En momentos en que la mesa de diálogo de La Habana define los términos para el cese al fuego bilateral y definitivo, y la forma en que se llevará a cabo el proceso de DDR (Desmovilización, Desarme y Reintegración) de las Farc, una de las expertas que estuvo en Cuba asesorando el proceso de paz, con el apoyo del gobierno sueco, llama la atención sobre la importancia de incluir la perspectiva de género en este punto de la agenda.

Chris Coulter es sueca y experta en la aplicación de la Resolución 1325 de Naciones Unidas, que recomienda a los Estados garantizar la participación de las mujeres, en condiciones de igualdad, en la prevención y solución de los conflictos y en la consolidación y el mantenimiento de la paz. Ha estudiado la reincorporación a la vida civil de mujeres excombatientes en países africanos. Hoy trabaja en el Ministerio de Relaciones Exteriores, liderado por Margot Wallström, quien al momento de su posesión, en 2014, soltó una afirmación que le daría la vuelta al mundo: declaró que la política exterior de Suecia sería feminista. Desde su oficina en Estocolmo resalta por qué es importante el nivel de participación que tienen las mujeres en la mesa de negociación, que aunque insuficiente, es histórico, si se compara con otros procesos de paz.

¿Qué significa tener perspectiva de género en los procesos de DDR?

La perspectiva de género debe ser incorporada a todo el proceso. Desde la planeación y el diseño hasta la implementación, el monitoreo y la evaluación. Por ejemplo, el diseño de los campamentos debe prever baños separados para hombres y mujeres, instalaciones de salud para ambos géneros, si hay niños acompañando a las desmovilizadas, sus necesidades también deben ser tenidas en cuenta. Es importante la planeación y el diseño del entrenamiento formal y vocacional. Muchos programas no empoderan a las mujeres excombatientes, sólo les proveen entrenamiento para reforzar la subordinación femenina y no hacen nada para empoderarlas. Podría ser más importante enseñarles derechos humanos y gobernancia local, que a cocinar o tener una peluquería.

¿Qué experiencia tiene de otros procesos de desmovilización?

La mayoría de los procesos de DDR carecen de una perspectiva de género. Pero las cosas se están moviendo en la dirección correcta. En Liberia y Sierra Leona había muchas mujeres, pero los programas las excluyeron cometiendo el error de creer que sólo los hombres son combatientes. Algunas mujeres se desmovilizaron, pero los programas no tuvieron en cuenta sus necesidades.

¿Cuál es su concepto acerca del proceso de paz en Colombia?

Tengo la esperanza de un resultado positivo. Aprecio que haya una subcomisión de género, que los de la subcomisión para el fin del conflicto tengan entrenamiento en temas de género, que haya mujeres negociadoras y que las consultas con la sociedad civil, especialmente con grupos de mujeres, han sido muchas. Esto hace que las negociaciones colombianas sean únicas. El mundo está observando y esperando, y si la paz es exitosa, este puede ser el modelo que se exporte a muchos otros contextos de conflicto.

¿Cómo evalúa la participación de las mujeres en la mesa?

Al comienzo no era buena. Ha mejorado y el año pasado ganó mucho impulso. Cuando Nigeria Rentería se fue, me sentí preocupada. Creo que fue una buena decisión reemplazarla en la subcomisión por María Paulina Riveros, pero significa que ella tiene más responsabilidades y debe asumir todo el peso. También estoy feliz de que en la subcomisión de fin del conflicto haya mujeres, aunque podrían haber sido más.

Algunas voces dicen que esa participación no es suficiente, ¿qué piensa usted?

Estoy de acuerdo. No es suficiente. Pero en este punto de las negociaciones se debe avanzar con lo que tenemos. Lo importante es que el acuerdo es muy claro en la inclusión de mujeres en todas las etapas de la implementación. ¡Esta será una prueba! Colombia es un país progresista en muchos sentidos, pero también está lleno de contradicciones. Las personas en la capital están bien educadas en temas de derechos humanos, en general, pero no tanto en temas de derechos de las mujeres.

¿Por qué es tan difícil conseguir que los hombres -en negociaciones de paz- acepten que las mujeres participen en las decisiones?

