Prefacio a la edición de 2016

Hace dos años, cuando cerrábamos la primera edición de “Contar de Golpe”, sabíamos que América Latina estaba sufriendo cambios importantes con respecto al escenario en el cual habíamos empezado a escribir un año antes. La muerte de Hugo Chávez, el crecimiento de algunas fuerzas políticas conservadoras en todo el continente, y cierta pérdida de iniciativa por parte de los sectores populares en varios países ya prefiguraban una reconfiguración del panorama social y político en Nuestra América. Sin embargo en esos primeros meses de 2014 no nos hubiésemos imaginado un avance tan poderoso de la derecha, especialmente aquella propensa a fogonear planes desestabilizadores, como el que se está viviendo en estos primeros meses de 2016.

La victoria del macrismo en Argentina, y especialmente los ataques que sufren hoy los gobiernos de Brasil y Venezuela, nos remiten al clima de hostigamiento permanente que precedió el golpe de estado parlamentario que destituyó a Fernando Lugo en Paraguay en 2012. Muchas de las informaciones que llegan de Caracas y Brasilia guardan cierto parecido con las estrategias que estudiamos para hablar de Paraguay, desde la idea de “Golpe Blando”, o la de “guerra de baja intensidad”, cuyo principal fin es desbaratar a un gobierno cuyos intereses se contraponen o funcionan de estorbo a los planes de algunos de los sectores de poder.
Así sucedió con Lugo, y a cuatro años de junio de 2012, podemos analizar las repercusiones de aquél cambio de mando abrupto: se expandieron los cultivos transgénicos, se profundizó la histórica concentración de la tierra, se privatizaron los servicios públicos y se amplió la militarización del país contra la protesta social.

Con sus peculiaridades locales, lo que sucedió en Paraguay es un modelo que hoy intenta avanzar en América Latina de la mano de partidos, movimientos y sectores mediático-empresariales que incluyeron en el abanico de sus estrategias para la toma del poder, la desestabilización y el derrocamiento de gobiernos democráticamente electos.

El Golpe de Estado de Honduras en 2009 y el de Paraguay en 2012 resultaron ser los dos ensayos mejor logrados. Y hacia 2016 la fuerza de estas intentonas golpistas parecen gozar de mayor vigor y apoyo.

Entre las herramientas que en todos los casos se pusieron en juego para llevar adelante este tipo de planes, decidimos concentrarnos en una de las más importantes, de extraordinaria actualidad y, quizás, la más poderosa: la prensa.

Las empresas mediáticas ejercieron y ejercen un papel de primerísimo plano en la preparación y ejecución de la desestabilización, a partir del interés de sus grupos empresarios en articulación con otras ramas industriales y financieras.

El caso paraguayo es paradigmático en este sentido porque reune detrás de los dueños de los medios a constructoras, supermercados, agroindustrias y bancos, que trabajaron para generar un terreno más propicio para sus negocios. Desde los diarios, radios y pantallas de TV, se encargaron de fomentar el rabioso rechazo a las políticas gubernamentales de Fernando Lugo, pero cubrieron con un manto de aparente normalidad las administraciones apócrifas que corrieron a ese gobierno, elegido por el voto de la mayoría.
En todos los casos, los argumentos fueron similares: los gobiernos populares estaban empapados de corrupción, ineficacia o ineptitud.
Alentados por sus pares en el extranjero, los medios difundieron informes, editoriales, entrevistas, videos y audios con el objetivo de estimular nervios sensibles al miedo y la indignación de amplios sectores de la población.
Pero para que el engranaje funcione, fue necesario contar con el trabajo de miles de personas que se dedicaran a escribir, entrevistar, investigar y grabar: los periodistas.

Es preciso desmitificar su rol y su labor. No siempre hay una correa de trasmisión entre los intereses del grupo mediático por el que trabajan y su producción. Existen actos de resistencia silenciosa en las redacciones, que no encuentran espacio en las páginas de los medios, pero que no por eso dejan de ser importantes en el intento de frenar o combatir las intentonas golpistas.
En Contar de Golpe decidimos analizar cuál fue el rol de aquellos periodistas que rechazaron seguir el mandato de los patrones de los medios antes, durante y después del golpe de estado a Fernando Lugo. Experiencias que expresan la complejidad de la labor periodística cuando la presión política sube hasta el tope, y como la dignidad de los trabajadores muchas veces se enfrenta al servilismo disfrazado de ética profesional. Entendemos que las conclusiones de este libro pueden servir para analizar los casos actuales en América Latina, inclusive en aquellos adonde no esté en marcha una desestabilización política propiamente dicha.

Es importante destacar el rol de las organizaciones sindicales de los trabajadores de prensa, espacios indispensables para constituir un mayor clima de conciencia acerca de la labor cotidiana y sus implicaciones.

El crecimiento de este tipo de gremios en algunos lugares de América Latina (como es el caso, en el último año, del SiPreBa en Argentina), dan cuenta de una necesidad que trasciende las reivindicaciones gremiales, y que en situaciones de presión por parte de los medios para operar sobre la realidad política se vuelven vitales.

La vinculación entre los periodistas y los movimientos sociales y organizaciones populares también resulta un factor de fortalecimiento de la resistencia dentro de los medios. Además de “fuente” de información, los colectivos funcionan en muchos casos de reaseguro, lugar de debate y acompañamiento para muchos comunicadores. Y, especialmente, la existencia de medios comunitarios, alternativos y populares, se presenta como un antídoto insustituible para hacer frente a la distorsión informativa de los grandes medios privados.

Es en estos últimos donde los vínculos con organizaciones y el trabajo sindical se expresan, convirtiéndose inclusive en espacios en los que los mismos periodistas de medios comerciales encuentran lugar para difundir lo que las patronales desechan por considerar inconveniente.

Ponemos nuevamente en circulación este material entonces, porque sus reflexiones no se han agotado y, por lo contrario, entendemos que vuelven a surgir en la actualidad con aún más fuerza.

 

 

 


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