Por Martín Piqué

Raúl Zaffaroni renunció a la Corte Suprema al llegar a los 75 años, como lo establece la Carta Magna. Aquella decisión, sin embargo, no debe leerse como un retiro de los debates jurídicos. Mucho menos como una jubilación. Zaffaroni mantiene un protagonismo importante en los asuntos públicos. Una escena reciente –una foto que circuló a través de diarios y portales de noticias- lo muestra involucrado en cuestiones de la más estricta actualidad: el miércoles 13 de abril, bajo la llovizna de una jornada gris y atípica para la zona de Retiro, Zaffaroni escuchó el discurso de la ex presidenta Cristina Fernández entremezclado con la multitud. Estaba parado en primera fila, al pie del palco improvisado desde el que habló CFK. Enfundado en un impermeable, sin paraguas, el ex juez de la Corte fue un testigo privilegiado de todo lo que sucedió allí. De hecho, Zaffaroni fue uno de los juristas –el otro, Carlos Beraldi- que asesoró a la ex mandataria tras ser citada por el juez Claudio Bonadío.

-El miércoles 13 de abril, en la citación a Cristina Fernández por parte de Bonadío, se lo pudo ver en Comodoro Py. ¿Qué fue lo más importante del discurso que pronunció allí CFK?

-Ante todo, su reaparición misma. Cristina es la figura política central de la Argentina. Pueden criticarla, decir lo que quieran, pero incluso quienes lo hacen están confirmando su importancia. El discurso mostró prudencia, llamado a la concordia. Debemos admitir que muchos votaron confundidos y aún lo están. Es muy posible que haya habido cansancio, ver siempre las mismas caras, los mismos planteos. En la democracia a veces se reclama alternancia, lo que no deja de ser sano. Pero lo que vivimos no es una alternancia, sino un cambio de régimen, algo que compromete el futuro de generaciones. Alternancia podía haber, por ejemplo, con un radicalismo a la Alfonsín, pero no con las corporaciones transnacionales. Eso es necesario que lo comprendamos todos. El discurso iba por ese lado, muy bueno en este sentido. No fue partidista en el sentido de pretender adueñarse de la verdad. Además, convocó a un frente que no pregunte a quién votaste ayer, a algo pacífico, y eso es fundamental, es básico que se organice algo, porque la regresión, como muestra toda la historia, generará reclamos, protestas, y se debe prevenir cualquier género de violencia, eso es fundamental, elementalísimo. Una organización que contenga y oriente es indispensable para que nada se desvíe por donde no debe desviarse. Por otra parte, habló de “libertad”, un concepto que debe recuperar el campo popular y nacional, y que es nuestro, no de las oligarquías ni de las corporaciones, que lo usaron ayer para bombardear la Plaza de Mayo y hoy para dejar a cientos de miles de trabajadores sin empleo.

-En la presentación que hizo CFK ante Bonadío habló varias veces de la “incompetencia” técnica del juez. ¿Comparte usted ese diagnóstico?

-Desde mi punto de vista, creo que la principal falla radica en la causa misma, no nos perdamos en tecnicismos ni en finezas. ¿Se podía cambiar la política monetaria sin causar daño al patrimonio del Banco Central? Sí, simplemente haciéndolo en pocos meses y no de golpe. Todo eso sin contar con la posibilidad de renegociación o de anulación. Si no se lo hizo, es claro que el daño lo causan los que devaluaron de golpe. ¿En beneficio de quiénes? Pues de los que compraron los dólares. Basta leer el inciso 7º del art. 173 del código para ver que esto encaja perfectamente en la descripción. Por otra parte, hay algo que no podemos dejar de lado: nadie mencionó a Cristina, ni los denunciantes ni el fiscal, sino únicamente el juez, que saca la imputación de la manga. Con ese criterio, todas las consecuencias de cualquier política, en un sistema presidencialista, serían atribuibles al presidente. Me parece que como criterio de imputación penal “objetiva” es una vuelta a la causalidad ciega, abandonada por toda la doctrina por absurda hace casi siglo y medio. Hoy hay una discusión doctrinaria enorme acerca del límite en la imputación penal de resultados. Los despidos masivos de Macri causaron suicidios y muertes. ¿El juez, atendiendo a la causalidad, lo procesaría por homicidios con dolo eventual? ¿No eran previsibles? ¿No se representó la posibilidad del resultado? ¿No lo hizo pese a esa representación? No quiero meterme en tecnicismos, pero para los abogados les recuerdo que para el homicidio basta el dolo, en vez, para el delito imputado a Cristina se requiere la ultrafinalidad de causar perjuicio o de beneficiarse o beneficiar a un tercero, es decir, mucho más que el simple dolo.

