Se abre una nueva etapa en el Brasil. Después de batallar durante más de un año los sectores de la derecha conservadora lograron destituir a Dilma Rousseff. Casi desde el momento que asumió su segundo mandato el 1 de enero de 2015 el objetivo manifiesto de la oposición fue destituirla. Un año después lo lograron.

Ahora Michel Temer, que acompañó a Rousseff en 2014 en la fórmula presidencial, asume la presidencia interina. Si Rousseff es absuelta del juicio político retornará a su cargo, pero Temer quiere concluir el mandato constitucional que concluye el último día de 2018. Lo curioso es que el partido de Temer –el Partido del Movimiento Democrático Brasileño- fue un actor central para lograr la destitución de Rousseff a pesar de acompañar a Lula da Silva y Dilma Rousseff durante tantos años. Está claro que el PMDB terminó siendo un salvavidas de plomo para el proyecto político de Lula y Dilma. Lo necesitaron para gobernar porque sin el PMDB no alcanzaban la mayoría en el Congreso, pero una vez que decidió abandonarlos, los hundió.

Temer no asume para continuar las políticas de la presidenta sino todo lo contrario. Su objetivo manifiesto es dar un giro de 180 grados en lo económico, político y social, y probablemente en su política exterior para alejarse de la corriente progresista latinoamericana. Los editoriales de algunos de los diarios brasileños son elocuentes y reflejan claramente el rumbo que tomará Temer aunque en su discurso de posesión diga que mantendrá los programas sociales que favorecen a los más pobres. El editorial de O Estado de Sao Paulo dice que Temer llega para “rescatar al país del nefasto dominio del populismo irresponsable (…) el país se librará de la nefasta hegemonía política del lulopetismo”. Además, sin tapujos, le sugiere que tenga el coraje de adoptar “medidas de emergencia impopulares sin las cuales será imposible el saneamiento de las cuentas públicas”. En sintonía, el editorial de Folha de Sao Paulo asegura que “Temer hace todo para diferenciarse de Dilma (…) asumió sin rodeos un discurso liberal”.

En estos giros extraños de la política brasileña Temer será acompañado por el partido que perdió las elecciones en 2014. Esto quiere decir, que un partido que fracasó en las urnas llega al gobierno sólo porque fue desplazada la presidenta y su compañero de fórmula se pasó a la oposición. Sin lugar a dudas algo poco común.

Por otra parte, la situación en Brasil afectará a toda América Latina. Apenas conocida la destitución de Dilma la cancillería argentina emitió un comunicado donde manifestó que “respeta el proceso institucional que se está desarrollando y confía en que el desenlace de la situación consolide la solidez de la democracia brasileña” en un claro aval al proceso de destitución de Dilma y al nuevo gobierno de Temer. Por el contrario, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba no dudaron en hablar de “golpe de Estado”.

Hace tiempo que el presidente de Ecuador Rafael Correa alerta sobre una “restauración conservadora” en la región. Probablemente, ni siquiera él imaginó un gabinete tan conservador como el de Temer, que no incluye una sola mujer, algo que no sucedía en Brasil desde la época de la dictadura militar liderada por Ernesto Geisel entre 1974 y 1979. Todo un símbolo.

Temer estará al frente de un gobierno conservador y neoliberal calificado de “golpista”, y carente de legitimidad. Cuesta creer que traiga la pacificación y unión nacional que promete. Más bien se puede pensar que se abre un período de profunda inestabilidad política en Brasil.