Desde hace ya días se sabía que el presidente Juan Manuel Santos se aprestaba a hacer ajustes en su gabinete, pero la sorpresiva renuncia esta semana de María Lorena Gutiérrez, ministra de la Presidencia y, sin duda alguna, mano derecha del Jefe de Estado, precipitó la decisión de ejecutar esos cambios.

Se trata de “una serie de cambios que hay que hacer en el gabinete ahora que vamos –y espero que sea pronto– a firmar la paz”, dijo el Presidente desde Nueva York, dejando entrever que los relevos podrían alcanzar a un número significativo de posiciones y que, por tanto, este podría ser el mayor ajuste en su círculo más cercano desde que comenzó su gobierno, hace casi 6 años.

Por las dimensiones del momento que se avecina, el mandatario reiteró que desea que su nuevo equipo de Gobierno esté más conectado con la situación política que traerá la firma del fin del conflicto con las guerrillas con las que está negociando (Farc y Eln).

Algunos creen que Santos podría incorporar a exponentes caracterizados de izquierda o centro-izquierda al Consejo de Ministros. De hecho se ha mencionado la posibilidad de que la actual presidenta del Polo (principal partido de oposición de la izquierda), Clara López, llegue al Gobierno.

Ella ha dicho que si la nombran acepta, entre otras razones porque cree que la presencia de la izquierda en el gabinete podría representar un gran apoyo político al proceso de paz para las fases que restan, como la refrendación de los acuerdos en un eventual plebiscito.

La izquierda no solo se convirtió en un apoyo definitorio del proceso de paz con las guerrillas, sino que impulsó la reelección del presidente Santos en 2014 para asegurar el rumbo de las conversaciones con la insurgencia.

Clara López, quien ya era jefe del Polo, desafió a sectores influyentes de su partido que se oponían al respaldo a Santos y lo hizo destacando el compromiso del mandatario con la búsqueda de la paz.

Los ‘verdes’

Otro sector que podría ingresar al gabinete de Santos es el de Alianza Verde, que aunque mantiene una posición independiente frente al Gobierno, ha apoyado muchas iniciativas suyas en el Congreso, especialmente las que tienen que ver con el proceso de paz.

Los ‘verdes’ en el Senado, con Claudia López y Antonio Navarro, han sido estratégicos en el trámite de normas como la ley del plebiscito para avalar los acuerdos y la modificación de la Ley 418 que autoriza al Presidente para pedir la suspensión de las órdenes de captura de los guerrilleros rasos y autorizar las zonas de concentración para los excombatientes.

Antonio Sanguino, vocero de este partido, le dijo a EL TIEMPO que si llega a haber dos ministros de sectores que no representan al establecimiento, no solo sería la primera vez que esto ocurriría, sino que sería una “bocanada de oxígeno para el proceso de paz”.

No obstante, Sanguino dijo que no ha habido una invitación a su partido ni un acuerdo para entrar al Gobierno.

Todos quieren más

Sin embargo, al decidir el ingreso de sectores de izquierda y centro-izquierda al Gobierno, el presidente Santos quedaría abocado a resolver presiones de los principales partidos de la coalición, que casi en todos los casos han reclamado mayor participación.

El partido de ‘la U’, considerado el ‘partido del Presidente’, tiene claras expectativas de lograr mejores posiciones a la hora del relevo. Uno de los suyos podría ser el nuevo Ministro de la Presidencia (‘superministro’) y se dan como probables para esa posición los nombres del exministro de Industria Sergio Díaz-Granados y el del actual ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri, quien ya estuvo en el cargo.

Los liberales, que se disputan el origen ideológico de Santos, también tienen la esperanza de mejorar su participación en el Gobierno. De hecho se menciona el nombre de Simón Gaviria, hijo del expresidente César Gaviria, como otro candidato para el Ministerio de la Presidencia. Inclusivo hay quienes creen que Gaviria, quien hoy se desempeña como director de Planeación Nacional, podría ser designado ministro de Hacienda, si Mauricio Cárdenas, candidato en ciernes del conservatismo para la Presidencia, decide salir del Gobierno a fin de emprender su campaña con toda libertad. Pero todo indica que eso no se produciría ahora.

