Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El angustiante deterioro que sufre Venezuela se asemeja al del Titanic donde su capitán, a pesar de las infinitas advertencias recibidas, continuó a toda máquina pensando que su gigantesca nave jamás podría naufragar. El rumbo equivocado que Hugo Chávez le fijó al país con su Socialismo del Siglo XXI hizo inevitable el choque. Hoy el barco hace agua por los cuatro costados y el gobierno parece dispuesto a hundirse con sus ciudadanos sin hacer nada para evitarlo.

Todos los escenarios catastróficos que se preveían para el país vecino se han cumplido superado las previsiones. La anunciada crisis del sector eléctrico pasó de recortes de cinco horas diarias a que el sector público solo labore dos días a la semana. El agua escasea y cuando llega tiene uno olor y un color que causa natural rechazo en la población. El crónico desabastecimiento de alimentos y medicinas ya no es noticia a pesar de las inmensas colas, mientras los niveles de inseguridad disparan la cifra de muertos. Para rematar el FMI calcula este año la inflación en un 700%, la más alta del mundo, mientras el Presidente anuncia un aumento del 30% en los salarios. Un perfecto vendaval.

Dentro de este angustiante panorama el Gobierno no toma ninguna medida efectiva para solventar la situación. Mientras la oposición busca caminos de diálogo interno y apoyo internacional el oficialismo se empeña en mantener el juego cerrado. La iniciativas presentadas por Asamblea Nacional, AN, donde la oposición tiene las dos terceras partes, tienen como respuesta oficial el bloqueo por parte del Tribunal Supremo de Justicia, TSJ, sumiso ante el ejecutivo.

Ante esta situación una comisión de Diputados visitó la semana anterior al Secretario General de la OEA, Luis Almagro, para que ayude a encontrar salidas a la crisis. Según las informaciones “… Almagro estudia dar un paso al frente e invocar la Carta Democrática para forzar a que los 34 países miembros del organismo tengan que abordar la situación de Venezuela, un espinoso tema que han evitado durante años”. Importante noticia ante la ineficacia demostrada hasta ahora por organismos como Unasur, Celac y la misma OEA que a través de sus órganos políticos no se ha distinguido por su pro actividad frente a la situación venezolana. El gobierno de dicho país se ha encargado de impedir cualquier actuación de una Organización a la que identifica con el “Imperio”.

Otra posibilidad, tal vez la más viable en este momento y que tendría con seguridad la aquiescencia del gobierno y la oposición, sería una intermediación directa del Papa Francisco. De hecho se conoció que el Pontífice envió una misiva personal al Presidente Maduro dada la “seriedad de la situación”. Aunque no trascendió su contenido, el mismo se puede colegir de las palabras del Papa pronunciadas el Domingo de Pascua: “Es necesario que todas las partes trabajen para favorecer la cultura del encuentro, la justicia y el respeto recíproco con el fin de garantizar el bienestar espiritual y material de los ciudadanos”.

Así las cosas las opciones que quedan para evitar el desastre absoluto son mínimas. No se ve por parte del gobierno voluntad distinta a llegar como sea hasta enero del año entrante para que ante un eventual cambio de Presidente asuma el Vicepresidente. De ahí el bloqueo sistemático a la iniciativa de la oposición de hacer el referendo revocatorio este año. La oposición espera que a pesar del juego sucio gubernamental haya revocatorio y así tener elecciones inmediatas. El pueblo, mientras tanto, ya comienza a salir a las calles a manifestar su cansancio y su rabia. En ciudades como Maracaibo, la segunda del país, ya hubo saqueos.

Nicolás Maduro tiene la responsabilidad histórica de buscar salidas democráticas y constitucionales dentro del país con el apoyo de la oposición. Debería aceptar los buenos oficios ofrecidos por el Papa y evitar el hundimiento colectivo de su país en aras de aferrarse a un proyecto político que naufragó estrepitosamente.

El Espectador