La Argentina atravesó la elección presidencial del 2015 en medio de un inevitable debate acerca de la fisonomía de su patrón de desarrollo. La vigencia de la crisis internacional, el impacto en nuestra economía del estancamiento de Brasil y el cambio en la política monetaria de Estados Unidos, la insistencia del comportamiento de fuga de divisas del gran empresariado y la emergencia de la restricción externaconfiguraron la necesidad de acomodar el desenvolvimiento del modelo para renovar sus condiciones y confirmar el sendero de la inclusión social, la generación de empleo y la industrialización.

El debate sobre temas económicos, en orden a la agenda dominante instalada a través de los aparatos de propaganda del establishment(del que ellos mismos forman parte), se ubicó en torno a la inflación y la desregulación del mercado cambiario (acceso aly valor del dólar).El proyecto nacional entregó una economía con un crecimiento anual de 2,1%, desaceleración de la inflación, una tasa de desocupación de 5,9% y a una deuda externa del sector público del 13,1% del PBI, un nivel bajísimo en la serie histórica y en la comparación internacional. Con esos indicadores dejó el gobierno Cristina Fernández de Kirchner. La ampliación y profundización del proceso de crecimiento con inclusión requerían esfuerzos e innovaciones, pero era su firme orientación nacional, popular y democrática la que volcaba el laudo estatal a favor del trabajo, en su puja contra el capital.

Para explicar sus aspiraciones “normalizadoras” y fundacionales la derecha gobernante califica ese contexto como descontrol, aislamiento del mundo o desaguisado populista, pretendiendo pintar con valores indefectiblemente negativos las tensiones inevitables presentes en todo modelo de desarrollo. Esta aviesa comunicación fue efectiva para hacer signo en los problemas que efectivamente presentaba nuestro proyecto, pero más aún fue potente para expresar el veto a la economía política de la inclusión por parte de los poderes fácticos.

La resolución de la restricción externa, el comportamiento fugador contumaz y endémico de los grandes empresarios (entre ellos el Presidente de la Nación), la profundidad del proceso de industrialización, el alcance de la matriz productiva para incorporar empleo registrado – su contracara, la reducción del sector informal y el abatimiento del trabajo no registrado -,en definitiva, toda la agenda pendiente de la economía, son problemas y búsquedas permanentespara que brindemos respuestas teórico prácticas.

Pero desde el 10 de diciembre de 2015 esa acción activa y ofensiva para dar cuenta de los problemas estructurales de la economía argentina es detenida por el despliegue de un conjunto de medidas que modificancompletamente el cuadro y nuestra posición frente a la realidad: pasan a la defensiva los sectores populares.Eso se produce a partir del giro copernicano en las relaciones entre el capital y el trabajo, por el que el gobierno favorece al capital oligopólico productivo y financiero.

Devaluación, quita de las retenciones, desregulaciones sectoriales, tarifazos y liberalización de los cupos para exportaciones produjeron un impactante salto inflacionario, que desembocó en abril, por caso, en el incremento de precios mensual más alto de los últimos 14 años. Su propósito: revertir drásticamente la distribución del ingreso mediante la caída del salario real, la desocupación y precarización de los trabajadores.

Hay, además, un impacto diferencial del proceso inflacionario macrista sobre los sectores más humildes, condición que lo carga de una cruel regresividad. La suba de precios es mayor en los productos a los que los sectores populares destinan la mayor parte de sus ingresos, la cual implica un incremento impensado de la pobreza y la indigencia.

En un contexto de crisis de la demanda externa, y dependiendo la economía del consumo de las mayorías populares para mantener su vitalidad, la caída de la actividad económica por el deterioro del mercado interno, es un momento inevitable de este cambio de patrón de acumulación, orientado a expandir la rentabilidad del capital financiero y los sectores oligopólicos industriales (principalmente primarios)que piden a gritos la caída del salario real para “ganar competitividad” a niveles regionales. Esto, independientemente de las diferencias notorias al interior de este bloque de poder, que se expresan, por ejemplo, en la participación o nó de cada uno de esos sectores en el gobierno de los “Ceos”.

