El secretario general de la OEA, Luis Almagro, confirmó en un comunicado que de inmediato procederá con la identificación y despliegue de expertos para empezar la investigación a la brevedad.

La OEA aclaró que el proceso será independiente de la verificación que se lleva a cabo. Almagro instó también a redoblar las medidas de confianza en vigencia y a prevenir nuevos enfrentamientos.

El incidente en cuestión ocurrió el pasado 20 de abril cuando Julio René Alvarado Ruano, de 13 años fue ultimado de ocho balazos, cuatro de ellos por la espalda, y su padre y su hermano de 11 resultaron heridos.

Almagro, tras recibir la solicitud formal de ambos gobiernos, confirmó a las autoridades de ambos países que procederá de inmediato con la identificación y el despliegue de los expertos pertinentes para realizar la investigación a la brevedad posible.

A pedido de ambas partes, esta investigación se realizará de manera independiente a las tareas de verificación que se están llevando a cabo en este momento, informó la OEA.

Almagro valoró el compromiso de ambos países “para que los hechos se esclarezcan rápidamente” y agradeció la confianza depositada en la OEA para la identificación y el despliegue de los expertos que llevarán a cabo la labor.
Narra ataque

El martes recién pasado, en una camilla del Centro Médico Militar, Carlos Alvarado, sobreviviente del ataque armado que soldados beliceños perpetraron contra él y sus dos hijos, narró la angustia de huir de los disparos y tratar de salvar a sus dos pequeños.

El ataque ocurrió en la comunidad San José Las Flores, Melchor de Mencos, Petén. Según el testimonio del padre, los tres caminaban y platicaban cuando encontraron a la tropa beliceña. “Ellos sin hablarme me atacaron como si era un agresor”, explicó.

Recuerda que cuando los soldados comenzaron a disparar él y sus hijos corrieron para salvar su vida. Dijo que se tiró al suelo. “Quise escapar, pero vi a mi hijo en el camino —Julio—, me arrastré a él y le dije seguime: pensé que estaba vivo, lo quería sacar de los disparos, avancé y volví a ver atrás, mi hijo no venía. Cuando regresé lo toqué por espalda y sentí que estaba muerto”.

Carlos asegura que fueron tres armas automáticas las que usaron los soldados beliceños.

Al darse cuenta de la muerte de su hijo, abandonó el lugar hasta que dejó de escuchar disparos, encontró a un vecino que lo auxilió. Desconsolado y asustado se fue para su casa, cuando llegó su otro hijo, ya estaba ahí, escapó por otra parte del bosque.

“La gente llegó cuando escuchó los disparos, informaron al Ejército destacado en el lugar y de inmediato llegaron a cubrir mi casa, después llegó la Policía y me llevaron al hospital de Melchor”, aclaró.

Prensa Libre