Las tesis de Colombia para reenfocar lucha contra drogas

Colombia ya tiene definida su propuesta en torno al reenfoque en la guerra contra las drogas. Lo que quiere –entre otras cosas– es que se garantice el acceso y plena disponibilidad con fines científicos y médicos a sustancias controladas y que, con esa nueva óptica, el mundo se concentre en la persecución efectiva de la criminalidad organizada.

La intención de este planteamiento es que el narcotráfico, pero sus grandes cabezas, sea combatido con toda la fuerza disponible, mientras que los consumidores puedan tener un tratamiento desde el punto de vista de la salud pública y los eslabones más bajos de la cadena del tráfico de estupefacientes sean abordados desde una óptica no punitiva (derechos humanos).

Y todo articulado a través de la flexibilización en la forma como se aplican las convenciones sobre drogas, con el fin de que cada país tenga la suficiente autonomía de actuar desde su experiencia y la realidad de su sociedad para enfrentar este fenómeno ilegal.

Esta es –en resumidas cuentas– la postura que el gobierno de Juan Manuel Santos les planteará a los más de 190 países que esta semana estarán en la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Ungass, por sus siglas en inglés) analizando qué nuevos rumbos se deben tomar tras el reconocido fracaso de la lucha contra las drogas.

En 2012, en la Cumbre de las Américas que se realizó en Cartagena, Colombia –de la mano de México y Guatemala– promovió un debate internacional sobre este aspecto, y el mismo presidente estadounidense, Barack Obama, aceptó hacer parte de esa discusión. Desde entonces y a la fecha, Santos ha dejado claro que no se trata de dar un paso directo a la legalización, a pesar de que sí cree en la despenalización de ciertas sustancias blandas.

Lo que busca Colombia es que, por ejemplo, para el tratamiento de ciertas enfermedades se autorice el uso de sustancias como la marihuana, pero –además– que se abra el espacio para que los adictos accedan a procedimientos controlados de entrega de la droga.

En un proyecto de resolución que Santos y su delegación promoverán esta semana en Nueva York se deja clara esa postura.

Allí se dice que se deben analizar “programas de terapia asistida por medicación, programas relacionados con el equipo de inyección, así como la terapia antirretroviral y otras intervenciones pertinentes destinadas a prevenir la transmisión del VIH, la hepatitis vírica y otras enfermedades de transmisión sanguínea relacionadas con el consumo de drogas”.

Esto ya se hace en países como Holanda, e incluso en Colombia el tema está tomando fuerza y ciudades como Bogotá y Medellín analizan la forma de potenciar este tipo de programas.

Claro que esta postura puede encontrar resistencia en Estados más conservadores, como Rusia o China, pero el hecho de abrir el debate le da a Colombia un liderazgo en un campo en el que mundo está mirando nuevas perspectivas. De hecho, Santos insistirá en que al dar un paso hacia un enfoque de salud pública y menos punitivo, como por ejemplo aboliendo la pena de muerte para delitos relacionados con el tráfico de drogas, el mundo puede concentrar sus esfuerzos en golpear con más fuerza a los carteles.

La propuesta colombiana dice que se debe “responder a los graves retos que plantean los vínculos cada vez mayores entre el tráfico de drogas, la corrupción y otras formas de delincuencia organizada, como la trata de personas, el tráfico de armas de fuego, la ciberdelincuencia, el blanqueo de dinero y, en algunos casos, el terrorismo”.

Estados Unidos, país por el que se acuñó la expresión ‘guerra contra las drogas’, ya tiene 24 estados en los que la marihuana tiene uso medicinal legalizado y 3 en los se autoriza el consumo con fines recreativos.

William Brownfield, subsecretario de EE. UU. para narcóticos, dijo recientemente que su gobierno ha trabajado con la comunidad internacional sobre las reformas a la política de drogas a nivel mundial.

“Hemos apoyado la mayor atención a la salud pública y el desarrollo alternativo para los agricultores pobres que cultiven coca”, aseguró el estadounidense.

Esta cita de Ungass no tendrá efectos prácticos inmediatos, pero el consenso político que se logre abrirá las puertas para reenfocar la guerra contra un fenómeno mundial que, como en Colombia, le ha costado la vida a millones de personas. En el 2019 se cumple la fecha para mirar si los objetivos trazados en esta materia se cumplieron, por lo que la cita de Nueva York de esta semana será un abrebocas para reorientar la lucha contra este flagelo.

El Tiempo