Elajuste de la economía vía la recesión económica ubica al desempleo como variable en el centro del proceso social es componente protagónico de este modelo económico. Los despidos del sector público habilitan suspensiones, retiros y despidos en las empresas privadas.El aumento del desempleo empieza, casi inmediatamente, a disciplinar a la clase trabajadora y, comodecíamos más arriba, funciona como contención del capital para los aumentos salariales. El excluido (desocupado) no estaba presente en las relaciones sociales con tanto énfasis desde los años noventa; su recuerdo envuelve paulatinamente con angustia a quienes vivieron aquello y su vigencia comienza a sorprender a los más jóvenes. Estas políticas encuentran también resistencias, como han sido las movilizaciones de cientos de miles de trabajadores respaldando la Legislación antidespidos, que el Parlamento sancionó y Macri vetó.

Simultáneamente se están pergeñando iniciativas de precarización laboral, que apuntan a reducir aún más el costo de las grandes empresas. Operan de manera unilateral cuando el poder de los trabajadores en la relación laboral es relativamente menor, y ya hay casos de complicidad “tripartita”, con el Estado promoviendo modalidades de contratación precaria en grandes empresas ante la pasividad pasmosa degran parte dela representación sindical. Un caso: la desarticulación del RENATEA, y el retorno al esquema de contubernio del viejo RENATRE, grafica por el absurdo la desprotección de la que hoy son víctimas importantes contingentes de la clase trabajadora, que ven caer muchos avances logrados en el terreno del derecho laboral.

Un cinismo a toda prueba en el discurso gubernamental ubica la responsabilidad del despido en el trabajador, en su “baja productividad” o en lo “ficticio” de su función.

La apertura importadora va a reforzar la destrucción de puestos de trabajo. En este esquema de política económica, la apertura comercial opera como dique para los precios de los bienes transables, cerrando el cerco sobre las Pymes industriales. También tiene un componente insoslayable en materia geopolítica, con la incorporación a la Alianza del Pacifico, centro de la iniciativa de Estados Unidos para la región.

En forma coherente con este cuadro, un nuevo ciclo de endeudamiento externo se abre en la Argentina. Conllevará una creciente dependencia del negocio financiero internacional y del FMI. La liberalización cambiaria trajo una fuerte demanda de dólares para alimentar la fuga de capitales y la remisión de utilidades de las empresas multinacionales.

Pero el recurso retórico del “shock de confianza”aún no movió la aguja en materia de inversión extranjera directa: en el primer trimestre de 2016 la IED fue casi igual al primer trimestre de 2015. La simplificación según la cual la sola “confianza” en el Presidente y su “equipo” es factor determinante de inversiones, así genéricamente nombradas, comienza a mutar en cierta decepción de los funcionarios para con los empresarios que no invierten y aumentan los precios: un verdadero laboratorio social para experimentar con una medicina cuyos efectos ya conocemos, matizado con una sobreactuada ingenuidad por parte de quienes implementan los programas y políticas.

Al contexto de incontenible demanda de divisas el gobierno respondió con suba de las tasas de interés, para que los pesos se dirijan a posiciones con altos rendimientos, como las Letras del Banco Central (LEBACs),y dejen de presionar sobre la demanda dólares. Medida de manual, de corto alcance temporal y consecuencias difíciles de prever.

El arreglo a “cualquier precio” con los Fondos Buitres habilitó el canal financiero para el ingreso de dólares por la vía del endeudamiento del Estado Nacional. La restitución de la mentada “bicicleta” en la que el Estado se endeuda y los grupos económicos fugan, valorización financiera mediante, con su dramática contracara: la destrucción de la actividad productiva.

