Panamá muestra al mundo su Canal ampliado

El sueño de miles de panameños que apoyaron la ampliación de la vía interoceánica se completó la tarde de este domingo 26 de junio, con la llegada del buque neopanamax Cosco Shipping Panama a las esclusas de Cocolí, en el sector Pacífico del Canal.

El buque hizo su recorrido por unas siete horas desde las esclusas de Agua Clara, en la provincia de Colón, donde más temprano el presidente de la República Juan Carlos Varela y el administrador de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) Jorge Luis Quijano participaron en los actos de apertura de esta megaobra.

Las banderas panameñas saludaron el arribo del Cosco Shipping Panamá a Cocolí y todos los presentes entonaron las gloriosas notas del Himno Nacional.

En el evento se dieron cita jefes de Estado, delegaciones internacionales e invitados especiales para ser testigos de la inauguración de una de las obras más importantes de los últimos años.

La junta directiva de la ACP y los jefes de Estado se tomaron la fotografía oficial para sellar este momento histórico.

En tanto, los representantes del comité ecuménico, del que forman parte todas las denominaciones religiosas en Panamá, tuvieron el honor de bendecir la esclusa de Cocolí.

El ministro para Asuntos del Canal Roberto Roy dirigió unas breves palabras, donde destacó que el Cosco Shipping Panama lleva consigo los sueños de muchos niños panameños.

En tanto, el administrador Jorge Luis Quijano agradeció el apoyo de todo el pueblo panameño que creyó en esta importante obra.

“El Canal ampliado es la respuesta de Panamá a la demanda de un mercado marítimo”, destacó Quijano

El administrador de la ACP entregó al presidente Varela el certificado de cumplimiento de la obra, la cual queda abierta desde este domingo para seguir contribuyendo al comercio mundial.

Varela dijo que el Canal interoceánico y su tercer juego de esclusas “representan uno de los principales activos del pueblo panameño”.

Los fuegos artificiales rompieron el silencio para dar por inaugurado el tercer juego de esclusas.

TVN


Unos 16 buques pasarán por el canal ampliado

Las pruebas de control han demostrado que cuando el canal ampliado este a su máxima capacidad podrán pasar dieciséis buques diarios en vez de los quince estipulados en en el contrato, gracias al rápido llenado de las tinas de agua y el eficaz cerrado de las compuertas.

Así lo dio a conocer Giuseppe Quarta, director ejecutivo de Grupo Unidos por el Canal (GUPC), al tiempo que resaltó que sin la utilización de las tinas de agua, una alternativa posible, podrán pasar dieciocho buques al día.

‘El sistema operativo excedió las expectativas de las especificaciones, lo que permite el paso de un buque más por día; la compuerta, en lugar de cerrar en cinco minutos lo hace en cuatro minutos con 50 segundos, y en el ciclo de llenado y vaciado se ahorran entre tres a cuatro minutos’, enfatizó.

Quarta resaltó que el tránsito inaugural y las pruebas realizadas previamente con otros buques muestran la calidad de la obra de ampliación, lo que, entre otras críticas, contradice la reciente publicación del diario estadounidense New York Times, que, bajo el título ‘El Canal de Panamá, una apuesta arriesgada’, pone en entredicho el futuro de la nueva estructura, recién inaugurada.

‘Esta obra funciona perfectamente bien, es más, las pruebas previas realizadas arrojan que tenemos mejores tiempos en la operación incluso que los que se tenían estipulados en el contrato”, puntualizó Quarta, quien ayer presenció el primer tránsito desde la torre de control de las nuevas esclusas de Agua Clara.

Sobre este particular, Jorge Luis Quijano, administrador de la vía acuática, detalló que el muy comentado artículo del New York Times recoge ‘cuentos viejos’ y que ‘no es de altura’, porque ‘se aleja de lo que estamos viviendo.

‘Se basa en planteamientos hechos de algunas personas en diciembre del año pasado y hoy ustedes pueden ver la operación de los remolcadores que no tienen ningún problema’, señaló.

Quijano, satisfecho con los resultados de la obra, acotó que se enteraron previamente que se estaba preparando un ‘artículo tendencioso’ antes de la inauguración. ‘Contestamos a todas sus preguntas, que nunca fueron incorporadas en el escrito, lo que me parece que fue una falta de respeto hacia nosotros lo panameños y al Canal, que sí nos tomamos el trabajo de atenderlos’, opinó.

El administrador de la vía interoceánica señaló que después de la publicación también le ofrecieron una entrevista al diario y no quisieron aceptarla.

‘Simplemente están mal informados, tienen información obsoleta de personas que tienen algún tipo de resentimiento porque no trabajan en las empresas donde estaban trabajando’, añadió sin querer agregar más datos sobe esa interpretación.

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PRUEBAS DE ACEPTACIÓN

El Canal de Panamá recibió el tercer juego de esclusas el pasado viernes.

