Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

En el tercer discurso de la Presidenta Bachelet los temas ejes ya han sido parte de la síntesis de conteo de palabras, temas y reacciones de los actores políticos y sociales. Una cuenta pública nuevamente marcada por los hechos de violencia y el rol de los medios de comunicación en la cobertura de la noticia. Pero un aspecto que no se ha mencionado es la constatación de la preeminencia de las variables macroeconómicas por sobre la dimensión política- social.

Es innegable que para algunos analistas al contar palabras aparezcan “Chile,” “Estado”, “público”, “país” un mayor número de veces que el uso del léxico: “empresas”, “privados”, pero esto no significa que en la agenda de decisiones de política pública exista una correlación de fuerzas inclinada al fortalecimiento del Estado. Muy por el contrario, en esta Cuenta Pública se consolidó el viraje a la derecha y la agenda decisional pro-empresarial.

La última afirmación se evidencia al analizar los temas, uso del léxico y fijación de las posiciones ideológicas en el discurso. A simple vista se observa un discurso plano, sin énfasis claros, lógica de recuento y con una tendencia a la búsqueda de macroacuerdos. Sin embargo, en cada afirmación, omisión, relaciones causa- efecto, ejes de inclusión y exclusión de tópicos/actores, están fijadas las posiciones políticas del ejercicio del gobierno.

Las primeras frases del discurso diagnosticaron el malestar social de Chile con el uso de preguntas y respuestas en base a un mix de informes sobre calidad de la democracia, crisis de representación, ruptura de las elites y la ciudadanía; diagnósticos sobre los chilenos y su relación con el poder (alta influencia de los informes del PNUD sobre paradojas de la modernización). Bachelet y la Nueva Mayoría apelan en el discurso político al saber- didáctico de este diagnóstico. La paradoja es que en sus definiciones de políticas y decisiones se mueven en torno al status quo y validan por acción la continuidad del modelo económico que promueve la existencia de altas desigualdades; concentración del poder y la riqueza.

Después de la justificación del contexto político que conforma el diagnóstico, se pueden identificar las dimensiones argumentativas y cuatro frases anclas del discurso que representan el posicionamiento ideológico de la última fase del gobierno y sus prioridades de política pública: El diagnóstico: “La desconfianza se instala y existen problemas de cohesión social”; La priorización de agenda decisional: “Nuestra economía ha estado estancada, hay malas prácticas, el Estado lento y mercados poco transparentes” ; “Sin crecimiento económico no hay progreso” y El liderazgo: “El populismo es opuesto a los cambios serios”; La falacia argumentativa de los logros, la renuncia a las reformas estructurales prometidas: “Hemos logrado la obra gruesa”.

Los argumentos estandarizados sobre “la falta de confianza y cohesión” operan como articuladores para un “consenso” se despolemizan estas ideas, y se presentan como una verdad que permite promover un discurso unitario para dar preeminencia a la agenda de crecimiento económico. El uso del posesivo plural “nuestra economía” apela a la importancia global de una economía que pertenece a todos/as y la selección de la frase “malas prácticas”, permite nominalizar, no hay sujetos, actores responsables; puede englobar todo lo que imaginemos en base a lo que conocemos y experimentamos en la noción individual.

En este mismo sentido ¿el problema son los mercados poco transparentes? Sin sujetos participantes, sin problematización, ni estudios citados, finalmente las “malas prácticas” engloban todo lo que parece negativo del actuar político, sin distinciones, quedan en igualdad de condiciones la corrupción, colusión empresarial, monopolios, abusos de poder, financiamiento irregular/ilegal de la política, puerta giratoria del poder, por nombrar algunos de los temas que han marcado la coyuntura política y han develado con claridad que estamos hablando de situaciones concretas más allá de la nominalización “malas prácticas”.

