La incertidumbre reina en torno a la decisión de si el Rally Dakar vuelve a Chile en 2017. La ministra de Deporte, Natalia Riffo, explicó este martes que ahora la pelota está en el tejado de la productora ASO, que tendrá que decidir si acepta o no la propuesta del Ejecutivo para recuperar su participación en la carrera.

Desde el Ministerio de Deportes plantearon a la organización poner los recursos económicos necesarios para la coordinación de la carrera y los recursos humanos que se utilicen, pero no pagar la cuota que Chile abonó cuando recibió la competencia entre 2009 y 2015, y que bordearía los 5 millones de dólares. Según explicó la ministra, las condiciones económicas del país no permiten ir más allá.

A pesar de la incógnita que gira alrededor de la edición de 2017, lo cierto es que el Gobierno “por supuesto” que quiere que la competencia recorra el norte chileno, “de eso no hay duda” porque, en opinión de la ministra, “es importante que el rally Dakar tenga al desierto de Atacama, así lo quieren nuestros pilotos”.

Quizás lo quieran los pilotos del país, y también algunos políticos regionales, como el senador por la región de Atacama, Baldo Prokurica, quienes justifican que el evento es una oportunidad tanto para el comercio y turismo de la zona como para los pilotos nacionales.

Hipotecar el patrimonio

Sin embargo, la carrera no es bienvenida para muchas otras personas, especialmente las comunidades originarias del norte que, a parte de denunciar los daños que la competencia produce en sus territorios ancestrales y en el medioambiente de las zonas que recorre, se quejan de no ser consultados sobre la ruta de la competición que recorre sus tierras.

También se pronunciaron en contra del megaevento deportivo los colectivos de arqueólogos y antropólogos tanto de Chile -como el Colegio de Arqueólogos– como de Perú, Bolivia y Argentina, por donde también circula el rally. A través de un comunicado, los profesionales denunciaron que provoca una “severísima alteración del medio ambiente, generando una ‘huella’ de decenas y hasta varias centenas de metros de ancho. Todos aquellos elementos de la más diversa naturaleza, sea ésta vegetal, animal, o mineral que se encuentren sobre la superficie, o inmediatamente por debajo de ella, son invariablemente afectados o destruidos por completo.”

Desde el gremio defienden que el patrimonio arqueológico debe ser valorado y protegido “por cuanto es resultado de los procesos históricos que conformaron y conforman a las sociedades y a sus identidades y el medio insustituible para el conocimiento del pasado y resignificación del presente; además de un recurso turístico generador de ingresos genuinos”.

Por su parte, el senador Guido Girardi (PPD), presidente de la Comisión Desafíos del Futuro del Senado. Frente a las palabras de Natalia Riffo manifestando la disponibilidad de restablecer la cursa, el senador criticó que el Dakar “daña nuestra cultura, identidad, recursos naturales, medio ambiente y, particularmente, el patrimonio histórico y arqueológico”.

El congresista recordó que “hasta la fecha se han destruido más de 300 valiosos sitios arqueológicos y parece no importarle a nadie. Esto da cuenta de una sociedad sin espesor y profundidad cultural y que no entiende el valor de la preservación”.

Para Girardi, el que no exista sanción penal por ninguno de los 306 sitios dañados es una “violación impune” a la Ley de Monumentos Nacionales que en su artículo 38° establece que quien “causare daño en un monumento nacional, o afectare de cualquier modo su integridad, será sancionado con pena de presidio menor en sus grados medio a máximo y multa de 50 a 200 unidades tributarias mensuales”.

A su juicio, las autoridades que han permitido la actividad “son cómplices y debieran ser juzgados” por la destrucción de 306 sitios arqueológico de casi 1.700 lugares identificados como tales en las seis versiones anteriores del Dakar.

“Le quiero advertir a nuestras autoridades que, si llegan a aprobar que el Dakar 2017 pase por Chile, los vamos a acusar penalmente ya sean intendentes, subsecretarios o ministros por cualquier daño que ocurra, al igual que a los organizadores”, afirmó el senador por Santiago Poniente.

Chile recibió el Dakar desde su primera versión en Sudamérica en 2009, luego que el rally abandonó su ruta habitual entre Europa y África por la amenaza de un grupo afín a Al Qaida. Sin embargo, Chile decidió retirarse en 2016 tras los aluviones que azotaron al norte del país en marzo de 2015, y que arrasaron con poblados, muchos de ellos ubicados en el desierto de Atacama, una de las mayores atracciones de la carrera.

El Ciudadano