Por Enrique Patriau y Airon Nelson López

Haciendo un paréntesis en su agenda de campaña –y familiar–, la candidata del Frente Amplio, Verónika Mendoza, nos recibió en su casa para conversar sobre su nueva posición en las encuestas, el tan mencionado tema de la renegociación del gas y la postulante por Fuerza Popular, Keiko Fujimori.

Sobre esto último, hace énfasis en que, en un posible gobierno de izquierda –debido a su experiencia parlamentaria–, sería muy complicado conversar con los fujimoristas, ya que no tienen voluntad democrática.

Va cuarta o quinta en las encuestas. Hace dos meses no salía de ‘otros’. Andará contenta. 

En algunos aspectos está ocurriendo lo que esperábamos, estamos creciendo, algo que percibía en el contacto directo con la gente. Es fruto de haber mejorado algunas cosas en la campaña. La gente se da cuenta de que el Frente Amplio es una alternativa de cambio coherente. No es discurso electorero, es compromiso de vida.

¿La salida de Julio Guzmán la beneficia?

Por la salida de los candidatos Guzmán y Acuña el escenario se ha movido. Desde el punto de vista de la legitimidad del proceso, a estas alturas lo mejor era que ambos siguieran en carrera. Esto no le hace bien a la democracia. Es un síntoma de lo mal que está nuestro sistema político y de lo urgente que son las reformas que este Congreso no quiso impulsar y que nosotros sí impulsaremos desde el primer día.

¿No se siente beneficiada?

No. Seguimos con el mismo ímpetu, la misma propuesta. Eso nos hizo crecer.

¿Cómo piensa enfrentar esta etapa final de la campaña?

Tenemos previsto recorrer distintas regiones, afianzar mucho más nuestra presencia en el sur, en Cusco, Puno y Arequipa. Necesitamos aterrizar más nuestras propuestas, empaquetarlas mejor para que la gente las recuerde. También, creo, hay que dar a conocer nuestra trayectoria. En esta etapa los candidatos empiezan a decir un poco lo mismo, con la diferencia de que nuestros compromisos han sido asumidos desde siempre.

¿Se refiere al tema del gas y la renegociación de los contratos?

Por ejemplo. Eso no es algo que a mí se me haya ocurrido para ver si gano votos del sur. Es algo por lo que vengo luchando desde hace años como cusqueña. Ahora hasta Kuczynski habla de eso, cuando hace semanas era una opción inadmisible para él.

Alfredo Barnechea plantea lo mismo.

Yo fui la primera.

La idea que ha quedado es que se trata de una propuesta que nació de él.

Falso, falso. Quizás no hemos tenido la misma facilidad de rebote en los medios que él.

Más allá de quién planteó primero la propuesta, pareciera que usted y él se parecen. Barnechea habla de renegociar los contratos del gas, de la necesidad de una petroquímica…

¿Ha hablado de petroquímica? Porque yo solo lo he escuchado sobre los contratos.

También de petroquímica.

Enhorabuena entonces, porque eso es algo que yo vengo diciendo desde hace años.

¿Pero en qué se diferencia usted de Barnechea, entonces?

Bueno, yo quiero saber en dónde estuvo hace años, cuando se dieron debates tan importantes alrededor del Lote 192 y la posibilidad de que Petroperú pudiera recuperarlo para explotarlo directamente, en asociación con un privado. ¿Dónde estuvo? O cuando peleamos contra el Ejecutivo, que quería anular el proyecto del Gasoducto del Sur y nos dijo a cusqueños y puneños que debíamos contentarnos con un miniducto de ocho pulgadas. Repito, ¿dónde estuvo?

Barnechea propone ir hacia un estado de bienestar. ¿Se siente compartiendo un espacio de centro-izquierda con él?

Yo no sé cuáles son sus propuestas sobre los derechos de los pueblos indígenas. No creo que coincidamos en eso. Nosotros reivindicamos plenamente el derecho a la consulta previa de los indígenas para que decidan sobre sus territorios y proyectos de vida. Alguna vez lo he escuchado sobre la necesidad de impulsar los proyectos mineros en curso. Ahí hay un matiz, porque en el Frente Amplio creemos en la diversificación productiva. Los proyectos extractivos no pueden ser impuestos a sangre y fuego de manera obsesiva. Un paréntesis: el tema de la renegociación de los contratos no está en el plan de gobierno de Barnechea.

