Judith Simanca Herrera, conocida dentro de las Farc como ‘Victoria Sandino’, es una de las 12 mujeres entrevistadas para el libro ‘Mujeres: paz, política y poder’, publicado recientemente por Ediciones Aurora.

Jesús Aníbal Suárez, director de esa editorial y editor de la publicación, se dio a la tarea de hacer una lista de promotoras de cambios y juntarlas en el libro porque cree que “las mujeres van a jugar un papel determinante en la consolidación del proceso de paz” con las Farc.

EL TIEMPO reproduce parte de la entrevista hecha para esa publicación por la economista Chila Pineda a la guerrillera ‘Victoria Sandino’, que entró a las Farc hace 23 años y que hoy encabeza la Subcomisión de Género de la mesa de diálogos de La Habana.

¿En la vida cotidiana de la guerrilla, ustedes reciben trato especial por ser mujeres?

Realmente no hay un trato especial por ser mujeres, por el contrario, es de igual a igual, con las mismas tareas, actividades, deberes y derechos, además porque esas son las condiciones de la guerra. Cuando hay confrontación, o ataques por parte de las fuerzas militares o paramilitares, no hay un trato diferencial por ser mujeres; todo lo contrario: donde saben que hay un comando dirigido por mujeres o con presencia de mujeres se ensañan más las fuerzas enemigas, tal vez porque piensan que las guerrilleras somos débiles y que será más fácil de copar ese comando o de aniquilarlo. Es por la concepción machista que tienen, y consideran que no pueden ser atacados ni vencidos por mujeres. Así que las guerrilleras debemos tener un arduo entrenamiento, con una importante exigencia física, además del estudio permanente, para la construcción de conciencia revolucionaria y por los sacrificios que implica esta lucha (…).

Hemos escuchado que ustedes han manifestado sus molestias, en particular, frente a las diversas versiones sobre la violencia sexual. ¿De qué se trata?

El tema de la violencia sexual ha sido uno de los principales campos de batalla de quienes hacen oposición al diálogo o de quienes pretenden acudir a la rendición de las Farc, o ver a sus integrantes en la cárcel; para esto rebuscan supuestos delitos considerados de lesa humanidad o de guerra que nos desacreditaría ante cualquier organismo internacional, como la Corte Penal Internacional o la ONU. Buscan no solo que claudiquemos sino humillarnos. (…)

Es absurdo pensar que quienes hemos adquirido conciencia revolucionaria antipatriarcal vayamos a dejarnos maltratar o a permitir que se maltrate a cualquier persona en filas o fuera de ellas.

En distintas informaciones de prensa se puede leer que a ustedes las obligan a abortar. ¿Podría aclarar eso?

(…) Nosotras hemos elegido ser combatientes revolucionarias para producir los cambios sociales, económicos, políticos y culturales que requiere el país; eso implica una serie de renuncias, como el deseo de quedar embarazada por el peligro de seguridad que ello implica, no solo para la criatura y la madre sino para todo el colectivo, a esto se agrega que resulta imposible criarla por la naturaleza cruenta de la guerra impuesta por el régimen, sin contar que nuestras familias, hijos e hijas se convierten en objetivo militar y son perseguidos. Se les aplica el “delito de sangre”, los desaparecen o roban.

Por eso planificamos, pero si los métodos de planificación familiar fallan, o no se consiguen a tiempo, y se queda en embarazo, desde que haya condiciones sanitarias para la mujer combatiente y de seguridad militar, entonces se practica el aborto, siempre y cuando la guerrillera esté de acuerdo, incluso las últimas disposiciones contemplan que se efectuará solo antes de cumplir los tres meses de gestación y no después de ese tiempo.

Todas estas historias de abortos forzados son supuestos testimonios de desmovilizadas; no niego la posibilidad de que algún comandante haya malinterpretado las normas y haya presionado a alguna guerrillera, pero esta no es la política de la organización.

En un relato de una de ustedes leímos que, en ocasiones, abandonan las filas por periodos para cuidar los enfermos y los niños. ¿Cómo es eso?

Cuando una camarada queda en embarazo y no se le puede practicar el aborto o ella no quiere que eso pase, es decir, decide tener su bebé, se busca sacarla a algún lugar seguro para que pueda tener su bebé y estar algún tiempo junto a su hijo o hija, para el cuidado básico primario. Esto depende de las condiciones de seguridad del área. El problema es que muchas de nuestras guerrilleras han sido capturadas antes de tener su criatura o después.

Está el caso de ‘Andrea’, la guerrillera que fueron a capturar y alcanzó a volarse del hospital dejando recomendado a su hijo, pues estaba en incubadora, y al día siguiente que envió a una persona con autorización para retirarlo, resultó que el Ejército había robado al bebé y se lo había entregado al Instituto de Bienestar Familiar. Los militares exigían la presencia de la madre para poderlo entregar. El menor fue dado en adopción irregularmente, sin permitirle que su familia lo reclamara y menos su madre, quien sigue en las filas.

Otro caso es el de la misma ‘Karina’, que hoy está al servicio del Gobierno, a quien le doblegaron su voluntad de lucha hasta llevarla a que traicionara sus principios mediante la presión con amenazas a su hija. Ustedes sabrán que una madre hace lo que sea por sus hijos e hijas, así ha pasado con muchísimas situaciones. Esa es la realidad nuestra, y aún así pretenden criminalizar el aborto en las filas guerrilleras, esa es una conquista a la que no pensamos renunciar. Y obviamente lo hacemos respetando la libertad de la mujer, nunca en su contra. Sabemos a lo que nos enfrentamos y las renuncias asumidas, cuando estamos en esta vida de combate infatigable y duro.