-En el ambiente judicial se escucha que los intentos de comprometer a CFK a través de la causa de venta de dólares a futuro no van a prosperar, porque no son actos judiciables sino decisiones de política económica y monetaria. -Ordenemos un poco los argumentos. En principio, es cierto que los jueces no pueden dictar políticas económicas y, por ende, en principio no se pueden criminalizar. A mi juicio no hay cuestiones absolutamente “no judiciables”, pero hay grados de “judicialidad” y, en principio, una política como tal no es judiciable, porque de lo contrario los jueces estarían gobernando fuera de su competencia. Conforme a esto, no es “judiciable” ni una política de control de cambios ni una de liberación del dólar, más allá de la que a mí me guste. Pero sí es judiciable que se cambie la política monetaria sin tomar los recaudos para evitar el daño de un cambio abrupto, sabiendo que se producirá si se lo hace abruptamente, que se puede evitar y que ese perjuicio beneficiará a algunas personas, que son los que compraron los dólares a futuro. Es absurdo que luego, cuando el daño evitable se haya producido, se pretenda imputarlo a quienes decidieron la política monetaria anterior, cuando el daño lo produce la devaluación abrupta, a lo bestia por así decir. Pero además de esto, en la causa hay una particularidad que debe destacarse: Sturzenegger, en un momento, le envió un oficio al juez, advirtiéndole que está entregando los dólares a la cotización calculada a futuro y preguntándole qué hacía, si continuaba entregándolos a ese precio o si dejaba de hacerlo. Y el juez le responde que los siga entregando. Dejemos de lado la contradicción y, a solo efecto demostrativo, presupongamos que hubo un delito. Los delitos tienen momentos consumativos, pero que no agotan el resultado. Así, si quiero robarme las 50 sillas de un salón y lo hago con un camioncito que solo carga 25, en cuanto me llevo las primeras 25 ya consumé el delito. Pero vuelvo y me llevo las otras 25. No se trata de dos robos, sino del agotamiento del resultado del primero y único robo. Es claro que si un juez interviene cuando vuelvo a buscar las segundas 25 sillas, lo primero que deberá hacer es evitar que me las lleve. ¿Está claro? Pues bien, en el caso, Sturzenegger le advierte al juez que se está agotando el resultado del supuesto delito, y el juez le responde que lo siga haciendo, algo así como que me permitan llevarme las otras 25 sillas. ¿Se entiende?

-También entre los juzgados federales y algunos medios de comunicación se escucha que la causa Hotesur es la que más podría complicar a la ex presidenta. ¿Está de acuerdo? y ¿por qué?

-Es incuestionable que cuando se imputan cosas en que están en juego peritajes contables y discusión sobre documentación, fechas, operaciones, etc., es mucho más difícil explicar públicamente la inocencia en forma clara, que cuando se imputa algo disparatado, como es en este caso, en que la explicación es transparente. Lo judicial y lo procesal tiene reglas, pero ante los medios, se sigue la vieja regla de ensuciar, difamar, que siempre “algo queda”, y queda más cuando hay más complejidad procesal, simplemente porque es más difícil de explicar, no porque haya culpabilidad. En este caso, la inocencia es transparente, por eso dicen que hay más complejidad en otras causas, no porque haya culpabilidad, sino porque tienen más capacidad de echar porquería sobre las personas.

-Una supuesta maniobra de corrupción también se utilizó contra Dilma Rousseff para fundamentar el inicio del trámite de impechmeant. ¿Ve similitud entre los movimientos del Poder Judicial de la Argentina y Brasil?

-Entre ambos procesos hay muchas cosas semejantes, pero lo más notorio es que en ambos casos la represión social penetra por dos agujeros institucionales: el monopolio de medios de comunicación y la partidización de un sector del Poder Judicial. En ambos casos no se hicieron reformas institucionales que prohibieran el monopolio mediático y que limitaran el poder partidista de los jueces. Aquí se lo intentó con la Ley de Medios, sin resultado. En Brasil ni siquiera se lo intentó.

-¿Por qué la derecha latinoamericana utiliza la denuncia sobre corrupción contra los gobiernos populares y sus líderes?

-No me atrevo a calificar a esto de “derecha”. En el mundo actual la confrontación es entre política y corporaciones, entre sociedad incluyente y excluyente, entre independencia y colonialismo. En el campo popular, el de la política, la inclusión y la independencia, puede haber quien quiera ir más rápido y quien quiera ir más lentamente, y todo eso es válido, mientras que en la vereda de enfrente está el sometimiento al poder mundial de las corporaciones, en un mundo en que un cuarto de su población consume lo que no necesita y tres cuartas parte no tienen lo necesario para vivir dignamente y algunos para sobrevivir.

-¿Y la imputación de corrupción?