Los conservadores, que no forman parte de la coalición pero votan a favor casi todos los proyectos del Gobierno, no quieren perder sus dos cuotas estratégicas en el gabinete: las carteras de Hacienda y Minas.

Cárdenas, además de que ha sido calificado como uno de los mejores ministros de Hacienda de América Latina, ha tenido que sortear la crisis fiscal y tiene por delante concretar la reforma tributaria integral, que el Gobierno ya anunció y considera prioritaria.

¿Y Vargas Lleras?

Cuando Germán Vargas Lleras asumió la Vicepresidencia, Santos le encomendó la misión de liderar los sectores de vivienda e infraestructura y le designó ministros de su partido (Cambio Radical) en esas áreas.

Estos sectores tienen hoy el mayor presupuesto de la historia: más de 60 billones de pesos.

Luis Felipe Henao, de Vivienda, ha logrado las mejores notas en diversas encuestas de opinión, pues no solo ha sacado adelante una política de vivienda ambiciosa, como las 100.000 casas gratis, sino que también ha llevado acueductos y alcantarillados a zonas olvidadas.

Aunque se da como segura la salida de la ministra de Transporte, Natalia Abello, la pregunta por resolver es si el Presidente le mantendrá esa cuota al Vicepresidente. Una cuestión enmarcada en un clima tenso a raíz de que no son pocas las fuentes que aseguran que María Lorena Gutiérrez renunció a ser la mano derecha de Santos luego de que el Vicepresidente pidiera –y lograra– la inclusión de Néstor Humberto Martínez en la terna para Fiscal General de la Nación. Decisión con la que ella, al parecer, no estaba de acuerdo.

Por otra parte, el Presidente tiene en su gabinete ministros muy comprometidos con temas estratégicos de su Gobierno, que aunque no son militantes rasos de partido, son de su más estricta confianza, lo que hace creer que no serían removidos ahora, como la canciller María Ángela Holguín o el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas.

Otro que tampoco sería relevado es David Luna, ministro de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, quien está hace poco en el Gobierno.

El Presidente ha hecho ya varios cambios en las segundas divisiones incorporando líderes de mucha influencia regional. Uno de esos lo hizo la semana pasada designando al exgobernador del Meta y exsecuestrado por las Farc, Alan Jara (liberal), en la Unidad de Víctimas.

Hace apenas una semana designó a Guillermo Rivera como viceministro de Relaciones Políticas; a Zulia Mena García, viceministra de Cultura, y a Dimitri Zaninovich, viceministro de Infraestructura.

Analistas

Para Patricia Muñoz Yi, catedrática de la Universidad Javeriana, el nuevo gabinete debe cumplir cuatro condiciones básicas. La primera es que esté alienado con la voluntad de paz del Gobierno, estos es, que tenga un compromiso con la paz; que sea menos ‘bogotanizado’ y mucho más regional, en la medida que la paz se construirá desde las regiones.

“Lo tercero es que debe contar con la mayor cantidad de fuerzas políticas y actores políticos, para que haya una presencia de las diferentes voces en ese gabinete del posconflicto; y por último, si se mantiene el mecanismo refrendatorio para aprobar lo que se acuerde en La Habana, ese gabinete debe tener capacidad de movilización ciudadana”, dijo la catedrática.

El politólogo Pedro Medellín coincidió en la necesidad de que el nuevo gabinete tenga una fuerte presencia regional “que permita ‘desbogotanizar’ el Gobierno”. Además dijo que debe tener reconocimiento por parte de la sociedad “y mucha conexión con los territorios”.

Pero Andrés Molano, catedrático de la Universidad del Rosario, opina que más que armar un gabinete para el posconflicto, lo que se busca es un poco de oxígeno para tratar de paliar el desgaste que evidencia hoy el Ejecutivo en todas las encuestas.

“El Gobierno ha sufrido un desgaste y esta es una forma de reinventarse y de tratar de tener un poco de margen de maniobra”, consideró el académico.

Cierto o no, lo claro es que se asoma una nueva etapa para la administración Santos. Y hay enorme expectativa por saber cuáles serán los pesos, los contrapesos y los acentos de la ecuación final.

