Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El descubrimiento de que podrían perder la segunda vuelta ha modificado el perfil de la campaña fujimorista. En pocos días Keiko Fujimori ha pasado de la búsqueda del voto moderno a una agenda electoral regresiva. Hasta ahora hay dos lógicas en esto: buscar públicos que nadie ha querido cortejar, y terminar de ganarse al votante más conservador.

En lo primero ha iniciado un peligroso juego de concesiones a la minería ilegal puneña, como una forma de paliar sus debilidades en el sur del país. Pero esto no solo tiene serios bemoles ambientales y sociales, sino que también lleva a pensar en una desesperada simpatía por otros sectores de la economía ilegal del país.

En lo segundo ha empezado a dar marcha atrás respecto de algunas de sus posturas más liberales en la ruleta de las declaraciones. Esta semana han sido la unión civil y el aborto, que alguna vez le parecieron aceptables, y que algunos de sus cuadros apoyan. Aquí la idea es reforzar la presencia entre los sectores más conservadores de las diversas iglesias.

Si hubiera que buscar el momento de decisión para este cambio en la campaña, uno sería la encuesta Ipsos que la puso 4% debajo de Pedro Pablo Kuczynski a fines de abril, y otro el feroz embate de su hermano Kenji contra ella por esos días. En esos dos hechos termina la imagen victoriosa, liberalizante y olímpica de la candidata fujimorista.

Ahora ella está buscando algo que se parezca más al estilo de algo llamable el fujimorismo eterno, la amalgama de derecha ideológica y pragmatismo desembozado. Una parte del propósito es evitar nuevos choques con su propia gente, y otra llegar a sectores con los que el liberal PPK no puede o no quiere vincularse en la campaña.

Con la nueva imagen que está desarrollando Fujimori abre todavía más algunos de sus flancos débiles: el creciente recuerdo de los oscuros años 90, la vinculación con los sectores más reaccionarios del país, la idea de que en última instancia es Alberto Fujimori quien lleva las riendas en esta nueva campaña que empieza a aparecer.

Es de suponer que todo esto llevará a PPK a adecuar su estrategia a las oportunidades que se le están presentando.

La República