Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El objetivo está cumplido. La derecha logró desarticular a los gobiernos progresistas de los dos países más importantes de la región. Los mecanismos son diferentes pero el objetivo es el mismo, orientar al Mercosur hacia un horizonte de apertura económica y políticas de ajuste. Esto marca un claro fin de ciclo de la izquierda latinoamericana que tuvo su década dorada y tendrá que repensarse fuera del gobierno.

Con Argentina y Brasil recostados a la derecha los grandes popes de la economía mundial tienen mucho para ganar. La ecuación ya la conocemos: trasferencia de ingresos de los asalariados a los grandes grupos económicos, endeudamiento y ninguna objeción al Alca, hoy expresada por el Tratado Trans Pacífico (TPP por sus siglas en inglés), que parece haber dejado de ser una mala palabra.

En términos políticos institucionales el mapa es claro. Brasil y Argentina cuentan con gobiernos cercanos a los mercados y buscarán regionalizar esa tendencia. Paraguay sigue la misma línea con Horacio Cartes en el gobierno y Uruguay, por más reparos ideológicos que pueda tener, depende de la bonanza económica de las dos potencias sudamericanas. Venezuela será la principal (y tal vez la única) voz discordante al discurso neoliberal a la espera de lo que decida Bolivia, quien ha dejado clara su afinidad con la suspendida presidente Dilma Rousseff pero no puede dejar de mencionarse la dependencia económica del gobierno boliviano con Brasil. Casi un 70 por ciento de la compra de gas de la producción de gas natural de los megacampos San Alberto, Sábalo y Margarita, dependía en más del 70% de la exportación de gas natural a Brasil y Argentina. Este último dejó de comprarle gas a Bolivia desde la asunción de Macri.

Resignificarse en las bases

Centremos el análisis en las nuevas oposiciones que surgen con la caída de los gobiernos progresistas. El Partido de los Trabajadores y el Frente para la Victoria tendrán otro rol que deberá hacer valer frente a gobiernos de Macri y Temer. Se trata de preguntarse cómo ser oposición, con que alianzas, bajo que programa y sobre qué base de sustento.

Los seis meses de Macri en Argentina

Los seis meses de Mauricio Macri contaron con tres movilizaciones de magnitud. La primera fue la convocada por el kirchnerismo frente a la citación a indagatoria a la ex Presidente Cristina Fernández de Kirchner en Comodoro Py por la causa de dólar futuro. El acto contó con la presencia de 200 mil personas que se movilizaron en apoyo a la ex presidenta, logrando que Cristina se ponga en el centro de la escena política nacional. En su discurso, Kirchner habló de un Frente Ciudadano que se organice socialmente para defender a los sectores más desprotegidos de la sociedad frente a las políticas de ajuste, los aumentos de las tarifas de los servicios públicos y los despidos en el sector público y privado. Los receptores de ese mensaje eran representantes del núcleo duro del kirchnerismo que estaban siendo exhortados por Cristina a convocar a aquellos que piensan diferente. La segunda gran movilización no tuvo tanta impronta partidaria sino que fue de pura procedencia sindical. Después de muchos años, las cinco centrales organizaron una masiva marcha en repudio a los despidos y exigiendo una ley que declare la emergencia ocupacional y proteja al trabajador frente a la ola de despidos. Sin lugar dudas, los sindicatos pudieron mostrar su poder de fuego y marcaron una clara agenda a la que el gobierno deberá darle respuesta. Por último, la última gran movilización fue la que unió después de 15 años a los seis gremios que nuclean a los docentes universitarios y las Federaciones estudiantiles en repudio al ajuste que sufren las universidades públicas y la necesidad de aumentos salariales. Hablamos de tres grandes movilizaciones diferentes, la primera más homogénea y las últimas dos más sectoriales. También, es muy importante mencionar que por fuera de la vidriera de la Capital Federal existen masivas convocatorias como la de los petroleros en Chubut que cuenta con una terrible ausencia en los grandes medios de comunicación.

