Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Para cualquiera que haya visitado la Ciudad de Panamá en la última década, sabe bien del enorme flujo de recursos que de toda América Latina llegaron a ese país. Un crecimiento enorme en mercados inmobiliarios, en infraestructura, la gigantesca obra de ampliación del canal, parecían justificar un auge inusitado. El Miami centroamericano decían muy ufanos los panameños. ¿De dónde sale todo eso? ¿por qué en Panamá?

El establecimiento de empresas y fondos offshore, o paraísos fiscales, con regímenes extraordinariamente laxos en el flujo de recursos, el reporte a la autoridad o el pago de impuestos y regalías, hizo de Panamá en algo así como 15 años, el destino principal del dinero sucio. Y aquí vale la primera aclaración:

No es un delito tener una cuenta bancaria, de inversión o incluso de ahorro en uno de estos fondos, generalmente –dicen los especialistas en inversiones- ofrecen condiciones, rendimientos, facilidades, flexibilidad en el manejo y movimiento superiores al de otros fondos o bancos más vigilados. Pero sobretodo, lo que ofrecen es discreción. La mirada oblicua, desviada, omisa de una autoridad bancaria, financiera o de valores que debiera cumplir estándares internacionales de vigilancia y reporte.

Cuando HSBC tuvo problemas de lavado de dinero en México, al transferir y mover cantidades importantes al extranjero sin reporte ni candados, violó reglamentación estadounidense y tuvo que pagar multas, despedir empleados y realizar una investigación.

Sin embargo, más allá del precepto jurídico nacional –en Panamá- o internacional en contra del lavado de dinero, queda la evidencia incuestionable: ¿para qué necesitas sacar el dinero de tu país? ¿esconderlo? ¿disimularlo? ¿camuflajearlo?. Resulta evidente: para pagar menos impuestos en el origen de esos recursos.

Mossak-Fonseca, la firma objeto de la investigación –más de 11 millones de documentos y cientos de inversionistas- declara en su defensa que siempre ha actuado en apego a derecho en más de 20 países y ha fundado más de 240 mil empresas en 40 años.

Su propia declaración es una confesión expresa. ¿Con qué propósito una firma otorga la asesoría, gestión e incluso operación en la apertura de dichas empresas? Ocultar fondos, fortunas, recursos desviados o distraídos del tesoro público en sus países, o peor aún, producto del crimen organizado, el narcotráfico u otras varias actividades ilícitas.

Junto a los muy distinguidos mexicanos inversionistas cuyos nombres hemos conocido en las primeras horas, está ni más ni menos que Rafael Caro Quintero, el primer ícono del gran narcotraficante global, encarcelado en México por más de dos décadas, que fue liberado después de cumplir sentencia.

¡Qué honor! Imagine usted una junta de inversionistas, empresarios famosos, CFO´s de corporaciones mundiales, jefes de estado en ejercicio o después de haberlo sido y junto a ellos, narcotraficantes, contrabandistas, traficantes de armas.

¿Qué los une? ¿qué los identifica?

Tal vez el ánimo común de ocultar sus fortunas, la mayoría de ellas de orígenes –por lo menos- sospechosos, pero con frecuencia, delictivos.
Todos lo han negado: Putin desde Rusia y sus socios que han manejado más de 2 mil millones de dólares –de lo conocido- han desmentido; jugadores de fútbol, artistas, empresarios lo consideran un ultraje.

Pero la realidad simple, es que se trata de un acto de evasión fiscal, disfrazada de inversión rentable. Les dicen, “su dinero acá, le rendirá más…. Y de paso, paga menos o ningún impuesto”.

Algún futbolista, figura del entretenimiento se puede decir sorprendida, pero ningún financiero profesional ignora lo que está haciendo.

Los sistemas fiscales de los países se hacen cada vez más sofisticados, intercambian información, hacen rutas de seguimiento para lavado de dinero. Pero tengo la firme impresión, de que sólo lo hacen con los ciudadanos comunes, nunca con los poderosos, nunca con los dictadores y políticos que han desfalcado a sus países.

Los sistemas bancarios y financieros, son cómplices omisos, silenciosos, de estos delitos.

Leonardo Kourchenko. Periodista, reportero, conductor, columnista, locutor y escritor mexicano

El Financiero