La fuerza del viento gana terreno entre las fuentes de energía limpia. En los registros del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) consta que, entre el 2011 y el 2015, este tipo de producción energética pasó de 4,25% al 10%.

Tal alza se explica con la apertura paulatina de nuevos proyectos eólicos. Uno de los que entró en operación recientemente fue Orosí, ubicado en Liberia, a finales del año anterior. Con su producción se añadieron 50 megavatios (MW) al sistema eléctrico.

La fuente eólica es la tercera en participación en la matriz eléctrica nacional, después de la hidráulica y la geotérmica. Sin embargo, poco a poco, el viento se acerca a igualar el aporte del calor emanado de la tierra.

Luis Pacheco, gerente de Electricidad del ICE, informó de que el país aspira alcanzar los 460 MW instalados en esta tecnología.

La primera planta eólica que se estableció en el país fue en 1996. Otros dos proyectos privados le siguieron y en el 2002 se instaló Tejona, en Guanacaste.

Hoy hay 11 parques eólicos, cuatro en construcción y dos más en la etapa de trámites.

Pico en verano. Durante los primeros tres meses de este año, la energía eólica fue la segunda fuente que más aportó a la producción eléctrica de Costa Rica.

El mayor movimiento de vientos que se genera durante la época seca favorece los parques eólicos, y los convierte en el principal complemento de las represas hidroeléctricas, justo en el momento en el que tienen menos agua para operar.

Entre enero y marzo, el agua aportó un 65,6% de toda la corriente que ingresó al Sistema Eléctrico Nacional (SEN), y el viento, un 15,6%. La geotermia, mientras tanto, se ubicó en tercer lugar, con 13,7%.

Pacheco explicó que, si se tiene en cuenta todo el año, la generación eólica ocupa el segundo puesto en porcentaje de generación, pues la producción decae conforme pasan los meses.

De las 11 plantas que ya operan, cinco son privadas, dos son públicas y una es propiedad de una cooperativa. Otras tres pertenecen a empresas, pero serán entregadas al Estado, una en el 2028 (Guanacaste) y dos en el 2033 (parques eólicos Orosí y Chiripa, en Tilarán).

Las cuatro que están construyéndose son Altamira, Campos Azules, Vientos de la Perla y Vientos de Miramar, todas en Guanacaste.

El Pacífico norte es, precisamente, una de las zonas con más potencial para generar energía eólica, según Mario Alvarado, director ejecutivo de la Asociación Costarricense de Productores de Energía (Acope).

“Guanacaste podría albergar más proyectos de los que ya existen. Tiene condiciones especiales, como los volcanes, por donde pasan los vientos. Además, la elevación del terreno es muy baja, por lo que el aire es más denso, y de esa forma, puede producir más electricidad”, detalló.

Nuevas propuestas. En un corte realizado el 9 de marzo, el ICE tenía una lista de 19 proyectos eólicos que podrían instalarse en esa provincia. Las propuestas se plantearon para Tilarán, Guayabo, Cañas, Bagaces y Mogote. En total, los oferentes suman una capacidad instalada de 378,920 MW.

No obstante, a pesar de que el ICE debe aumentar la generación para satisfacer la demanda, por ahora no hay probabilidades de que alguna iniciativa privada reciba el visto bueno, dijo Pacheco.

La Ley N.° 7.200 permite que empresas privadas generen electricidad, pero les establece un máximo de generación del 15% del total nacional. Ese tope ya se alcanzó, y el ICE considera innecesario aumentarlo.

“A Costa Rica lo que le urge es un embalse de regulación, como el de Diquís (Buenos Aires), para respaldar las energías intermitentes que ya hay, como la solar y la eólica”, aseveró Pacheco.

El funcionario explicó que, como la generación eólica depende de la intensidad de las ráfagas de viento, es poco seguro apoyarse en ella. La hídrica, por otra parte, es la apuesta segura del ICE.

Los planes para construir la represa de Diquís están detenidos desde hace años, pues falta consultar con una comunidad indígena que sería afectada por las obras de inundación.

La Nación