El rastro siempre conduce al mismo troll center: ese que ha montado un aparato político, mediático y electoral a favor y fondeado por un candidato presidencial y grupos financieros y bancarios muy bien identificados. Y desde ahí se nutre cuanta necesidad política hace falta para minar, bombardear y destruir la imagen de una persona, un gobierno, grupos sociales, periodistas y medios de comunicación que hacen su trabajo con responsabilidad pública.

Bajo la premisa de que son los defensores del libre mercado, de la libertad de competencia y de los supremos valores del capitalismo, ahora se oponen (con una energía sospechosamente inusitada) al dinero electrónico. Y de paso han iniciado un linchamiento mediático contra una de las cadenas de negocios que acoge este medio de pago para darles una nueva alternativa a sus clientes.

¿Por qué en contra de Almacenes Tía? ¿Por qué no en contra de Mi Comisariato? ¿A qué responde esta discriminación, si la segunda hace lo mismo que la primera (aquello de aceptar el dinero electrónico como medio de pago)? ¿Hay alguna intención comercial o es este el reflejo de la política hipócrita con la que actúan frente a otros temas de la realidad?

Como sea, se trata de la misma conducta de esos grupos ambientalistas que cuando ocurrió la disputa política por el Yasuní por poco se cortan las venas y provocan una invasión verde para defender al parque nacional, pero cuando una empresa de un alto dirigente socialcristiano contamina el río Daule y deja sin agua por varias horas a la ciudad más grande del país callan y miran para otro lado como si eso no constituyera, como dijo el propio alcalde Jaime Nebot, un grave delito ambiental.

Y es el mismo comportamiento de esos medios de prensa y periodistas, analistas y críticos sesudos, que sobre la alcaldía capitalina guardaron un silencio cómplice y ahora (dos años y pico después) se dan cuenta de las “debilidades estructurales” del programa de SUMA para Quito. ¿Habrá que esperar a que la ciudad se destruya o deteriore al punto de que el costo sea mucho más oneroso para expiar las culpas acumuladas?

La campaña iniciada en las redes sociales pidiendo a los consumidores no comprar en Almacenes Tía porque usa el dinero electrónico como medio de pago, además de desnudar a esos grupos fundamentalistas, pone en evidencia cómo será la campaña electoral que se avecina, desde dónde apuntará su batería y hacia dónde y quiénes serán dirigidos los misilazos. A nadie le sorprendería que ocurrieran desabastecimientos, al ‘estilo venezolano’, o que en la próxima Navidad se produjeran saqueos para demostrar que en Ecuador hay hambre e injusticia por todas partes; o que en los días previos a las elecciones se sacudieran las redes con supuestos hechos de violencia, víctimas de la represión “totalitaria” y/o un sinfín de supuestos acontecimientos que justificaran un voto sugestivo a favor del retorno de la partidocracia a Carondelet.

Si no podemos usar el dinero electrónico, ¿dónde ponemos, entonces, la plata? Los que elaboran e impulsan la campaña ‘No compres en Tía’, ¿preferirían que la lleváramos a paraísos fiscales, donde tienen colocada las fortunas muchos de los hombres de negocios y políticos con aspiraciones presidenciales con el solo afán de no pagar impuestos en el Ecuador, aunque en Panamá paguen mucho más? ¿Ahí la tendríamos asegurada para mejores tiempos? O, lo que es más sensato, ¿no quieren que los bancos dejen de ser los medios y espacios de toda transacción y de ese modo seguir acumulando riqueza en un país que, según ellos, vive un totalitarismo tal que ni siquiera es posible escoger dónde guardar el dinero o de qué modo transferirlo?

Se ha perdido toda cordura y sentido de responsabilidad ciudadana a la hora de cuestionar cada una de las iniciativas de política pública. Los que están a favor de nada y en contra de todo parece que se han multiplicado por miles, pero no es así: ocurre que el troll center (ese aparato mediático bien financiado por las entidades de grupos económicos muy poderosos) fabrica esa percepción y con los enormes recursos que tiene genera alarma sobre temas supuestamente importantes.

Hasta ahora son 93 países en el mundo los que usan o tienen medios de pago electrónicos. Y ninguno de ellos es comunista o vive en sistemas totalitarios y de ausencia de libertad de mercado. Pero también es cierto que muchos de los que critican el dinero electrónico (como un exvicepresidente o el presidente de la Cámara de Comercio de Guayaquil, muy allegado al movimiento CREO) lo hacen por un afán político extremadamente transparente, relegando su responsabilidad pública. Y no olvidemos que algunos de esos opuestos al dinero electrónico tienen su plata en paraísos fiscales, no cumplen con la responsabilidad de incrementar la riqueza nacional y sacan sus fortunas para evitar controles y el pago de tributos, en detrimento de sus trabajadores. Ahora bien, en el marco de una disputa de poder compleja y marcada por la mediatización de la política, han intentado desprestigiar a una empresa.

¿Cómo se entiende que sea desde esos sectores libre empresariales que ocurra y se fondee esta ‘iniciativa’? No lo hacen abiertamente. No lo harán de frente porque saben que el trasfondo es otro. Incluso usan a ciertos blogueros, tuiteros y entrevistadores (así como las agencias de inteligencia extranjeras) sabiendo que se prestan para todo esto a cambio de determinados favores (como aquello de recibir una visa) sin importarles el grave daño que le hacen a la misma sociedad ecuatoriana.

*Director del diario El Telégrafo, Ecuador.