De las movilizaciones sociales y la capacidad del sindicalismo de organizar un plan de lucha radica la posibilidad de construir una oposición con capacidad de daño para el gobierno de Macri. Ha quedado claro que los partidos políticos se mueven con intereses mezquinos y en función de las negociaciones con el gobierno y de los beneficios que se logren de la misma. De esto depende la dinámica en la que la oposición de mueva respecto a Macri. La ley antidespidos fue un ejemplo, el Frente para la Victoria no logró el quorum porque el Frente Renovador hizo honor a la oposición liviana que viene ejerciendo con el macrismo y su único interés por capitalizar políticamente la iniciativa por sobre la problemática general. La política estará sumergida en esa lógica por bastante tiempo.

El PT opositor

En Brasil resultará muy complejo lograr una capacidad de daño dentro de las instituciones políticas. El PMDB cuenta con una base parlamentaria suficiente para garantizarse la gobernabilidad y tendrá que entablar negociaciones el otro sector de la derecha representada por el PSDB. El PT cuenta con diputados y senadores pero no lo suficiente para modificar desde el Parlamento las políticas económicas que se vendrán.

Por eso, el partido fundado por Lula se está reorganizando desde la capacidad de movilización y la construcción de una alianza estratégica con el sindicalismo, la izquierda tradicional y el Movimiento Sin Tierra, un frente común que no hay que relativizar.

El PT tuvo dos problemas centrales que lo llevaron a esta situación actual. La burocratización que hizo que abandone la lógica de un partido con base obrera para ser un compendio de dirigentes en el aparato del Estado. Esta lógica hizo que recaiga en un exceso de tacticismo que lo terminó perjudicando. Brasil es un país difícil de gobernar, con una hegemonía mediática concentrada en 7 familias, una poderosa burguesía industrial y financiera y un sistema político elitista conformado por los partidos tradicionales que no conocen más allá de las oficinas de Planalto. El PT entendió que era necesario gobernar en alianza con buena parte de este sistema, cosa lógica en el ejercicio del poder, pero no justifica el abandono total de un programa político basado en la distribución de la riqueza, la erradicación de la pobreza y la defensa de las minorías negras y sexuales, entre tantas reivindicaciones. En el último tramo del proceso petista, el gobierno solo puso su prioridad en estos acuerdos tácticos para ganar elecciones y calmar a los mercados. Y… ya sabemos como terminó la historia.

Cristina y Lula

Se puede decir que un tercio de la sociedad argentina y brasilera se sienten identificados con los gobiernos salientes. Todo proceso que genere niveles importantes de movilización necesita de liderazgos fuertes. Brasil y Argentina los tienen, con Cristina y Lula. La fortaleza de estas dos figuras políticas explican la embestida judicial, el ataque mediático y el odio de los sectores con más poder adquisitivo.

Es claro que la derecha (argentina y brasilera), el poder mediático, las corporaciones y una parte importante del poder judicial busca erosionar la imagen de estos dos referentes políticos con el fin de reducir los niveles de apoyo que, aún hoy, se mantienen altos. Incluso, la ofensiva judicial también tiene el interés particular de evitar que cualquiera de los dos se presente a cargos públicos.

De todas formas, es necesario preguntarse si tanto el liderazgo de Lula como el de Cristina alcanza para construir las mayorías necesarias que permitan un regreso al poder. A juicio de quien escribe, no. En el caso de Brasil, lo que parece el camino lógico es el de aglutinar y movilizar a los movimientos sociales, la Central Única de Trabajadores (CUT) y el Movimiento Sin Tierra en función de la defensa de los que pueden llegar a ser arrebatos a las conquistas logradas por el gobierno de Lula. A su vez, serán una fuerte voz que pida convocatoria a elecciones anticipadas, un escenario que favorecería a Lula.

El caso de Cristina es más complejo porque se dirime en el seno del peronismo. Bien se sabe que hay kirchneristas que no son peronistas y viceversa, y en ese plano, teniendo en cuenta que la base territorial de lo que fue el gobierno de Néstor y Cristina Kirchner está conformada por el peronismo tradicional, estamos frente a un debate interno fuerte y largo dado que yo no anda el carro del poder que acomoda los melones. ¿Cristina es la parte o el todo? De cómo se resuelva este dilema dependerá la posibilidad de regreso al poder del proyecto encarnado por los Kirchner que cuenta con un tercio de apoyo de la sociedad.

En ambos casos, el principal desafió es construir sin el poder del Estado. Para contrarrestar esto es necesario construir mayorías, refundar las bases programáticas y por sobre todas las cosas, aprender de los errores.

* Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata