La desbocada ambición humana no tiene límites, y los caminos que encuentra para realizarse son muchos y muy variados. Lo de Panamá es solo una anécdota en el entramado mafioso de quienes tienen la sartén por el mango en el mundo.

La frase que entrecomillada encabeza este artículo es de Deng Xiaoping, quien fuera máximo dirigente de la República Popular China desde 1978 hasta su muerte en 1997. Bajo su dirección, el país se embarcó en el rumbo pragmático que lo que encaminó hacia la restauración del capitalismo, y que desató la fiebre de enriquecimiento que lo ha llevado a que sea, hoy en día, uno de los que más millonarios tiene en el mundo.

En los llamados Papeles de Panamá, los chinos abundan. Han seguido al pie de la letra la consigna de su líder de los años ochenta y no escatiman esfuerzos para enriquecerse. Emulan con otros ambiciosos del mundo, grandes y pequeños, por alcanzar la gloria, y no paran mientes en métodos ni artimañas para lograrlo.

Lo que ha salido a la luz pública esta semana no debiera sorprendernos. La desbocada ambición humana no tiene límites, y los caminos que encuentra para realizarse son muchos y muy variados. Lo de Panamá es solo una anécdota en el entramado mafioso de quienes tienen la sartén por el mango en el mundo. Fuera de ese entramado estamos nosotros, los sin capital, los sin poder, los despreciados por falta de ambición, por conformistas y mediocres que no brillan en las fiestas del jet set, los que no viajamos en yate ni tenemos avión privado.

Nosotros los de abajo, los que no formamos sociedades en el bufete Mossack Fonseca, los que no sabemos de esas triquiñuelas de bandoleros, asistimos ahora al espectáculo de la negación unánime: nadie ha hecho nada indebido, todos son angelitos que o no sabían, o no entendían, o no tienen idea de por qué aparecen en ese listado horroroso que se ha divulgado con la sola intención de dejarlos mal parados.

Muchos, además, no comprenden por qué se les inoportuna con cuestionamientos. Ese tipo de procedimientos son moneda corriente entre los amos del mundo. El camarada Deng, a quien ya hemos citado al inicio de estas líneas, también tuvo la clarividencia para sintetizar en un aforismo el espíritu que anima tales artimañas: “no importa que el gato sea negro o blanco, lo importante es que cace ratones”. Los chinos –se nota a leguas-, sintetizan mucho del ambiente de época.

No habría que extrañarse que atrás de esta zancadilla haya disputas globales entre quienes libran la guerra por quedarse con la tajada más grande. No cabe duda que hay mafiosos chinos, rusos y argentinos, pero ¡por favor! los mafiosos norteamericanos que no aparecen en esta lista se cuentan por miles; y Panamá, como locación en la que se puede hacer este tipo de trampas, no tiene nada que envidiarle a Suiza o a los Estados Unidos, por ejemplo. Nosotros, los de abajo, los que no tenemos que quebrarnos la cabeza buscando el mejor escondite para nuestro dinero, no tenemos idea de las ventajas y desventajas que ofrece cada uno de estas guaridas de bandidos.

El señor presidente de los Estados Unidos, el mismo que recientemente arengó a los cubanos desde el Gran Teatro Alicia Alonso de La Habana, salió a hablar sobre el asunto haciendo un llamado para que las cosas no se desmadren. No dijo nada de los emporios que en su propio país hacen lo mismo que se hace en Panamá. No le conviene porque bien que atraen capitales y, siendo esto buen negocio, los Estados Unidos no piensan quedarse atrás. Tal vez algo de la disputa por esa hegemonía de la atracción de capitales sucios esté atrás de todo este Watergate del bufete panameño.

Nosotros, desde nuestro humilde mirador, escribiendo en una maquinita lenta y demodé, vemos el espectáculo de los ricos sorprendidos in fraganti y, aunque nos indignamos, reímos, nos divertimos de verlos tan apurados y recordamos aquel dicho popular centroamericano que hoy les cae tan al pelo: “a todo chancho le llega su sábado”.