Esta es una pregunta difícil. Creo que proviene de la idea patriarcal de que los hombres pertenecen a los escenarios públicos, mientras las mujeres deben quedarse en el doméstico. Colombia tiene algunas mujeres en los puestos más altos de la sociedad, pero son la excepción, no la norma. Y esas mujeres en altos puestos muchas veces pertenecen a una élite educada. Mira a los grupos minoritarios, hay una gran ausencia de ellos en términos de representación. Las negociaciones de paz también tienen que ver con el desembolso del poder. ¿Quién controlará qué? ¿Quién obtendrá qué una vez el conflicto haya terminado? Si las mujeres han sido criadas de forma en que siempre deben subordinarse ante los hombres, esto puede tomar un par de generaciones en cambiar. Algo del problema también está en el nivel normativo, la forma en que se espera que mujeres y hombres se comporten, lo que es considerado femenino y masculino, qué es un buen/mal hombre/mujer. En el caso colombiano hay un ideal de machismo y marianismo con el que tienen que lidiar.

¿Qué tipo de medidas adoptar en el proceso de DDR, teniendo en cuenta que el 40 % de la guerrilla son mujeres?

Es muy importante que las mujeres sean reconocidas por las capacidades que alcanzaron durante su tiempo en las fuerzas insurgentes. Muchas fueron víctimas de abuso sexual y deben recibir atención. Eso no quiere decir que no puedan ser buenas líderes y tener posiciones estratégicas en el posconflicto. Deben recibir entrenamiento y educación adecuados. Algunas querrán participar en elecciones de gobiernos locales y por eso necesitan capacidades de gobernancia, legislación, etc. Las diferentes fases en el proceso de DDR deben ser planeadas y ejecutadas enfocándonos en las necesidades de género. Esto también incluye entrenamiento en derechos humanos y de mujeres para los hombres. Las mujeres no pueden tener la responsabilidad exclusiva de cambiar las normas negativas de género en toda la sociedad.

¿Los hombres son importantes en los temas de género?

Ellos son extremadamente importantes para resolver los problemas de equidad de género. ¡Los hombres también tienen género! Es un error pensar que género sólo significa mujeres. Los temas de género tratan sobre las relaciones sociales entre hombre-mujer, mujer-mujer y hombre-hombre (algunos también incluirían los transgéneros). Un análisis de género observa tanto hombres como mujeres, incluye un análisis de poder, y desafortunadamente esto casi siempre revela que las mujeres tienen menos poder que los hombres y por eso hablamos más de empoderamiento femenino, pero es igualmente importante hablar con y sobre los hombres. Los roles de género no cambiarán si los hombres no cambian.

¿Cuál será el principal reto para las mujeres colombianas después del conflicto?

Creo que habrá muchos retos, grandes y pequeños. ¿Habrá mujeres en los cargos públicos? ¿Habrá mujeres en la judicatura, la Policía o en las Fuerzas Militares? ¿Habrá mujeres conscientes de los temas de género incluidas en todas las etapas del acuerdo de paz? ¿Será que mujeres provenientes de minorías indígenas y afrocolombianas serán incluidas en las estructuras de gobierno? Claro que si las mujeres no conocen sus derechos o no profundizan en la equidad de género, sería mejor darles el trabajo a hombres que sí estén al tanto de estos temas. El conocimiento sobre la equidad de género es algo que debe ser aprendido, no es natural. Algunos hombres se pueden convertir en campeones de la equidad. Es importante identificarlos y hacer alianzas con ellos. Hacer que los hombres entiendan que ellos también pueden beneficiarse de la equidad de género.

¿Cuáles son los retos que enfrentan las mujeres en los procesos de DDR?

Mi experiencia es que en muchos grupos armados, ya sean rebeldes, ejércitos de liberación o milicias, las mujeres pueden tener puestos de importancia durante la lucha (algunos grupos tienen castigos muy fuertes por violencia sexual), pero una vez la lucha se acaba, muchas de esas mujeres que tuvieron posiciones importantes se hacen invisibles. Sus nombres no están en los libros de historia, ellas no logran poder político y no son recordadas en los festejos de los veteranos. Son silenciadas y olvidadas, aunque lucharon tan duro como los hombres y algunas veces tenían más que perder al hacerlo. Cuando ellas vuelven a la vida civil encuentran grandes dificultades para incorporarse. Muchas de las que conozco tuvieron dificultades para casarse, los hombres les tenían miedo, sus familias les temían, pero los planificadores las veían sólo como mujeres, víctimas o sobrevivientes, no como líderes. Colombia podría hacer una verdadera diferencia, especialmente al ver que hay tantas mujeres en las Farc.

El Espectador