Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Acusa, que algo queda” es la fórmula que los sectores conservadores de Sudamérica han puesto de moda para erosionar a los gobiernos progresistas de la región. A esa fórmula también recurrió Carlos Valverde cuando se aventuró a sostener que “era casi seguro pensar en tráfico de influencias”, fruto de la relación entre el presidente Evo Morales y Gabriela Zapata.

La misma fórmula fue útil en Argentina, cuando el periodista Jorge Lanata, la diputada conservadora Elisa Carrió, los macristas duros y el Grupo Clarín impidieron, con una acusación alevosa, que Aníbal Fernández, ex jefe de gabinete de Cristina Fernández de Kirchner, resulte electo gobernador de Buenos Aires.

La táctica es interesante y en el caso boliviano quisieron hacerla funcionar con un amarre bien combinado entre el poder político (partidos y diputados y senadores de Unidad Demócrata, UD) más el poder mediático (Carlos Valverde, ANF, Página Siete y el poder gringo). Eso ocurrió tres semanas antes del referéndum constitucional del 21 de febrero; y alertado por lo que había sucedido en Argentina, en un artículo que circuló por las redes sociales entre el 14 y 15 de febrero de 2016 me permití advertir lo siguiente: “Acusa que algo queda. Con este caso, el pelón Valverde sabía lo que hacía. Lanzó la acusación tres semanas antes del referéndum, calculando que el tiempo no daría para que el Gobierno se defienda con una investigación seria que muestre la verdad. Valverde no es aprendiz y levantó polvo justamente para que quede solo polvo en el aire”. El referéndum pasó y la acusación inclinó la balanza a favor del No. El pelón sabía que obraba de mala fe y le valió un bledo poner en tela de juicio la ética periodística, porque no es periodista.

En los 80, la derecha tocaba las puertas de los cuarteles para tumbar las opciones populares, y hoy recurre a combinaciones políticas y mediáticas, más el apoyo encubierto de la Embajada. En las acusaciones contra el presidente Morales sobre su relación con Gabriela Zapata la situación podía complicarse solo a partir del endiablado ruido que hicieron los medios de comunicación y la batahola que se armó en las redes sociales. No se puede olvidar que por el tono que adquirió el ataque contra el Presidente, algunos ciudadanos incluso llegaron a pedir (a través de Panamericana y otras radios) su renuncia o procesamiento, recordándonos lo que en el pasado arteramente hicieron contra Gualberto Villarroel.Solo una oportuna reacción del Gobierno y la fortaleza con la que se reafirmaron en su verdad el Presidente y su Ministro de la Presidencia echaron por la borda la maquiavélica movida opositora. Ahora parecen darse las condiciones para jugar el segundo tiempo.

Grover Cardozo. Periodista y abogado boliviano.

La Razón