Ustedes que han escuchado a diversas mujeres en la Subcomisión de Género, ¿le ven validez a la lucha de las feministas?

No solo es válida, sino necesaria. Reconocemos el camino recorrido por las feministas, su aporte en la lucha por la igualdad, y la emancipación de las mujeres. Esa lucha ha posibilitado conquistas trascendentales. Pero debemos avanzar, ya que la lucha no termina, tenemos que estudiar la historia, las teorías feministas, discutirlas, encontrarnos e impulsar un gran movimiento de mujeres, no solo de colombianas sino del continente. No olvidemos, sin embargo, que la lucha es por el cambio de paradigma social, va más allá de la lucha feminista, pero no puede prescindirse tampoco del feminismo.

El patriarcado es un sistema que reproduce relaciones de poder en todos los espacios, movimientos, partidos y también en la vida privada. ¿Cómo se expresan las relaciones de poder en una organización guerrillera?

Nuestra organización es jerárquica y disciplinada por su naturaleza, las relaciones sociales están determinadas por el respeto y la camaradería, pero como en todo ejército, el poder es vertical y está determinado por el grado y el nivel de responsabilidades. Esto no quiere decir que no existan actitudes patriarcales en compañeros y compañeras, las que combatimos a diario con nuestros principios y práctica revolucionaria. Antes que todo somos una organización humana donde todos llegamos con defectos, aspiraciones, deformaciones; pero tenemos una conciencia revolucionaria, colectiva y espacios de democracia que nos permiten plantear los problemas, criticar a quienes necesiten corregir. Con la formación de nuestros hombres y mujeres en filas y con la población de donde hacemos parte.

¿Cómo se trata en la guerrilla la desigualdad frente a las mujeres?

Cuando les digo que en la organización las mujeres gozamos de igualdad de derechos y deberes, es cierto y está reconocido en la norma. Pero persisten actitudes machistas y comportamientos patriarcales heredados de la sociedad capitalista de la que venimos; se expresa en actitudes sutiles, que aparentan ser normales, como el caso de chistes, comentarios o condescendencia y otras expresiones individuales. Hay que decir que la situación de una unidad a otra en esta materia puede variar. Pues donde el comandante o la comandante es consciente de la importancia de luchar en contra de las expresiones patriarcales, vemos guerrilleros de base mucho más respetuosos y en general muchas mujeres en tareas importantes, todas con gran compromiso; pero donde el o la comandante no sienten la necesidad de corregir, les toca a las mismas muchachas señalar estas actitudes. Eso sí, donde se dé maltrato a una compañera o un compañero de filas esto es severamente castigado (…).

(…) Casi siempre, las mujeres, luego de que se pacta la paz, como pasó en Centroamérica, regresan a los lugares subordinados de la vida doméstica. ¿Ustedes qué añoran para el futuro de las mujeres combatientes?, ¿qué les gustaría hacer en tiempos de paz, además de trabajar por la justicia social?

Como la paz no es el fin de la lucha sino su evolución, es de esperar que todas las guerrilleras de las Farc aspiremos a continuar jugando un papel destacado en el nuevo movimiento político que surja de la firma de los acuerdos. El reto de la paz es aún mayor y las mujeres de las Farc lo asumimos con la misma responsabilidad como lo hemos hecho en la guerra. Y por supuesto que habrá tiempo para compartir al lado de nuestras familias; las más jóvenes tienen toda su vida por delante.

¿Ustedes creen que la paz se puede hacer sin las mujeres?

No, no puede haber paz sin incluir a las mujeres, sin la participación activa de más de la mitad de la población colombiana, porque las mujeres al igual que los hombres hemos luchado y anhelamos un futuro mejor para nuestro país y sus nuevas generaciones, y porque una sociedad civilizada no puede continuar discriminando y oprimiendo a las mujeres.

Además, hay un fenómeno propio de la guerra, y es que producto de la persecución y el asesinato de tantos hombres que ocupaban el liderazgo popular, les correspondió asumirlo, en numerosas ocasiones, a las mujeres. Esa es una razón objetiva por la cual la paz es un asunto que le compete a las mujeres. Y para una paz digna, hacia el buen vivir, es indispensable el reconocimiento de las mujeres y de nuestros derechos.

¿Qué impresión le han dejado las intervenciones de las 18 mujeres que han ido a La Habana como parte de la Subcomisión de Género?

Esos encuentros han sido reveladores. Descubrir que nos identificamos con muchas de ellas, con sus luchas y anhelos; que tenemos diferencias con otras, pero nos escuchamos y respetamos. Sobre todo, que podemos construir identidades no obstante las diferencias. Con los dos representantes de la población LGBTI ha sido más que sorprendente, son más las coincidencias que las diferencias, son personas muy dispuestas a contribuir al cambio y a la paz. Compartimos con todas y todos el anhelo de paz con justicia social, de un país incluyente, que respete las diferencias y dé la opción de vivir.

¿Cree que la Subcomisión de Género tendrá continuidad?

Debe tenerla, ese es el acuerdo entre las partes. De nuestro lado ponemos nuestra palabra en ello. La paz se construye con todos y todas, con toda la diversidad, con las mujeres, por eso la Subcomisión debe ir hasta más allá del acuerdo final.

El Tiempo