El modelo de valorización financiera, en el que la ganancia especulativa es ampliamente superior a la productiva, tiene conocidas y funestas consecuencias para la actividad económica y el nivel de empleo.

Mirado desde la óptica de una PyME todo el cuadro configura una “tormenta perfecta”. Es una encrucijada donde, al mismo tiempo que bajan el consumo y las ventas, los costos suben debido a los tarifazos de los servicios públicos, los componentes dolarizados de la matriz de insumos y las altas tasas de interés.Suba de sus costos, con caída en las ventas, es la situación de comercio y pymes industriales. Las cadenas de pago ya están severamente deterioradas por estas condiciones, y los empresarios saben que eso no es presagio de nada bueno.

Y como ya mencionamos, las altas tasas de interés de las colocaciones funcionan aumentando la propensión a especularcon la renta financiera: difícil que haya alguien pensando en comprar una máquina, abrir una fábrica o un comercio. La inversión financiera está desplazando a la inversión productiva.

En este esquema encaja justo, no es casualidad tampoco,que el propio Macri, y varios de sus colaboradores más cercanos,operen con firmas y cuentas off shore, y que el Ministro Prat Gay esté involucrado en el caso HSBC de Suiza, y que Sturzenegger esté procesado por el Megacanje de 2001: es la familia “financiera” la que tiene el poder y ejecuta esta política económica, y serán los responsables de sus nefastas consecuencias.

La primarización de la economía sobreviene inevitablemente a partir de la ausencia de condiciones para el sostenimiento industrial e impacta de lleno sobre el nivel de empleo, más temprano que tarde. Pero no son todas las actividades agropecuarias las beneficiadas por este esquema macroeconómico sino predominantemente las desarrolladas en el núcleo de la Pampa Húmeda. Las economías regionales padecen el incremento brutal del combustible y los aumentos de las tarifas de los servicios públicos. La devaluación “sanadora” de Macri no se traduce en rentabilidad de los productores de las economías regionales.

Los perdedores de esta política económica, los trabajadores, formales e informales, los cuentapropistas, los jubilados que ven caer sus ingresos reales,los comercios barriales y las PyMEsnecesitan una representación política que exprese la lucha contra los intereses concentrados que operan a la Argentina en clave de saqueo.

Porque no es por impericia o “errores” del gobierno que ocurrirán las inevitables consecuencias descritas: se trata de una acción deliberada tendiente a cambiar la matriz de producción y distribución para favorecer al sector concentrado, a costa de la mayoría de la población.

Por último, este es un momento de inflexión histórica para América Latina. Después de diez años de intenso avance de gobiernos nacionales, populares y democráticos en la región, este avance se ha detenido, en algunos casos ha retrocedido, y en otros casos está en duda su continuidad. El debilitamiento del Mercosur, en complicidad con la derecha golpista de Brasil, junto al peligro del acuerdo con la Alianza del Pacífico – para por esa vía desembocar en el nefasto TPP – generará inevitablemente la degradación de las condiciones de vida de nuestros pueblos y favoreceráa las multinacionales.

Queda como responsabilidad de los dirigentes y militantes del campo del pueblo convocar, centralmente a los trabajadores, y a todos los sectores que están siendo agredidos por estas políticas de ajuste del gobierno de Macripara construir el poder necesario y frenar, hoy mismo, el avance conservador en la Argentina. La naturaleza de esa construcción es eminentemente frentista, por comprensión y por tradición”.

Firman más de 200 economistas, entre ellos Alejandro Rofman, Mario Rapoport, Mercedes Marco del Pont, Ricardo Aronskind, Guillermo Wierzba, Alejandro Vanoli, Roberto Feletti, Julio Cesar Neffa, Demian Panigo, Carlos Bianco, José Sbattella, Arnaldo Bocco, Andrés Asiain, Horacio Rovelli, Federico Basualdo, Santiago Fraschina, Sergio Carpenter, Jorge Beinstein, Eduardo Luis Gorosito.