Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Mercosur vive un cambio de etapa. La victoria de Mauricio Macri en Argentina, la suspensión a Dilma Rousseff en Brasil, el perfil de las nuevas autoridades brasileras y la crisis en Venezuela, pintan un panorama complejo para uno de los bloques políticos, económicos y comerciales más importantes de la última década. Es cierto que no es la primera vez que el Mercado Común del Sur vive un contexto de cambios. La propuesta de integración de Sarney y Alfonsín con el Programa de Intercambio y Cooperación Económica (PICE) o la configuración del Grupo de Mercado Común (MGC) no fue la misma que el Mercosur pensado por Fernando Color de Melo y Carlos Menem en la década del 90, ni esta fue pensada con la misma lógica con la que proyectaron el proceso de integración regional de la última década tanto Lula como Kirchner. Lo cierto es que, a pesar de los cambios y orientaciones, el Mercosur lleva más de 20 años con vida en nuestro continente.

Estos últimos años configuraron una dinámica de integración basada en las coincidencias políticas y la necesidad de materializar la unidad a través de proyectos de infraestructura e intercambios comerciales que favorezcan al conjunto de la región a través de la consolidación del Mercosur como bloque de poder en un contexto internacional propicio para eso.

¿Cuáles son las fortalezas del Mercosur?

En primer lugar reúne condiciones esenciales (territorio, densidad poblacional, recursos naturales) para ser una potencia emergente. Cuenta con un PBI de 4,58 billones de dólares, lo que representa el 82,3 % del PBI total de toda Sudamérica. Cubre un territorio de casi 13 millones de kilómetros cuadrados y cuenta con más de 275 millones de habitantes (cerca del 70 % de América del Sur).venez

Por otro lado, el Mercosur se constituye como el área económica y plataforma industrial, más dinámica, competitiva y desarrollada, no solo de Latinoamérica, sino de todo el hemisferio sur. Está considerado como el cuarto bloque económico del mundo, en importancia y volumen de negocios, y la quinta economía mundial, si se considera el PIB nominal producido por todo el bloque.

Por otro lado, el Mercosur tiene en sus dos potencias regionales, Argentina y Brasil, a dos integrantes del G20, grupo que tomo relevancia luego de la crisis del 2008 y empodera un escenario mundial basado en la multipolaridad. En el caso de Brasil, suma un miembro de los BRICS en el que junto con China, Rusia, India y Sudáfrica comenzaron un proceso de desarrollo de una arquitectura financiera global (Banco de Desarrollo e Institución de Prestamos financieros) que pretende mostrarse como alternativo al FMI y Banco Mundial vigentes desde el pacto de Bretton Woods en 1944.

Entonces, el Mercosur, muchas veces criticado por su exceso de proteccionismo y su falta de apertura al mundo, ha sido (y aùn lo sigue siendo) un importante actor en la economía mundial.

La pregunta ahora es hacia dónde se dirige el Mercosur. A juzgar por las declaraciones de los nuevos gobiernos en Argentina y Brasil, vemos una intención de vaciamiento. Malcorra, y Mauricio Macri, han puesto como pilar de las relaciones internacionales de su nuevo gobierno a la “desideologización”. Esto infiere que anteriormente hubo mucha ideología en las relaciones internacionales y que eso sería perjudicial para la integración regional. ¿Esto realmente fue así? ¿O simplemente es una excusa para intentar cambiar el eje de las relaciones hacia el TIIP y la alianza del pacífico?

Por su parte, el flamante Canciller provisorio de Brasil José Serra, en su visita a la Argentina deslizó el interés de refundar el Mercosur, en línea con las declaraciones del Ministro de Hacienda argentino, Alfonso Prat Gay. Aquí también hay una intención de correr al Mercosur del lugar en el que estaba. Una de las modificaciones buscada es la de clausula 32 que prohíbe los tratados bilaterales intra-Mercosur y de integrantes del bloque con cualquier otro país del mundo. Esto habilitaría, por ejemplo, acuerdos de libre comercio.

No ha habido mayores declaraciones que las que anteriormente mencionamos, con lo cual, entraremos en el terreno de la especulación y la construcción de hipótesis de lo que puede suceder.

