Dos placas, una donde funcionó el Batallón de Infantería Nº 13 y otra en el edificio contiguo, sede del Servicio de Material y Armamento, ambos sobre la Avenida Instrucciones, fueron inauguradas ayer en homenaje a las víctimas de la represión, al cumplirse 43 años del golpe de Estado. Ambos edificios fungieron como centros de detención clandestinos durante la dictadura.

“Aquí funcionó el Batallón de Infantería Nº 13, que fue centro de detención, desaparición, tortura, muerte y enterramiento clandestino entre 1972-1985”, dice una de las placas. “En el Servicio de Materiales y Armamento, funcionó el Centro Clandestino de Detención 300 Carlos, también llamado ‘Infierno grande’, lugar de detención, desaparición, tortura y muerte desde 1975”. Ambos textos culminan con un: “Nunca más terrorismo de Estado. 27 de junio de 2016”.

Las placas señalan los lugares donde funcionaron centros clandestinos de detención y reclusión en los que se violaron los derechos humanos durante la última dictadura cívico-militar (1973-1985). El acto contó con la presencia de autoridades departamentales, del Ministerio de Defensa, del Ministerio de Educación y Cultura, además de familiares de las víctimas, así como ex presos políticos y activistas por los derechos humanos. El descubrimiento de las placas se realizó en el marco de lo dispuesto por los artículos 7 y 8 de la Ley Nº 18.596 de Reconocimiento y Reparación a las víctimas de la actuación ilegítima del Estado.

En el Batallón N° 13 funcionó el centro clandestino de detención “300 Carlos”, en uno de los galpones del servicio de material y armamento ubicado en Avenida de las Instrucciones, en Montevideo, junto al batallón de Infantería Mecanizada N° 13. Ese lugar fue base de detención y tortura creada por el hoy desaparecido Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA) de la División de Ejercito N° 1 con el conocimiento del Servicio de Información y Defensa (SID), la cual fue rotando su domicilio con el correr de los años.

En el “300 Carlos” se produjo la desaparición de Eduardo Bleier, Juan Manuel Breva, Fernando Miranda, Carlos Arévalo, Julio Correa, Otermino Montesdeoca, Julio Escudero y Elena Quinteros. Además, algunas fuentes apuntaban a que también allí podría haber sido enterrada la ciudadana argentina María Claudia García de Gelman.

El 2 de diciembre de 2005, fueron recuperados los restos de Miranda, quien había sido secuestrado el 20 de noviembre de 1975. Pons expresó que, “a la luz de los actos sucedidos en aquella época, se configura este reconocimiento público del Estado uruguayo ante delitos de lesa humanidad cometidos en estos lugares, en el marco de una política pública que promueve acciones simbólicas tendientes a honrar la memoria histórica de las víctimas de Estado y del uso ilegitimo del mismo”.


¡Nunca más!

Un día como hoy hace 43 años se ponía en escena la tragedia más brutal, sanguinaria y pérfida que alguna vez vivió este país. Es cierto que aún se discute si el golpe de Estado se dio en febrero o en junio del 73. Pero en este día lo único que deberíamos discutir es como hacemos entre todos para que NUNCA MÁS volvamos a tener dictadura.

Los militares de entonces y sus cómplices civiles, falsearon los hechos: cuando se hicieron del poder ya no había guerrilla, había sido acabada seis meses antes. Dijeron que venían a combatir la corrupción política, pero hicieron lo mismo. Afirmaron que llegaban para salvar a la patria y sólo dejaron restos irreconocibles de lo que alguna vez fue una tierra de esperanza.

En cumplimiento de esa tarea autoasignada no vacilaron en secuestrar, torturar, matar o desaparecer a quienes se les ocurrió. Obligaron a que decenas de miles de compatriotas se exiliaran. Terminaron con una cultura, una filosofía y una forma de vida de la que estábamos orgullosos. Y de la que aún hablamos e intentamos recuperar hoy. Como sociedad no hemos evaluado colectivamente el daño sufrido.

Qué tanto influyeron en nosotros el odio, el miedo, la persecución, la falta de libertad. Que tanto influyó la destrucción sistemática de la cultura y la educación. Que tanto hizo la dictadura por la destrucción de una ética social media. Los resultados los vemos hoy.

