Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Argentina es el país que alberga al mayor número de residentes españoles habilitados para votar en los comicios del 26 de junio de donde surgirán los legisladores que van a designar el eventual sucesor del presidente Mariano Rajoy. De los 36,5 millones de electores que tiene España, 2 millones están fuera de sus fronteras y casi 400 mil se encuentran en suelo argentino. Sin embargo, para sufragar desde el extranjero, primero hay que superar los varios pasos de un trámite que puede resultar desalentador y que no por nada lleva el nombre de “voto rogado”. La exigencia fue establecida por acuerdo del PP y el PSOE en 2011, mientras la crisis económica empujaba a muchos españoles, sobre todo jóvenes, a emigrar en busca de un puesto de trabajo, la chance de estudiar y tener mejores condiciones de vida.

Desde Podemos, el partido que pretende meter una cuña en el bipartidismo que viene manejando la política del país ibérico, el “voto rogado” es una traba evidente para quienes en el exterior podrían acompañar en las urnas a la fuerza de izquierda que lidera Pablo Iglesias. De hecho, a partir de su implementación, esta normativa produjo una merma drástica en la votación por parte de los residentes: de más del 31 por ciento, pasó a menos de 5 por ciento.

El sábado pasado, durante una reunión en un bar porteño, el Círculo Podemos Buenos Aires advirtió sobre la situación y pidió derogar la ley. “Obviamente, perjudica muchísimo al sufragio fuera de España”, se quejó Carolina Uranga, una de las referentes del partido en Argentina. También recordó que, en su momento, la aprobación de este sistema pasó casi desapercibida: “El PP y el PSOE se pusieron de acuerdo y entre los dos tenían gran mayoría. No dieron ningún tipo de justificación, la prensa tampoco informó y nadie los cuestionó”. Para Uranga, el hecho de tener que “rogar” el voto impacta de forma directa en su espacio. “Con el surgimiento de Podemos, los jóvenes que tuvieron que irse a partir de 2010, tienen la posibilidad de elegir a una fuerza política nueva, con ideas nuevas, y que termine con lo que llamados el ‘partidismo de turno’, entre el PP y el PSOE, que se alternan en el poder y, según el momento, con medidas muy similares”, consideró.

Lejos de las especulaciones de campaña, para los españoles desperdigados en el mundo tomar parte en los comicios puede resultar una verdadera prueba de obstáculos. Primero, el votante debe verificar en el consulado si está en el padrón. Si figura y los datos son correctos, le enviarán a su domicilio un sobre con un formulario para, recién entonces y vía Internet, “rogar” el derecho a votar. Pero si no recibe la carta, tendrá que mandar un fax con el formulario y fotocopia del pasaporte a la provincia de donde es originario. Lo que sigue es esperar a que lleguen las boletas por correo, lo que no está garantizado ni siquiera habiendo cumplido estos pasos. Si bien Podemos reclama el fin de este papeleo, en lo inmediato busca crear conciencia sobre la necesidad de realizar la gestión con tiempo: la fecha límite para solicitar la boleta por la web o vía fax es el 6 de junio. Hasta el 21 de ese mes se puede enviar el voto por correo al consulado y del 22 al 24 se lo puede llevar de forma personal.

“Una de las propuestas fundamentales de Podemos –explicó Uranga–, más allá de la reforma de la Constitución, que no ocurre desde el año ’78, es una cambio del sistema electoral”. En ese marco, su partido también planteó la creación una circunscripción para el exterior, como ya existe en numerosos países de Europa, por ejemplo, en Italia.

Seguido por Francia y Venezuela, Argentina aloja al mayor números de electores españoles fuera de su país: de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística (INE) ibérico, hay 397.762 residentes habilitados para sufragar. Como se dijo, con la aprobación en 2011 del voto rogado, la participación de este grupo pasó del 31,7 al 4,7 por ciento. Esos dos extremos representan lo ocurrido en las generales de 2008, la última antes de la sanción de la norma, y lo que sucedido en la elección del pasado 20 de diciembre.

*Periodista argentino (@soycarlosromero)