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Anexo

Origen y efectos

Juan Guahán

La aparición de estos “papeles” es una típica “operación de inteligencia”. La gran duda es quién -o quienes- está o están detrás de esa operación que mancha a 4 Jefes de Estado (Argentina, Arabia Saudita, Islandia y Ucrania); 8 ex Jefes (Georgia, Irak, Jordán, 2 de Qatar, Sudán, Abu Dhabi y Ucrania) y otros 62 líderes mundiales de distintas ideologías y compromisos estratégicos.

Obviamente la historia de un “justiciero anónimo” que llama a un diario alemán para irle pasando ¡11,5 millones de archivos! resulta poco creíble. La “puesta en escena” es impactante: 370 periodistas, de 78 países involucrados en la investigación, entre ellos 2 periodistas de La Nación y Clarín de nuestro medio. Todos ellos acordaron que el 3 de abril harían los anuncios en forma simultánea.

Más allá de este impactante relato de alcance mundial, hay una historia que está rondando y que echa algo de luz sobre el origen y destino de esta operación, producida a partir de los archivos del estudio de abogados Mossack-Fonseca.

Jürgen Mossack, uno de los fundadores del estudio nació en Alemania en 1948 y en la década de los 60 llegó a Panamá con su familia. Su padre, según el propio Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) que agrupa a los periodistas que intervinieron en este tema, fue miembro de la Waffen-SS (las conocidas SS, fuerza de choque del partido Nazi de Alemania).

El padre de Jürgen, según las mismas investigaciones, ofreció sus servicios a la CIA para espiar a los comunistas cubanos. El joven Jürgen, ya abogado, se asoció con Ramón Fonseca Mora y puso en marcha el estudio que lleva sus apellidos. Datos de las operaciones allí realizadas hoy conmueven a gran parte del mundo financiero, político, deportivo y artístico. Mossack-Fonseca hoy cuenta con 500 empleados y tiene 40 oficinas desparramadas por el mundo. Una de las más importantes está en el Estado de Nevada (Estados Unidos). Nevada se está convirtiendo en el nuevo paraíso fiscal mundial.

Algunos datos inquietantes completan este panorama. Los Rothschild, principales banqueros del mundo, se han instalado en Reno (Nevada) para ampliar sus negocios. Junto con ellos las más voluminosas fortunas del mundo migran hacia ese nuevo “Paraíso”. Allí no llega el largo brazo de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y sus acuerdos para intercambiar información sobre cuentas financieras. ¿Porqué? Porque Estados Unidos, al igual que Panamá, no firmó el acuerdo al que ya adhirieron unos 100 países. Allí sigue rigiendo la confidencialidad que otros países no pueden garantizar y –a partir de ahora- Panamá tampoco. Da la impresión de esta gigantesca maniobra tiene por objetivo acabar o minimizar el rol de la competencia.

Los aportantes al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICLI), la entidad que -según el cuento que nos contaron- fue llamada por el diario alemán para hacer la investigación, son fundaciones norteamericanas. Una de las principales es del conocido George Soros. Por eso no debe llamar la atención que ninguna figura del poder establecido de Estados Unidos, figure en las listas que se están difundiendo.

Ahora además de asegurar que el grueso del dinero “negro” que circula por el mundo tenga una buena protección en los propios Estados Unidos, esta maniobra nos trasmite la sensación que los ricos también tienen que rendir cuentas. Muchos ingenuos, que ahora descubren cómo se enriquecen y protegen algunos, seguirán pensando que este “descubrimiento” demuestra que hay un “capitalismo serio” que es capaz de regenerarse.

También están los que piensan que no hay que olvidarse que por encima de los “ricos” están los que mandan. Todo parece indicar que los “Papeles de Panamá” forman parte de una operación de inteligencia de “ésos”. Los que forman parte de “los que mandan”.

*Rafael Cuevas Molina. Escritor, filósofo, pintor, investigador y profesor universitario nacido en Guatemala. Ha publicado tres novelas y cuentos y poemas en revistas.
Es catedrático e investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos (Idela) de la Universidad de Costa Rica y presidente AUNA-Costa Rica.