Las elecciones peruanas del 10 de abril determinaron que dos partidos pasen a una segunda vuelta (balotaje): Fuerza Popular (FP), de Keiko Fujimori, y Peruanos Por el Kambio (PPK), de Pedro Pablo Kuczynski, que, según cifras oficiales al 98.99%, obtuvieron el 39.86% y el 21.01%, de los votos válidos, respectivamente.

Estas cifras, sin embargo, deben evaluarse como parte de un escenario más complejo, que se expresa, principalmente, en los siguientes datos:

  1. Si se toma en cuenta la totalidad de los votos emitidos sus porcentajes se reducen al 32.84% y 17.31% en cada caso.
  2. La «primera fuerza» de representación está formada por los ciudadanos que no se sintieron representados por ningún candidato, el 35.75% del total (y que agrupa al 18.15% de ausentes; al 11.95% de votos en blanco y el 5.65% de votos nulos).
  3. El Frente Amplio (FA), coalisión de movimientos de izquierda, liderados por Veronika Mendoza, obtuvo el 15.48% de los votos emitidos.
  4. Según la última encuesta de IPSOS existiría un empate técnico en segunda vuelta (con un 44% para PPK y un 40% para FP. El margen de error es de +- 2.3%). El antivoto de Keiko Fujimori es sensiblemente mayor (42% y 32%, respectivamente). El voto antifujimorista se explica por el fuerte rechazo de la ciudadanía a la figura del expresidente Alberto Fujimori, quien cumple una condena de 25 años de cárcel por delitos de lesa humanidad y corrupción.
  5. FP ganó en 15 de las 24 regiones del país. PPK ganó solo en una, el FA en 7 y Democracia Directa, del encarcelado exgobernador regional de Cajamarca, también en una.
  6. Todo indica que FP habría ganado 71 escaños por lo que tendrá una mayoría absoluta en el Poder Legislativo (el 55% del total de la representación).

De acuerdo con ello, la estrategia de FP pasaría por intentar desmarcar a la candidata del gobierno de su padre, a fin de disminuir su alto antivoto. Un primer paso ha sido la firma de un compromiso de respeto a la institucionalidad democrática, el estado de derecho y los derechos humanos. Sin embargo, este gesto no habría tenido la repercusión deseada, sobre todo después de que una congresista elegida por su partido, Cecilia Chacón, manifestara que «[Alberto] Fujimori tiene que salir por la puerta grande [de la cárcel]». Asimismo, el fujimorismo aún no logra deslindar de los delitos, a los que llama «errores», cometidos durante el gobierno de Alberto Fujimori. Como contrapeso, Fuerza Popular tendría más opciones de captar el voto rural, basado en el clientelismo y apoyo generados desde los noventa.

Por otro lado, el partido PPK tiene gran afinidad programática con FP, principalmente en el planteamiento económico, por lo que parte de la ciudadanía, —que considera que el modelo económico es excluyente y debe ser replanteado— se resiste a otorgarle un voto de confianza. En ese contexto, PPK (el candidato) no ha sabido desmarcarse de su clara simpatía por el fujimorismo, pues en las elecciones del 2011 declaró que votaría por Keiko Fujimori: «tenemos que tener esperanza en un Perú mejor, que en 5 años sea un país más próspero y menos pobre, queremos una economía estable. Y Keiko sí puede», dijo entonces. Se ofreció, además, como primer ministro de un posible gobierno fujimorista. En la actual campaña señaló estar dispuesto a firmar una ley para que Alberto Fujimori cumpla su condena bajo arresto domiciliario. Estas actitudes han llevado a que ese voto antifujimorista también se le resista. Asimismo, el candidato es percibido como una persona distante y con poca llegada al ámbito rural. Sumado a ello, la sierra sur, el bastión del FA, es el territorio con mayor déficit de Estado y donde, paradójicamente, se concentran las actividades de explotación minera, causantes de la mayor cantidad de conflictos sociales existentes, pero de vital importancia en el mantenimiento del modelo económico propuesto por FP y PPK. Además, la candidata a la segunda vicepresidenta de PPK, Mercedes Aráoz, es señalada como la principal causante del denominado «Baguazo», ocurrido el 5 de junio del 2009 (día en que se realizará la segunda vuelta electoral), cuando fue Ministra de Comercio Exterior, en el segundo gobierno de Alan García. Según la Defensoría del Pueblo, en ese conflicto murieron 10 civiles y 33 policías, y un policía permanece desparecido hasta hoy. Por último, PPK (el partido) no ha dado muestras de poder suscribir una hoja de ruta social que pueda convencer a parte del electorado de izquierda, que se resiste a brindar su apoyo a un partido cuyos seguidores no dudaron en adjetivarlos de proterroristas (inventándole vínculos con Sendero Luminoso y el MRTA). Incluso PPK (el candidato) llegó a referirse a Verónika Mendoza como «una media roja que no ha hecho nada en su perra vida».

En este complejo escenario, parecería que los resultados dependerán de la capacidad del partido PPK para convencer al electorado de que un gobierno suyo garantizará el estado de derecho, el respeto a los derechos humanos, y fortalecería la frágil democracia peruana. Pero para ello deberá desligarse completamente del fujimorismo y eliminar la percepción de que votar por PPK es votar por el fujimorismo sin Fujimori. Esta situación es más compleja si se toma en cuenta que FP, hasta el momento, cuenta con mayoría congresal. Por otro lado, el partido PPK deberá ser capaz de acercarse con credibilidad a las poblaciones rurales, que son las principales afectadas por los conflictos sociales y las actividades extractivas. Para ello debe ser capaz de quitarse la etiqueta de lobbista (o al menos, intentarlo) y garantizar el respeto a la consulta previa (Convenio 169 de la OIT) y la protección medioambiental. El objetivo será convencer a parte de los votantes del FA (Verónika Mendoza ha manifestado que la militancia tendrá un voto antifujimorista) y reducir el número de abstenciones, votos nulos y blancos. Por su parte, FP mantendrá su estrategia de recorrer el territorio peruano de manera estratégica y recurrir a un discurso de reconciliación y paz. Pero no es tarea fácil convencer a un gran sector de los votantes que tiene la sensación de que el principal objetivo del fujimorismo es liberar a Alberto Fujimori, lo que generaría una sensación de injusticia hacia las víctimas que esperan sean reconocidas como tal, y que los culpables paguen sus penas; y, finalmente, el retorno de un período nefasto de nuestra historia contemporánea.

Alfonso Bermejo. Economista.