El triste espectáculo del domingo 17 de abril cuando los congresistas brasileños justificaban su voto em relación al juicio político de la presidenta Dilma demuestra la pobreza de los argumentos de los que han optado por apoyarlo La mayoría citó a Dios y a la familia en su discurso, muchos de ellos fueron vestidos con el objetivo de tratar de impresionar con su apariencia visual, pero salvo algunas excepciones, todos huyeron al análisis que habría sido necesario para justificaficar su decisión sobre el voto.

De hecho, ese lamentable espectáculo no hizo más que confirmar que el sistema político brasileño actual está irremediablemente agotado. A través de este sistema, candidatos sin ninguna preparación llegan al Poder Legislativo sin la más mínima idea de las responsabilidades que impone este mandato. No se trata sólo de la decepción con el voto -un absurdo desde el punto de vista estrictamente constitucional, denunciado dentro y fuera del Brasil por voces e instituciones prestigiosas– sino de la constatación de la falencia del sistema electoral y del sistema político como un todo!

En el sitio web del Tribunal Superior Electoral (www.tse.jus.br/partidos/) ¡hay 35 partidos políticos registrados! ¿Cómo justificar la existencia de 35 partidos? ¿Hay 35 diferentes ideologías? Es claro que no. Muchos de estos partidos fueron creados para saciar la sed de poder de las elites, para cubrir situaciones irregulares e delictivas, para macular a la democracia, y peor, para mancillar la própria Constitución republicana.

Entre los ciudadanos que salieron a las calles para apoyar el juicio político de la presidente Dilma hay muchos que lo han hecho en la creencia pueril de que este sería el primer paso para erradicar la corrupción de raíz. ¡Qué ingenuidad!

Bastaba com observar al diputado Eduardo Cunha presidiendo la sesión parlamentaria del voto al juicio político para comprender que se trataba de una farsa grotesca. La corrupción fue expuesta en el próprio ritual de la votación del juicio político.

Es sobre la base de la corrupción, la mentira, la alienación, que la élite económica y financiera se ha mantenido en el poder, incluso con apoyo de los que sufren las consecuencias de esa dominación. Ya advirtió Darcy Ribeiro que el fracaso de la educación pública y gratuita en el Brasil no fue el resultado de la casualidad: ha sido y es un proyecto político …

Añadamos a esto la absurda falta de un debate donde puedan presentarse visiones diferenciadas, o sea, la carencia de un intercambio democrático de opiniones y posiciones, y la falta de espíritu de servicio en los medios de comunicación del país y tenemos definido el escenario que el domingo se presentó con toda crudeza.

Falta mucho para que el Brasil pueda disfrutar de una democracia mínimamente digna de ser llamada como tal. Pero es sólo a través de la lucha, de la resistencia, de la presencia del pueblo en las calles, que los avances se conquistan. Nada se recibe gratis. La Política, con letra mayúscula, requiere de la participación de todos.

En estos momentos difíciles tenemos que tratar de centrarnos en lo esencial: la preservación de la democracia, aunque esta democracia tan frágil esté lejos de ser la democracia a la que aspiramos. La experiencia de la falta de libertades que proporcionó el largo ciclo de dictaduras que afectó al Brasil y a los pueblos hermanos de América Latina en los años 1960, 70, 80, nos enseñó que no hay que apostar a que “cuanto peor, mejor”.

Todavía hay caminos para explorar. El juicio político requiere un ritual largo y complejo. A pesar de que esta primera fase, dirigida por Eduardo Cunha, ha sido manejada con una velocidad inusual, que no se ve en el tratamiento de otros casos, como en el tratamiento de todos los procesos que transitan en la justicia y que hubiesen podido impedir que este diputado continuase ocupando el cargo de presidente de la Cámara, todavía hay varias instancias que deben ser transitadas…

Pero hay algo más importante que eso: la Constitución de 1988 establece la posibilidad de que una ley exista por Iniciativa Popular. El Artículo 61, párrafo 2 de la “Constitución Ciudadana”, regulado en el año 1998 (Ley de 9709) prevé la presentación de proyectos de ley por iniciativa popular. El proyecto debe contar con un número mínimo de firmas debidamente calificadas de 1% de los votantes registrados en el TSE, distribuídos en al menos cinco estados de la Federación, con un mínimo de 0,3% de los votantes de cada una de esas unidades.

Esto significa aproximadamente un número mínimo de 1.400.000 firmas.
En las calles, de norte a sur, más de 1,4 millones de brasileños salieron a defender la democracia y a denunciar el juicio político como un golpe del Poder Legislativo en diferentes unidades de la Federación. El desafio es transformamos esta fuerza de la militancia en un proyecto de ley de Reforma Política.

Los diputados de Río de Janeiro que votaron en contra de la destitución de la presidenta Dilma podrían lanzar, junto con la Orden de los Abogados del Brasil (OAB)/ Rio de Janeiro, y junto a los magistrados de todo el país que han expresado su apoyo a la Constitución y al Estado de democrático de derecho, una propuesta de ley de iniciativa popular – como fue el caso de la llamada Ficha Limpia, que impide que sean candidatos los ciudadanos con procesos en la Justicia- para impulsar la Reforma Política.

Los brasileños que valoran la democracia, que entienden lo que está en juego, que comprenden que con este sistema político el Brasil no tiene futuro, pueden llevar adelante lo que este Congreso, por iniciativa propia, no hará nunca.

* Profesora del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Periodista, fue directora de los Cuadernos del Tercer Mundo