Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

EL proceso electoral que hemos protagonizado los peruanos tiene una especial significación histórica: es la cuarta vez consecutiva que en nuestro país se celebran comicios generales sin la interrupción del orden democrático. La masiva concurrencia de electores –incluso ciudadanos mayores de 70 años que no están obligados a sufragar– ha demostrado que nuestra responsabilidad cívica para elegir autoridades se va consolidando.

Ese sentido histórico también proyecta la oportunidad del Perú de consolidarse como un país desarrollado en el bicentenario de su independencia, habida cuenta de que la fórmula presidencial, los legisladores y representantes al Parlamento Andino que resulten elegidos tendrán la responsabilidad de conducir a la Nación, hasta 2021, a metas que consoliden la mejora lograda en años recientes.

Ahora los peruanos debemos esperar los resultados oficiales de las elecciones generales para aportar a esta ocasión privilegiada de presentarnos como una democracia madura y afianzada, de institucionalidad plena en la que los ciudadanos pueden ejercer sus derechos y acceder a los servicios básicos. La idea es que el próximo Presidente de la República y el Parlamento tomen la posta y trabajen de manera mancomunada para cumplir tareas pendientes.

Eso incluye superar la discriminación de todo tipo, brindar oportunidades laborales dignas a todos los peruanos, con altos ingresos, y desarrollar una economía con crecimiento sostenible para reducir las brechas entre la capital y el resto del país, y entre los centros urbanos y las zonas rurales.

Para que esas metas se trabajen sobre una base concreta se requieren indicadores basados en estudios elaborados por entidades como el Instituto Nacional de Estadística e Informática, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Banco Mundial, para que no sean objetivos improvisados, sino puntos establecidos en el Plan Estratégico de Desarrollo Nacional.

El nuevo gobierno también deberá tomar en cuenta las tendencias globales previstas para los próximos años, como el bono demográfico que permitirá en los 20 años siguientes un incremento de la población en edad de trabajar. Este fenómeno implicará el aumento de consumidores potenciales en ese período, lo que a su vez representa más oportunidades para el comercio, mayor demanda de productos y alimentos, así como de servicios educativos. Otras tendencias mundiales de cambio que deben considerarse son el crecimiento urbano, la adaptación a los avances de la tecnología, la diversificación productiva, la conectividad de las comunicaciones y las consecuencias del cambio climático.

El bicentenario de la República debe encontrarnos, además, con el ejercicio efectivo de los derechos humanos y dignidad de las personas, con inclusión social de la población más pobre y vulnerable; la garantía de acceso a servicios de calidad que posibiliten el desarrollo pleno de las capacidades y derechos de la población; así como el desarrollo y la consolidación de la gobernabilidad democrática y una fuerte institucionalidad.

Del mismo modo, el país requiere de una economía diversificada y sofisticada en una estructura descentralizada generadora de empleo digno; la cohesión del territorio y su organización en ciudades sostenibles, con provisión asegurada de infraestructura de calidad; y el aprovechamiento eficiente, responsable y sostenible de la diversidad biológica.

Los ciudadanos ya cumplimos con emitir un voto responsable. Ahora les corresponde a las nuevas autoridades conducir al país hacia el crecimiento y el progreso.

El proceso electoral que hemos protagonizado tiene una especial significación histórica: es la cuarta vez consecutiva que nuestro país celebra comicios generales sin la interrupción del orden democrático.

El Peruano