosur.

Cuando Mercosur está por cumplir sus 25 años, sorprendió que dentro de estos lineamientos Uruguay propusiera “flexibilizar” el organismo y permitir que los estados miembros puedan negociar unilateralmente acuerdos de libre comercio con países extrazona, sin el consenso ni participación del resto de los socios. El problema es que desde la suscripción del Acuerdo de Asunción esto no está permitido: es “inconstitucional”.

La pretendida “flexibilización” del Mercosur es una invitación al suicidio colectivo, ya que no está exenta de grandes costos individuales para cada uno países que lo integran y para el colectivo y el proceso de integración en su conjunto. Algunos coordinadores nacionales presentes en la reunión de Montevideo señalaron que significa un mera degradación del Mercosur como bloque, que quizá hoy es una Unión Aduanera “imperfecta” pero que, de aprobarse este proyecto, se transformaría en un mero Tratado de Libre Comercio(TLC).

Una Unión Aduanera es más que un TLC, ya que además de que exista libre comercio entre sus socios, tiene una política comercial común y un Arancel Externo Común (para todos, pese a que hoy existen algunas excepciones transitorias a la libre circulación de mercancías).Obviamente, un TLC no brinda la posibilidad de profundizar los compromisos en nuevas áreas de interés que permitirían equilibrar los costos y beneficios del proyecto de integración, como por ejemplo la coordinación de políticas macroeconómicas, que serían impuestas desde fuera de la región.

Desde el punto de vista del intercambio comercial, recuerdan los expertos, un TLC deja en libertad a sus socios para negociar con terceros. En esas condiciones, el acceso de las actuales estados-parte al mercado de sus socios en condiciones preferenciales se vería menoscabado por las rebajas arancelarias otorgadas por el país que haga nuevos acuerdos comerciales con terceros países, con lo cual los productos originarios del Mercosur perderían parte o todas las condiciones preferenciales que tiene hoy el mercado interno ampliado.

Por otra parte, el manejo individual de los aranceles con terceros países introduciría un nuevo factor de distorsión en las condiciones de competitividad en la región, por ejemplo a través de los menores costos de importación de insumos y bienes de capital de las cuales podría gozar aquel país que firme algún TLC con una nación de extrazona, en detrimento de sus actuales socios del Mercosur.

Y ya en términos más políticos, la degradación del Mercosur generaría una pésima percepción externa respecto de la estabilidad de las políticas en la región y significaría la ruptura de un proyecto estratégico de gran importancia para una política regional de carácter soberano.

Tabaré, el reincidente

No es la primera vez que el gobierno de Tabaré Vázquez –junto a su gabinete económico liberal- intenta avanzar con estas modificaciones al funcionamiento del Mercosur: ya en 2006, Uruguay amenazó con denunciar el Tratado de Asunción, dejar de ser miembro pleno y se transformara en sólo un “estado asociado” al Mercosur, con el fin de suscribir acuerdos comerciales con EEUU y otros países.

En aquella oportunidad también era presidente Tabaré Vázquez, quien solicitó por escrito al presidente brasileño Lula da Silva –en su carácter de presidente pro témpore del Mercosur- la obtención de un “waiver” que le permitiera negociar individualmente acuerdos comerciales con terceros países. Argentina y Brasil se opusieron a la propuesta uruguaya, al más alto nivel político.

El segundo intento tuvo lugar luego de la reanudación en 2010 de las negociaciones entre Mercosur y la Unión Europea para avanzar en un TLC birregional. En 2012 Uruguay presentó una propuesta de norma que habilitaba a los estados parte del Mercosur a negociar individualmente nuevos acuerdos y a profundizar aquellos ya existentes con otros países de la región latinoamericana. Esta propuesta también fue descartada de plano, aun cuando los negociadores uruguayos sostenían que si esto no era factible, tenían la intención de avanzar de manera solitaria.

Este tercer intento se trata de la presentación de un proyecto de Decisión para ser elevado al Consejo del Mercado Común, el órgano superior del Mercosur. En el mismo se señala que para las negociaciones de nuevos acuerdos comerciales que se encaren de forma conjunta por todos los socios del Mercosur, se propone una nueva “institucionalidad” negociadora: ya no serían los estados miembros los que negocian –con la Presidencia por-témpore de turno a la cabeza- sino que el Grupo Mercado Común designa a un “coordinador permanente de la negociación”, a imagen y semejanza del modelo institucional de la UE, en la que cada negociación tiene un burócrata como responsable.

Asimismo, contraviniendo lo que se establece en el Tratado de Asunción y la Decisión CMC 32/00, este proyecto de Decisión permite que los países individualmente puedan realizar acuerdos comerciales con países o regiones de extrazona, con lo que se degrada el Mercosur, en tanto la Unión Aduanera –al perforarse de manera permanente el Arancel Externo Común- y se lo convierte paulatinamente en un mero TLC, tal como lo plantean los intereses de los países centrales.

El instrumento fundacional del Mercosur, el Tratado de Asunción, indica que el objetivo último de sus integrantes es el de “constituir un Mercado Común”. La propuesta uruguaya lejos de llevar al Mercosur a su objetivo inicial degrada el Mercado Común a un simple TLC, desde el momento en que los países que eventualmente firmen otros TLC con países extrazona estarán perforando cada vez más y de manera permanente el Arancel Externo Común.

Para fortalecer el Mercosur los países debieran ir eliminando las perforaciones el AEC y avanzar definidamente en la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre los socios, generando un espacio de acumulación interno a escala regional que permita impulsar los procesos de industrialización y agregado de valor entre los países de la subregión, asegurando preferencias recíprocas en detrimento de los países de extrazona.

El camino propuesto por Uruguay lleva inexorablemente un destino similar al de la Comunidad Andina, que luego de flexibilizar su normativa para avanzar con acuerdos comerciales con la UE, prácticamente ha desaparecido. Es una invitación al suicidio colectivo.

*Sociólogo, integrante del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)