Los detractores del Mercosur (el ex presidente de Chile Sebastián Piñera o el mismo José Serra) dicen que estos últimos años el Mercosur construyó un muro que lo aisló del mundo. A su vez, consideran que la Alianza del Pacífico es el camino correcto del progreso y la modernidad mediante la aplicación de una “economía social de mercado”.

Una dinámica de libre comercio solo beneficiaría a la potencia que pueda introducir productos importados a economías que no desarrollan su industria ni diversifiquen su matriz productiva. Entonces, Argentina y Brasil, no se beneficiarían permitiendo el ingreso indiscriminado de productos de Estados Unidos o la Unión Europea (los gigantes detrás del supuesto muro), cuando en estos mismos territorios el proteccionismo hace imposible que cualquier producto del Mercosur ingrese. Vale recordar el emblemático caso de la carne y el limón argentino, que todavía no pueden entrar a Estados Unidos a pesar del cambio de gobierno.

No queda claro el daño que el Mercosur le haya hecho a la región ni la necesidad de una refundación que traería beneficios que aún no están claros. A la desideologización de las Relaciones Internacionales se le viene la despolitización del Mercosur y el paso hacia un regionalismo abierto que no pondrá en valor la unidad latinoamericana como proyecto político y económico.

Este regionalismo al estilo Chile o Perú, lo que hace es que nuestros países se resignen a exportar materias primas, vender la mayor cantidad de soja para volvernos mono productores y dependientes de las potencias centrales. En esta apertura no hay desarrollo industrial, ni la necesidad de una banca propia latinoamericana ni mucho menos se habla de apuntar al valor agregado.

El proyecto latinoamericano que han llevado adelante los gobiernos progresistas en la última década era político y comercial. El Mercosur siempre se encargó de esto último pero sin dejar la política de lado. Los ingresos de Venezuela y Bolivia deben pensarse en esa clave, ya que, las potencialidades de ambas naciones no solo aumentan la posibilidad de comercio sino que incluye al caribe. Unasur sin duda fue central en estos años desde una perspectiva más autónoma a las grandes potencias. Se tomaron decisiones estructurales como el Concejo de Defensa Suramericano que buscó desplazar al TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) propuesto por Estados Unidos y ha intervenido favorablemente para evitar conflictos internos o procesos destituyentes. Ni hablar la Celac, el primer organismo latinoamericano sin la presencia de Estados Unidos y Canadá. Todo era posible de articular porque existía un Mercosur poderoso. Con un Mercosur despolitizado y a merced de los intereses de las grandes trasnacionales, Unasur y Celac caerán en un congelamiento absoluto.

Brasil y Argentina están parados de esta manera para los tiempos que vienen. Como vértices de un Mercosur flexible que trabaje concatenadamente con la Alianza del Pacífico, casi como un interbloque. Es un interrogante saber cómo se posicionarán Venezuela, Bolivia y Ecuador frente a este escenario complejo. Los dos primeros son miembros plenos del Mercosur y harán las veces de escollos de todo aquellos que busque la apertura de los mercados.

Venezuela viene reforzando las relaciones con los países del caribe. Anticipándose a un Mercosur que no le será ameno, el país caribeño buscará articular con el eje bolivariano conformado por Bolivia, Ecuador y Cuba y con otros países de centro-izquierda como El Salvador y Nicaragua (especulando un resultado electoral favorable en Honduras que tendrá elecciones el año que viene con expectativas de que Xiomara Castro pueda obtener la presidencia). Este hipotético bloque será un ALBA ampliado que podría construir un puente de relación política y comercial con China y Rusia. Todo esto dependerá de la resolución de la crisis interna en Venezuela y la posibilidad de recomposición de los precios del petróleo. Si esto llegar a suceder estaríamos en presencia de una reconfiguración del bloque bolivariano de izquierda latinoamericana pero frente a un proceso regional dividido.

De todas maneras, lo que se saca en limpio dentro de las especulaciones esbozadas es que el proyecto latinoamericano de Mercosur-Unasur-Celac entró en un final de ciclo y que la posibilidad de que la vuelta a la subordinación a los centros de poder es una certeza frente a este Mercosur desideologizado, despolitizado y debilitado.

Resúmen del Sur