Una dictadura solo merece la repulsa colectiva. Independientemente de partidos políticos porque estos sólo tienen razón de ser en democracia. Pero ni en eso estamos de acuerdo.
Hoy se escuchan voces que reclaman el regreso de los militares. Entonces vale recordar que en 1973 los demócratas no eran la mayoría, por el contrario, la mayoría estuvo de acuerdo con el golpe o actuó en forma displicente.

Lo que ocurrió hasta hoy es que muchos se reconvirtieron en demócratas, pero nunca se arrepintieron de su pasado. Y eso pasa porque no se ha sido lo suficientemente eficaz en la educación, en la transmisión de valores, en la superación de los individualismos.

Pasa porque muchos cómplices de la dictadura reconvertidos a demócratas fueron elegidos una y otra vez en democracia. Pasa porque la Justicia falló y no actuó diligentemente para sancionar a los golpistas.
Pasa porque los criminales de Estado tienen mas derechos que las víctimas.

En 1973 los héroes no eran futbolistas, ni siquiera eran conocidos por los medios. Eran jóvenes obreros y estudiantes, hombres de la cultura y pequeños comerciantes, que conscientes de sus obligaciones ciudadanas ese 27 de junio salieron a ocupar sus lugares de trabajo o estudio sin saber si volverían vivos a su casa.

Frentistas, blancos, colorados, católicos, judíos y protestantes, se unieron entonces en un haz, conscientes de cuál era su verdadero enemigo. Que no eran sólo los militares golpistas. Había toda una estructura política y económica detrás. Los golpistas contaron con el visto bueno de la Asociación de Bancos, de la Cámara de Industrias, de la Cámara de Comercio.

El herrerismo encabezado entonces por Martin Etchegoyen y el pachequismo con varios miembros, fueron integrantes del consejo de Estado. Del otro lado estaban el wilsonismo, los batllistas, la izquierda, la CNT y la FEUU.

Lo que no se ha entendido todavía es que el golpe se dio para proteger intereses económicos que se sentían amenazados. 43 años después sólo los civiles Juan Maria Bordaberry y Juan Carlos Blanco fueron juzgados. Ningún otro civil.

En tanto hay 231 expedientes con denuncias que buscan justicia por los crímenes cometidos por los terroristas de Estado. El 70% aún está en la etapa de presumario.

Y la mayoría de los criminales juzgados y condenados transcurren sus días plácidamente en sus domicilios. Hoy que hablamos tanto de maestros, todavía no sabemos quien mató al maestro Julio Castro: quien mató y desapareció a la maestra Elena Quinteros: Pero tampoco hay una calle que lleve el nombre de Jorge Sapelli el dignísimo vicepresidente del dictador Bordaberry que renunció el día del golpe.
Aún hoy el nombre del jefe de la policía política de las dictadura Victor Castiglioni es reconocido en el salón de actos y el edificio de Inteligencia del Ministerio del Interior.

No existe reconocimiento público y popular a la enorme cantidad de militares antigolpìstas que enfrentaron la dictadura con las consecuencias conocidas.

Reitero: este país señores, exculpó a los cretinos sin uniforme que fueron cómplices de las atrocidades y en lugar de condenarlos a la hoguera del oprobio, los ha elegido una y otra vez para, reconvertidos a demócratas, nos representen o gobiernen.

Una nación que no se respete, que no respete los ideales de justicia y dignidad, no tiene razón de ser. Una sociedad que no recuerde su pasado, carece de historia para construir su futuro. Un sistema que despoje de contenido a la democracia, pone en riesgo la subsistencia y el equilibrio social.

Y si a eso sumamos el pillaje permanente a qué son sometidos los dineros y bienes públicos, estimados oyentes, hoy más que siempre se hace imprescindible gritar muy fuerte…NUNCA MÁS!!!
Nunca más tortura, nunca más desapariciones, nunca más muertes, nunca más corrupción. Por la vida y la esperanza…..uruguayos….NUNCA MÁS DICTADURA!!!!!

La columna de Carlos Peláez

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