Eso es un papel. Lo que interesa es el compromiso público.

La consistencia es importante. En nuestro caso hay solidez.

¿Usted se animaría a prometer el balón de gas a 12 soles?

Lo que prometo es renegociar los contratos para que el gas sirva, prioritariamente, para el consumo nacional y llegue a la gente, a las familias. El gas natural masificado, con tuberías, puede llegar a esas tarifas.

Ha mencionado a Kuczynski. Él también es alguien que ha buscado parecer más de centro.

Él siempre ha ido por el remate indiscriminado de nuestros recursos a favor de transnacionales, sin preocuparse de que esos recursos lleguen a nuestra gente. Nunca le he escuchado sobre la necesidad de que el Estado garantice salud y educación pública de calidad. Al contrario, ha sido alguien favorable a su mercantilización. Él es un candidato de derecha.

La diversificación productiva es un eje central de su discurso. ¿En qué sectores la impulsaría?

En los que permitan generación de empleo sostenible. Podríamos poner énfasis en el agro, en el turismo, pero también hay que ver las potencialidades de cada territorio. Acabo de estar en San Martín, donde el agro es fundamental, pero hay un potencial enorme en apicultura y ecoturismo. Ese es el reto, porque hemos tenido gente que ha gobernado en oficinas, sin conocer cabalmente al Perú, al que siempre han visto como una despensa de recursos naturales: minerales en la sierra, petróleo en la selva y mano de obra barata.

¿Qué cambiaría exactamente en un gobierno suyo con relación a la minería?

Ha habido una obsesión con el sector minero.

Porque paga las cuentas.

Pero nunca se aprovechó el boom de los minerales para reinvertir en los procesos de diversificación, que en este contexto de freno económico nos hubiese permitido estar en mejores condiciones. Vamos a continuar con las inversiones mineras en el marco de una estrategia de desarrollo más completa y con reglas claras.

¿Aceptaría proyectos mineros nuevos en un gobierno del FA?

Desde luego, pero dependerá de las condiciones.

Si se aplicara la consulta previa para un proyecto y la comunidad consultada respondiera no estar de acuerdo, ¿qué privilegiará: la voluntad de la comunidad o el proyecto?

Las cosas no son blanco o negro. La consulta previa no se trata solo de preguntar: ¿va o no va? Se ha pretendido convertirla en un simple trámite, cuando se busca que la gente sea parte de todo un proceso.

La consulta es un proceso largo de diálogo. Le pregunta  es por la decisión final.

(Piensa). Elegiría la paz social y la gobernabilidad. Es decir, no vamos a imponer ningún proyecto a sangre y fuego. Ahora, si se tuviera convencimiento, desde el Estado y el Gobierno, de la necesidad de un proyecto se agotarían los esfuerzos para convencer, dialogar y ofrecer certezas. Eso sí, nunca será aceptable resignar vidas humanas en nombre de un supuesto desarrollo. Jamás.

¿Es injusto el mote de antiminera que pesa sobre usted?

Es propio de un proceso de estigmatización de quienes se han negado siquiera a debatir con seriedad estos temas. No soy antiminera, bienvenida la minería. No comparto que me estigmaticen así, pero es más grave que en Celendín haya 15 dirigentes sociales para quienes el Ministerio Público pide 35 años de cárcel por exigir que Conga no vaya.

¿Recuerda alguna entrevista en la que no le hayan tocado el tema de Venezuela?

No sé, en el uno por ciento de las entrevistas quizás no hayan mencionado el tema. Me preguntan más sobre Venezuela que sobre Cusco, Puno, Ayacucho, Loreto. Sus colegas están obsesionados con Venezuela. La intención es levantar un cuco para estigmatizarme.

¿No debió haber cerrado el tema antes para evitarlo?

