La ausencia de una corriente de pensamiento democrática, construida sobre la base de la doctrina y militancia sostenida de los partidos políticos democráticos, es lo que marca estos tres primeros lustros del siglo XXI en el Perú. Este país sigue votando a la derecha y siendo uno de los más conservadores de América Latina. Es de prever que en lo sucesivo, se convierta en uno de los más entusiastas defensores de los golpes de Estado que comienzan a implementarse en el Continente.

El fujimorismo tras 25 años del autogolpe de Estado implementado por su mentor todavía encandila a casi un tercio de los votantes con fuerte incidencia en los sectores más pobres del país.

El discurso de la transición democrática del 2000 con el justo reclamo de una nueva Constitución para abolir el “documento constitucional” (como lo llama Alberto Borea) no ha visto consolidarse y madurar, de tal forma que todavía tenemos presente el sabor de lo que fue la dictadura fujimorista.

Los partidos de derecha y los que se dijeron de izquierda, para luego de ser elegidos gobernar con la CONFIEP, que prometieron y aun juraron por la Constitución de 1979, ni la recordaron una vez sentados en Palacio o en sus escaños parlamentarios.

Esto ha engendrado un hartazgo ciudadano frente a la corrupción y al sistema de partidos políticos y este se ha expresado en un alto porcentaje de votos blancos y viciados en primera vuelta (16.94%) en el presente proceso electoral.

En lo que viene, habrá un fujimorismo fuerte desde el Legislativo, con 73 congresistas de 130, es decir, tendrá mayoría simple, con la que podrá aprobar o archivar proyectos de Ley, delegar facultades al Ejecutivo, tener la Presidencia en la mayoría de comisiones, la Presidencia de la Mesa Directiva del Congreso y cuando necesite de una mayoría calificada para modificar la Constitución, recomponer el TC o elegir al Defensor del Pueblo, también la podrá construir.

Que PPK y Keiko son lo mismo, eso lo sabemos, pero, ¿esa es razón suficiente como para darle el manejo absoluto del país?

El fujimorismo no sólo no cree tener responsabilidad en materia de derechos humanos, sino que niega la existencia de las esterilizaciones forzadas, por ejemplo, lo que en el terreno de la jurisprudencia internacional, constituye un nuevo atentado contra los derechos humanos de las mujeres víctimas de esta atrocidad.

Su máximo líder está todavía siendo procesado por delitos de lesa humanidad, ¿cómo es eso que aún en esa situación, su partido manejará el Legislativo y también pueda hacerlo con el Ejecutivo?

La transición democrática que comenzamos el 2000, al recuperar la democracia, no ha concluido, contrariamente, podría tener un enorme retroceso si el fujimorismo se hiciera del Ejecutivo.

La dictadura volverá (por la vía legal) para tomarse la revancha o, ¿qué creen que hará Cecilia Chacón y otros desde el Legislativo, con respaldo del Ejecutivo?, ¿Acaso no es verdad que la inmunidad parlamentaria ha sido la mejor aliada del fujimorismo todos estos años?

El Perú debe terminar de cerrar la etapa fujimorista, por ello debemos ver los hechos actuales en su proceso histórico. El fujimorismo tiene 26 años de vida. No existe neo fujimorismo, como no existe neo aprismo o neo acciopopulismo, pueden cambiar los liderazgos, pero los partidos tienen un bagaje histórico que los acompaña todo el tiempo y se expresa siempre a través de sus métodos y estilos, de sus gestos y reflejos.

¿Qué fue de los rectores universitarios interventores del fujimorismo?, ¿se volvieron demócratas?, ¿Qué fue de sus prefectos, presidentes de los CTARes, presidentes de comisiones interventoras de las instituciones de Estado, entre ellas el Poder Judicial, jueces sin rostro, etc., etc.? ¿Realmente estamos creyendo que el fujimorismo de los ‘90 ya no existe?

Para terminar, no olvidemos los pendientes del congresista más votado (Kenji) y los kilos de droga encontrados en una de sus empresas, tampoco a los varios contumaces fugados en el extranjero y para mayores datos de apellido Fujimori.

¿Dónde está nuestra responsabilidad con el país?

El Fujimorismo tiene cuentas pendientes con la justicia y con la historia, que las rindan en el llano, no desde el Ejecutivo.

*Abogada, periodista