El populismo adjetivado en forma negativa es una constante en los discursos de Bachelet, en este caso, centra las acciones del gobierno y su liderazgo en la institucionalidad vigente y los repertorios de acción de lo establecido. Por otro lado, la frase/slogan “la obra gruesa ha terminado” es una renuncia a las grandes reformas instaladas desde la falacia argumentativa de que en los dos primeros años de gobierno se diseñaron e implementaron las grandes reformas, las que fueron reducidas a las siguientes: reforma tributaria, aumento cobertura preescolar, partida proceso constituyente, eliminación del sistema binominal y leyes de transparencia.

Un aspecto llamativo, es cuando vincula que todos estos logros ya son parte del pasado y que en el presente se debe “reprogramar por restricción de recursos y búsqueda de acuerdos amplios”, la aseveración que sentencia la inmovilidad del curso de las reformas. Todo esto reforzado en otorgar un valor fundamental al “respeto por la propiedad privada y al mismo tiempo derechos sociales”. Es el único momento del discurso que menciona la palabra “derechos sociales” después de afirmar el respeto a la propiedad privada y la importancia de las leyes y tradición jurídica de Chile (apela al status quo).

El discurso y la política social: acceso/ necesidades/ beneficiarios/subsidios

Un discurso político que apela a la modalidad del saber- hacer en una rendición de cuentas rutinaria, revisando los hitos de logros por sectores de las políticas públicas. En esta oportunidad se exaltan la gratuidad en educación (subsidio a la demanda), y en el anuncio de la reforma de educación superior el foco es cobertura y reglas del juego. Se reafirma la gratuidad como una política focalizada y aparece destacada la importancia de la Formación técnica para el desarrollo del país asociada a las necesidades empresariales.

Las políticas de vivienda se consolidan con más subsidios. El modelo de políticas sociales desde el enfoque de necesidades y un accionar reducido por parte de las comunidades. Las lógicas del Estado subsidiario y los programas responden a la búsqueda de los beneficios individuales (la familia) que es el metacolectivo más usado del discurso al referirse a los beneficiarios de políticas sociales, los incentivos son individuales y no colectivos.

La importancia de los discursos politicos rutinizados -como el del 21 de mayo- radica no tanto en lo que se dice como en aquello que se omite.

Se omite en todo el discurso hablar de movimientos sociales, partidos políticos, enfoque de derechos, titularidad de derechos, universalización. En educación las palabras excluidas del discurso: lucro y democratización, en medioambiente el agua como derecho humano, conflictos sociales territoriales, demandas locales medioambientales, bien común, derogación de la ley de pesca ( se habla de perfeccionar la ley de pesca en base a la comisión de expertos FAO ) en la importancia del capital humano y la creación del Ministerio de Ciencia y tecnología, se invisibiliza el rol social de la investigación y la ciencia, y sobre el reciente conflicto de Chiloé una deliberada reducción del problema socioambiental en palabras de Bachelet a un “episodio de marea roja que impide a las familias pescadoras acceso a los recursos” y “agradece a los alcaldes y familias de pescadores por llegar a acuerdos”; y como logro exalta que “hemos creado una comisión de científicos de alto nivel que investigue el fenómeno”. No hay ninguna mención a la industria salmonera y sus efectos en el sur de chile, la ausencia del Estado regulador y los efectos de destrucción del medioambiente, las demandas de calidad de vida y derechos sociales del movimiento de Chiloé. Los tabués del discurso en temas valóricos, políticos y modelo de desarrollo que expresan la orientación y definiciones de un gobierno que cada vez se aleja más de una mínima orientación socialdemócrata.

Los grandes temas ausentes que han estado en la agenda pública de la última década y estaban en el programa de gobierno: Ley de identidad de género, despenalización del aborto en tres causales (sin urgencia para discutir en el senado), matrimonio igualitario, educación sexual, reforma de las Isapres, reforma previsional cambios estructurales más allá de la AFP estatal, reforma laboral, ley reservada del cobre, entre otras. ¿De qué programa transformador hablan? Sin abordar estos temas clave en una fase inicial, colocarlos en la agenda gubernamental hubiera sido uno de los mínimos exigibles para este 2016.

El Desconcierto