Para ser clara: no vamos a calcar el modelo venezolano ni ningún otro. Segundo: rechazamos, en Venezuela y en cualquier país del mundo, la vulneración de derechos humanos, que no haya separación de poderes, que no se respete el derecho a la protesta, que no haya libertad de prensa. Desde mi posición no hay una democracia plena en Venezuela. Para el Perú, yo quiero una democracia con separación de poderes, con prensa libre, con una mayor democratización de los medios de comunicación.

A veces usted suelta frases desafortunadas. Llamar “golpista” a Leopoldo López es un  ejemplo. ¿O no?

Sobre eso, no me parece bien que el señor Leopoldo López deba estar preso. Ahora, años atrás fue parte de una intentona golpista. No lo puedo negar.

Aceptará que usted misma se pone la piedra en el camino.

Entiendo que hay varios temas controversiales sobre los cuales varios candidatos no desean hablar. Cuando me preguntan, respondo.

¿El gobierno de Alberto Fujimori fue una dictadura?

(Piensa). Sí. En su caso, hubo un golpe de Estado.

¿Por qué uno sí es dictadura a secas y el otro no? Los regímenes de Fujimori y el venezolano son muy parecidos, ¿no?

Sí, ciertamente, hay varios aspectos en los que se parecen. En otros se diferencian. Con el fujimorismo hubo un golpe y además Fujimori está preso.

¿Su criterio para llamar dictadura a un régimen autoritario depende del signo ideológico?

No. Siempre deslindaré de la corrupción y de violaciones a los derechos humanos, vengan de donde vengan.

“Yo no veo ningún atisbo de cambio en Keiko Fujimori”

La escuché en una entrevista diciendo que no se ve, en un eventual gobierno , acercándose a la bancada fujimorista.

Porque es un partido nacido de la corrupción, que mantiene la corrupción como práctica.

De acuerdo con los sondeos, el fujimorismo tendrá la bancada más grande. Estará obligada a conversar. ¿O no?

En este momento estamos trabajando para que quienes lleguen al Congreso representen a las fuerzas democráticas.

¿Bajo ningún caso conversaría con el fujimorismo?

Veremos el escenario cuando lleguemos al gobierno. Ahora, por mi propia experiencia en el Congreso, es tremendamente difícil, porque (los fujimoristas) no tienen una voluntad democrática. Se han opuesto de una forma tajante a las reformas que este país necesita, como que los delitos por corrupción no puedan prescribir. Nuestra prioridad será concertar con aquellas fuerzas que tengan convicciones democráticas.

Suena casi a declaración de guerra anticipada.

Estamos en un momento importante para hacer memoria, para que los ciudadanos sepan qué representa el gobierno fujimorista, algo nefasto en términos de corrupción, de violación de derechos humanos, de compra de medios de comunicación. Es esencial que pongamos esto sobre la mesa.

¿No cree nada en la moderación de Keiko Fujimori?

Tiene como principal financista de su partido a alguien procesado por lavado de activos, tiene en su bancada a sentenciados por enriquecimiento ilícito y no ha deslindado de la corrupción del gobierno del que ella formó parte. No, no veo ningún atisbo de cambio.

Según Datum, está arriba de Alan García. Se puede hablar de un empate estadístico. ¿Se siente bien por eso?

Lo importante es que la gente se sienta bien porque alguien que ha indultado narcos y delincuentes por cientos termine borrado del mapa.

¿Está convencida?

Por supuesto, va a desaparecer.

Usted cuenta apenas 35 años. ¿No le falta más experiencia para ser presidenta?

Llevo diez años como política, cinco años en el Congreso y conozco al monstruo por dentro. Tengo las herramientas para asumir el reto, con gente del partido que es solvente.

¿Cómo ha vivido la campaña?

Como una batalla desigual. Es una campaña austera, no hemos gastado ni la centésima parte de otros. Eso ha hecho todo muy duro, pero es gratificante que hayamos recibido respaldo y solidaridad de gente que se suma con ilusión.

¿Su familia la reclama mucho?

Un lado difícil es pasar menos tiempo con la familia. Es uno de los costos, sin duda.

La República