-La corrupción fue siempre el argumento deslegitimante de los agentes colonialistas en América Latina. ¿Qué se dijo de Yrigoyen? ¿Qué no se le dijo a Perón? ¿Te olvidaste de la cuenta suiza de Evita? Son miserias de otros tiempos, y quizá podamos ir mucho más atrás, con los bienes de Rosas y otros. ¿Hay alguna proclama golpista en que no se hable de corrupción? El colonialismo no tiene otra forma de ensuciar la imagen de los líderes de lo que hoy llamamos “derecho al desarrollo humano”, que imputándoles corrupción, es decir, proyectándose ellos mismos en esos líderes, porque siempre los personeros del colonialismo fueron los mayores corruptos y delincuentes de nuestra historia. Es verdad que en el mundo, en las últimas décadas, uno de los principales problemas es el financiamiento de la política. Las corporaciones tienen el dinero, pueden financiar a sus personeros, puede comprar y vender cosas sucias, no solo las campañas y todo lo visible, sino también lo invisible de la política, en tanto que los políticos que no están asociados con ellas, carecen de recursos. Eso no solo pasa con los políticos del campo popular latinoamericano, sino también ha habido casos parecidos en Europa. El que no es personero de corporaciones o no les cae del todo bien, no tiene dinero, obvio, eso es un problema. Además, hay otra cosa que es independiente. No sé cuántos funcionarios necesita una administración, pero se dice que no menos de 3000, entre ministros, secretarios, subsecretarios, directores generales, subdirectores, jefes, etc. ¿Hay acaso algún partido que dispone de cuadros para todo eso? E incluso en el supuesto de que lo hubiese. ¿Alguien sería capaz de garantizar la honestidad de ese número de personas?. Vuelvo a lo mismo: más institucionalización, burocracias fuertes y de carrera es lo que necesita una democracia que quiera consolidarse.

-¿Qué opina de estos 120 días de gestión de Macri?.

-Creo que está a la vista: despidos, inflación, devaluación del salario real, de las jubilaciones y pensiones, desmontaje cultural, censuras, desguace de la república con un Ejecutivo que manipula a los otros dos poderes, apresuramiento para endeudar y comprometer el destino de todos por años, paralización de los proyectos científicos y técnicos, amenaza a las universidades porque son “demasiadas”, despidos masivos porque se supone que había 100 mil “ñoquis”, desempleo privado, eliminación de retenciones no solo para el campo sino también para la minería, ¿Qué más puedo decir? Es un claro programa colonialista y de concentración de riqueza. Las palabras son claras: estamos mal pero vamos a estar muy bien en diez años.

-¿En qué se equivocó el proyecto nacional y popular en su última etapa como para permitir el acceso al Estado nacional de un partido que representa a las corporaciones?

-Creo que no es momento de pasar facturas ni mucho menos. Bajo la expresión “autocrítica” muchas veces me parece ver eso y no me gusta. Errores cometen todos. Lo que señalo, más que un error, fue una omisión. Se omitió lanzar la idea de una reforma institucional y constitucional. No sé si se podía llevar a cabo, pero por lo menos había que lanzar la idea, destacar la necesidad, hacer una mínima señal. Ahora es momento de largar la “idea-fuerza”: es necesaria una refundación institucional de la Nación. No podemos seguir con una Constitución que permite que una persona, por una mayoría de 2%, controle los tres poderes del gobierno. Esto no es una cuestión de “juristas sabios”, es un problema político general que nos incumbe discutir a todos. Los “juristas sabios” se encargarán en su momento del envase, pero el contenido debe discutirse políticamente y para eso no se necesita ser “jurista sabio”, es una discusión que debemos llevar adelante todos, bien amplia, con participación lo más amplia posible, oyendo todas las voces.

Recuadro

“Impulsar a otros con el ejemplo”

“Sinceramente, espero que ustedes, los trabajadores de Tiempo Argentino, tengan el mejor de los éxitos en este emprendimiento, y lo digo porque el éxito de ustedes nos debe alegrar a todos. Vivimos tiempos difíciles para la comunicación social, todo nuevo protagonista que se exprese libremente, al margen de los monopolios y de la lucha crematística inmediata que no repara el límites éticos y a veces legales, debe ser bienvenido y apoyado sin reservas. Estoy seguro de que ustedes contribuirán a desmontar una creación de realidad totalmente distorsionada. No podemos tener democracia con monopolio de medios, con una única construcción de la realidad, con una tentativa de aplanamiento de nuestra riqueza cultural. Los felicito y les reitero mi deseo de éxito. Ustedes pueden impulsar a muchos otros con su ejemplo, ténganlo en cuenta cuando estén tentados de caer en el desánimo”.

Tiempo Argentino