Se calcula que a mediados del siglo pasado se hablaban 6.500 lenguas en el planeta. Más de la mitad de estos idiomas habrán desaparecido al terminar este siglo, según cifras del Instituto para las Lenguas Amenazadas.

Mucho más que un conjunto de sonidos y reglas gramaticales, la lengua es la encarnación de una forma de ver el mundo, un modo particular de existir en él. Tan gran pérdida es justamente eso: otras caras de la humanidad que se disolverán en el olvido, pues una gran parte de ellas no habrán dejado un registro oral o escrito y, claro, tampoco tendrán hablantes, gente que sufra o sueñe en una clave diferente al inglés, el español, el mandarín…

Una porción de esta extinción se localizará en el área que comprenden Ecuador, Colombia, Perú, Brasil y Bolivia, todos territorios en los que se agrupa una gran diversidad de lenguas nativas, muchas de ellas amenazadas. Pero ¿qué hace que desaparezca una lengua?

Gregory Anderson, director del instituto, habla de factores como la falta de documentación y la actitud social, una forma resumida de denominar la exclusión: un mundo codificado enteramente en español o en inglés es un mundo en el que el nonuya o el cofán (ambas lenguas indígenas) son monedas que, de repente, pierden su valor. Y parte de esta discriminación incluye el acceso a la tecnología y a la web.

Mozilla Nativo es un proyecto de la comunidad de esta plataforma para hacer versiones locales de Firefox, o sea, ediciones del navegador y del sistema operativo, que funcionen en lenguas nativas. El proyecto tiene más de 200 procesos de localización activos en todo el mundo; 50 de ellos están cerca de ser completados en Latinoamérica, tres de ellos en Colombia.

La cosa funciona así: cuando un grupo decide hacer una localización de Mozilla, debe traducir el contenido de las herramientas independientemente, pero cuenta con el apoyo de personal de la Fundación Mozilla para insertar el nuevo contenido en el software. Esta labor técnica vital la realizan programadores que, en este microcosmos, son conocidos como drivers.

Mónica Bonilla, una de las líderes y representantes de Mozilla Nativo, explica que “lo primero que se hace en un proyecto de localización es establecer un grupo de trabajo. A veces son sólo una o dos personas, pero es una labor larga: Firefox para Android tiene 5.290 palabras para traducir y en la versión de escritorio hay 46.250. Las personas que se enfrentan a esto tienen que entender que todo se hace para hablantes de su lengua, así que hay que entenderla y escribirla bien. A veces no es necesario tener conocimientos técnicos, pues estos se van encontrando en el camino. Y para esto hay mucho soporte global de los drivers“.

En Latinoamérica, el caso a relucir es la localización del guaraní, una lengua hablada principalmente en Paraguay, así como en zonas de Argentina y Bolivia. “Es un grupo de voluntarios, profesores universitarios principalmente. Se dedicaron juiciosos a trabajar en esto y cada semana se reunían para avanzar en la localización, y lo hicieron muy rápido. Hicieron un manual para compartir consejos sobre localización. La localización para Firefox en escritorio fue lanzada en abril de este año y el equipo está trabajando en una campaña para difundir el uso del navegador en todas las instituciones nacionales”, cuenta Bonilla.

Los proyectos de localización colombianos arrancaron de la mano del grupo de investigación Muysccubun, del cual hacen parte estudiantes y egresados de programas como antropología y lingüística de varias universidades del país, entre ellas la Universidad Nacional. Hoy comprenden la localización para Android en nasa yuwe, minica uitoto y kichwa, todas lenguas habladas en los cabildos indígenas de Bogotá porque, como cuenta Bonilla, “en la ciudad se pueden encontrar hablantes de las 65 lenguas indígenas que hay en el país”.

Aunque el primer proyecto de localización que se intentó en el país no concluyó (wounmeu, lengua del Chocó), estas tres iniciativas van por buen camino, y, aunque ya terminaron el proceso de traducción, aún están pendientes de realizar pruebas finales con el software como tal, cuenta Bonilla. Estas localizaciones nacieron en 2014, luego de que miembros de Muysccubun buscaran el apoyo de instituciones como la Fundación Gilberto Alzate Avendaño y el Instituto Caro y Cuervo y encontraran, en los cabildos indígenas de Bogotá, hablantes que les ayudaran en esta tarea.

“Con Mozilla Nativo queremos que las personas encuentren un nuevo valor en lo que hablan. Cuando navego internet en mi propia lengua es una cuestión diferente, me apropio de las cosas, puedo entender y disfrutar mejor de ellas”, cuenta Bonilla: “También se trata de desmentir la noción de que una lengua indígena, por ser una lengua antigua, no puede servir en medios digitales. Eso no es así”.

El Espectador