El Tiempo


En La Habana ya se discute cómo proteger a Farc en el posconflicto

Al tiempo que se buscan fórmulas que permitan avanzar hacia un cese del fuego bilateral, en el nuevo ciclo en la mesa de negociaciones de La Habana el Gobierno y las Farc también empezaron a concretar cómo se va a garantizar la seguridad de los desmovilizados de la guerrilla en el posconflicto.

Para abordar el tema, Diego Fernando Mora, director de la Unidad Nacional de Protección (UNP), viajó este domingo a La Habana para explicar cómo opera esa entidad y cuáles son los esquemas previstos para garantizar la integridad de los guerrilleros desmovilizados y, en especial, la de aquellos que entren a participar de lleno en política, como está previsto que suceda.

En la mesa de negociación ya se ha contemplado la creación de un comité permanente que dependerá directamente de la Presidencia de la República y que se encargará de monitorear la seguridad de los desmovilizados de las Farc, que serían unos ocho mil.

Este tema hace parte del punto dos de la agenda, que habla sobre la participación en política de la guerrilla (acordado por las partes en noviembre de 2013), pero había quedado sin definirse.

No obstante, ya se han explorado fórmulas de cómo operarían esos mecanismos de protección. Quizás el que más fuerza tiene es el de los esquemas de seguridad conformados por desmovilizados de las mismas Farc, que incluso recibirían entrenamiento de la propia UNP.

El precedente del M-19

Ya en el pasado se acudió a esa fórmula, con los desmovilizados del M-19 que entraron a hacer parte de la seguridad de candidatos y funcionarios de la Alianza Democrática M-19, el partido político que surgió tras la firma de paz con esa guerrilla en 1990.

Por eso, la presencia del Director de la UNP en La Habana, que se prolongará hasta el próximo miércoles, es fundamental para empezar a darle claridad al tema de la seguridad en el posconflicto.

Además, allegados al proceso consideran que el hecho de que se esté hablando de ese tema es una señal de que la negociación está en un momento importante y ha entrado en la recta final, previa a la firma de un acuerdo definitivo.

Un indicio más, que habla sobre esa etapa en la negociación son los pronunciamientos que hizo el fin de semana el jefe de las Farc, Rodrigo Londoño, alias Timochenko.

“Algunos dicen que el país está cansado de hablar de paz. ¿Será que la gente sí quiere hablar de guerra otros 50 años entonces?”, dijo el jefe guerrillero a través su cuenta en Twitter.

También se refirió al tema del cese del fuego bilateral, que ha sido abordado en los últimos días y del que el propio presidente Juan Manuel Santos habló en su reciente visita a las Naciones Unidas en Nueva York.

Timochenko pidió mayor celeridad a los representantes del Gobierno en la mesa de negociaciones de La Habana para lograr ese cese bilateral del fuego, uno de los asuntos principales por resolver en Cuba, para la firma del fin del conflicto. No obstante, fuentes cercanas al gobierno recordaron que el punto de la concentración de fuerzas es esencial para que ese cese bilateral del fuego pueda darse.

El presidente Santos ya le pidió a la ONU que colabore con Colombia acelerando el proceso de conformación de la misión política de verificación del posconflicto. El presidente colombiano le entregó la semana pasada esta solicitud directamente al secretario general de ese organismo, Ban Ki-moon, con quien se reunió en Nueva York para dialogar sobre los avances de las negociaciones

El mismo Consejo de Seguridad de la ONU aprobó respaldar el proceso de paz con las Farc y participar en la verificación del cese del fuego.

Polémico arribo

Otro hecho notorio en La Habana fue el arribo de Hernán Darío Velásquez, alias el Paisa, jefe de la columna Teófilo Forero, para participar en la mesa de diálogos. A ‘el Paisa’ se le atribuyen hechos como el atentado al club El Nogal, el 7 de febrero de 2003 que dejó 35 muertos; el atentado cerca del aeropuerto de Neiva, que cobró la vida de 15 personas, y la masacre de los concejales de Rivera (Huila) el 27 de febrero de 2006.

Y si bien la presencia de ‘el Paisa’ en Cuba ha generado polémica, también se considera que es otra muestra de que el proceso está en su etapa definitiva.

El Tiempo