Ingrid Betancourt, quien reside fuera de Colombia desde hace ocho años, regresó esta semana a Bogotá para apoyar el proceso de paz con las Farc, organización que la tuvo secuestrada durante 80 meses, y para enviarle al país un mensaje de reconciliación.

El jueves, Ingrid participó en el foro ‘La reconciliación, más que realismo mágico’, organizado por la Fundación Buen Gobierno, y sorprendió.

En diálogo con EL TIEMPO, afirmó que el país ya se encuentra maduro para llegar a la reconciliación, pues “Colombia ya está subida en el tren de la paz”.

Eso sí, hace diferencia entre las posibilidades reales de una paz con las Farc y la incertidumbre con el Eln.

¿Todavía hay muchas marcas del secuestro en usted?

Hay muchas marcas. Hay mucho superado, cosas que uno transforma en fortaleza, pero hay recuerdos duros.

¿De dónde puede sacar fuerzas la sociedad para apoyar el proceso de paz cuando hay tanto sufrimiento?

El sufrimiento es una fuerza, porque el dolor nos obliga a salir de lo abstracto. Es tomar conciencia de que la esencia de todos es la misma; uno piensa que el guerrillero es una persona a la que no le duele matar al otro. En el fondo nuestro hay esa sensibilidad que nos permite renacer.

¿Está a favor del proceso de paz?

Claro. Los negociadores son gente que en otras circunstancias se odiarían a muerte y ahora están sentados frente a frente. Ese es el ejemplo que debemos seguir. La paz está andando desde ya frente a nuestros ojos. Siento mucha admiración por los que están sentados en La Habana, sé lo difícil que es sentarse con personas sobre las que se tienen muchos prejuicios.

¿Aún falta perdonar?

No haría énfasis en ese elemento, sino en la intención de perdonar. Desde que salí de la selva estoy tratando de perdonar, pero uno tiene que entender el dolor del otro. La manera en la que veo a Colombia desde afuera es muy diferente a como ustedes se ven acá. Aquí se dice que hay mucha polarización, pero lo que veo es a todo mundo queriendo la paz. Incluso quienes critican el proceso de negociación de La Habana también quieren la paz. Colombia está subida en tren de la paz.

¿Cómo percibe el paso hacia la reconciliación?

La paz y la justicia son elementos que facilitan el perdón, pero ese proceso es individual. Cada uno vivió algo distinto y comprende el perdón de su propia forma, pero la reconciliación sí debe ser colectiva. Cuando en Colombia se haya firmado la paz y el país vote por la paz, se estará ejerciendo un acto de reconciliación. Nos vamos a rehumanizar.

¿Está dispuesta a venir a hacer algo por la paz aquí en Colombia?

Aquí estoy. Las cosas que haya que hacer se harán sin importa dónde estemos. Yo estoy conectada con Colombia. Pero siento que he construido una vida en la que me he podido dedicar a mi familia.

¿Estaría dispuesta a ir a La Habana si fuera necesario?

Claro. Pero no lo pongamos en esos términos porque se vuelve una forma de pedir un espacio, cuando esa no es la intención. En este momento hay gente que lo está haciendo muy bien.

Pero si alguien le pidiera ir a la mesa de negociación, ¿lo haría? ¿Iría a hablar con sus victimarios?

Claro. El Presidente sabe que ni siquiera tiene que preguntármelo.

¿También estaría dispuesta a ir a una eventual negociación con el Eln?

Lo pensaría, porque ese proceso aún no está muy maduro. El Eln tiene que evolucionar; en cambio, lo de las Farc es mucho más serio. Con las Farc tengo muchas críticas, pero ese grupo le aportará mucho a Colombia en el posconflicto.

¿Cree que se va a firmar el fin del conflicto en Colombia?

Sí. Tenemos que entender que no se trata darle lecciones a todo mundo, sino de mirarnos a nosotros mismos. Creo que eso va a ocurrir.

¿Cómo ve hoy al presidente Santos?

Con el Presidente no tengo ninguna inquietud. A fin de cuentas, la historia le va a hacer justicia. ¿Cuántos pensaban que él hubiera podido hacer lo que ha hecho? Santos sigue firme en su camino. En eso estoy tranquila.

¿Qué le diría hoy a Andrés Pastrana?

Que tenga grandeza. En este momento, Juan Manuel Santos es el que va a firmar la paz, y ese era el sueño de él; debe tener la grandeza de acompañarlo.

¿Al presidente Santos?

Que lo admiro. Es el buen capitán para este barco en medio de la tormenta.

¿Al expresidente Uribe?

Que entiendo su dolor. No le puedo pedir que perdone, porque si a mí me matan a mi papá, yo no hubiera perdonado.

¿A los guerrilleros que están hoy en La Habana?

Sigan como van, nos han dado grandes lecciones de humildad y de madurez.

¿A los soldados que la liberaron?

Estoy viva por ellos. Son mis héroes. Deben saber que cambiaron el país.

¿A los empresarios?

No se asusten. La Colombia que viene en el posconflicto los va a volver socios de un país grande.

¿A una persona que se encuentre por la calle?

Que no se deje manipular las emociones y que piense en sus hijos; cuando uno piensa en sus hijos, uno piensa bien.

¿Cómo ve a Colombia hoy?

La gente está pensando en asumir su propia responsabilidad. Colombia se está volviendo mayor de edad.

El Tiempo