Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Luego de años de no hacer lo suficiente para cumplir su labor como defensora de la democracia en el continente, la Organización de Estados Americanos, OEA, se ha convertido en el epicentro de lo que puede ser la última alternativa para evitar una explosión social en Venezuela.

Resurgió así uno de los organismos más criticados por su inutilidad en las últimas décadas. Pese a haber logrado la firma de una Carta Democrática, el compromiso de cada uno de sus 34 integrantes con la democracia y el respeto a las reglas de juego que garantizan las libertades de los pueblos de la región, su papel se vio reducido hasta la casi desaparición.

A pesar de haber sido convocada para cumplir la misión que le fue encomendada en el 2001, los intentos por debilitarla de algunos de sus miembros y las gestiones grises de sus Secretarios Generales le ocasionaron un desgaste enorme a la OEA. No obstante, la entereza que el actual Secretario le ha infundido, ha permitido descubrir lo que sucede en Venezuela y poner a opinar a los países americanos que prefirieron mirar para otro lado antes que enfrentar la tragedia que se ha venido incubando en uno de los más ricos del vecindario.

Ahora, la Organización está realizando sesiones para analizar y tomar decisiones sobre el drama que padece el pueblo venezolano. El informe del secretario Luis Almagro es claro y profundo en demostrar cómo el chavismo se tomó a todo el Estado, está desconociendo sus derechos, encarcelando a la oposición y montado un sistema que utiliza la hegemonía para perpetuarse en el poder, para destruir las libertades y asfixiar cualquier disidencia.

Almagro ha creado las condiciones para que el Continente escuche la verdad sobre la crisis que genera la mayor inflación del planeta y la escasez de alimentos y drogas, obligando a los venezolanos a salir a las calles para conseguir a como dé lugar lo más elemental para su subsistencia. Frente a ellos está un régimen corrupto, empeñado en el discurso del odio, en desconocer la decisión popular que cambió la Asamblea Nacional y en obstaculizar la realización de un referendo revocatorio en el cual se defina la continuidad del presidente Nicolás Maduro.

Es esa la razón por la cual se realiza hoy una Asamblea Extraordinaria en la cual se debatirá el informe del secretario Almagro, a pesar de la furiosa oposición del régimen de Maduro y de sus maniobras para mantener cautivos los votos que durante 17 años ha comprado con el petróleo de Venezuela. De allí debe salir algo, aunque sea un comunicado que refleje la intención de América de impedir que se siga pisoteando la democracia en la tierra de Simón Bolívar.

Pero, además, deben surgir iniciativas para detener el terrible drama que vive el pueblo venezolano y lo está llevando a producir acciones desesperadas cercanas a la anarquía y a la violencia. Ante esa verdad, la OEA no puede quedarse impasible, y aunque no pueda intervenir, debe hacer lo necesario para impedir que el silencio se convierta en cómplice de un gobierno que lleva a su Nación a una encrucijada que no puede ser aceptada por las democracias de América.

El Pais