El sistema operativo excedió las expectativas de las especificaciones lo que permite el paso de un buque más por día; la compuerta en lugar de cerrar en cinco minutos lo hace en cuatro minutos con 50 segundos.

La Estrella de Panamá 


Panamá: El Canal de Pocos

El eslogan con que nos lo vende este Gobierno es «El canal de todos», pero ¿de quién es, en realidad, el canal de Panamá?

¿Es el canal de los trabajadores?

Quienes lo construyeron realizaban trabajos durísimos en largas jornadas laborales (para el ferrocarril, 80 horas semanales), bajo el sol tremendo o la lluvia tropical, metidos en el barro, con o sin luz, picados por mosquitos con enfermedades mortales, manejando explosivos inseguros que provocaban derrumbes más inseguros aún, sin medidas sanitarias ni de seguridad. Lejos de la familia y sufriendo una discriminación racial que se mostraba en todos los aspectos de su vida, estos hombres aguantaron en condiciones infrahumanas para llevar un sueldo a casa.

El canal lo empezaron a construir empresarios franceses y los obreros fueron antillanos (en especial de Jamaica), asiáticos (sobre todo, chinos; también filipinos), europeos (franceses, españoles, irlandeses, griegos, italianos) y ningún panameño —o no está registrado—, ya que por entonces éramos oficialmente colombianos. Los historiadores conservadores hablan de, al menos 22 000 muertos, pero pudieron ser muchos más, además de un número indefinido de tullidos y de aquellos que murieron a resultas del trabajo realizado o de las enfermedades contraídas, que pudieron ser muchos miles. Y hay que añadir los miles de muertos producidos durante la travesía en los barcos esclavistas en que se los transportaba a Panamá, bajo condiciones espantosas.

Entonces, un grupo de millonarios norteamericanos en Wall Street y el insidioso Buneau-Varilla crearon un plan que acabó con la deseada creación de la república de Panamá y la construcción del canal norteamericano. Según la ACP, en él trabajaron 31 071 antillanos, 11 873 europeos, 11 000 estadounidenses y 69 no clasificados. No registra ningún panameño. Según esta fuente, murieron 5609 trabajadores, aunque, si se suman las diferentes cifras estimadas, pudieron ser muchísimos más, pero a nadie le importaron.

Además, hay que añadir los miles de muertos (también esclavos extranjeros) que costó construir el ferrocarril (en condiciones tan bárbaras que en un solo día en Matachín 400 chinos prefirieron suicidarse a continuar) y los que costó reubicarlo cuando se construyó el canal norteamericano.

Al acabarse estas obras, la mayor parte de los trabajadores sobrevivientes regresaron a sus países. Algunos, sin embargo, prefirieron establecerse, y fueron sufriendo, una tras otra, diferentes oleadas de racismo, con muestras como la Sociedad Antichina, cuyo vicepresidente fue el alcalde de Panamá, José Francisco de la Ossa, así como manifestaciones xenófobas desde el siglo XIX y leyes que les prohibían la ciudadanía o la propiedad de negocios y que culminan con la Constitución racista de Arnulfo Arias de 1941. Aquellos obreros extranjeros que se quedaron y sus familias, que llegaron cuando ellos se asentaron, hoy componen gran parte de la diversidad étnica de Panamá.

Los descendientes de estos esforzados trabajadores fueron olvidados en los actos del centenario, en 2014, por el actual Gobierno, no así los de aquellos próceres que los explotaron y que se lucraron con su trabajo y su muerte.

¿Es acaso El canal de los panameños?

El canal norteamericano creó la infamante Zona del Canal, en 1912, una gran franja que cortó al país en dos, y que es en parte responsable del gran subdesarrollo del interior del país. Esta contendría, según el presidente William H. Taft, la superior raza blanca estadounidense, los zoneítas (zonians), y se regía por las leyes racistas de Luisiana. El canal y la zona eran norteamericanos, y bien se lo hicieron saber al pueblo panameño, con opresión, humillaciones, detenciones y muertos.

Los recursos hídricos, ecológicos y territoriales de los panameños se vieron comprometidos por los intereses de una potencia extranjera, y en parte por el beneficio para el resto de los países del mundo, excepto para Panamá mismo, pues, para llevar mercancía desde Colón a la capital tenemos carreteras y un ferrocarril que desde 1848 sigue siendo norteamericano. ¿Es también el ferrocarril de todos?

¿Es acaso El canal de todos los panameños?

A partir del año 2000, el canal pasa a manos panameñas y se firma un compromiso aberrante con los Estados Unidos según el cual, si estos ven amenazada su seguridad, pueden intervenir (Tratado de “Neutralidad”) colocándonos “bajo el paraguas del Pentágono”. De este compromiso se derivan actuaciones vergonzosas que lesionan la soberanía de Panamá.

El canal ha hipotecado el desarrollo agropecuario del país y ha afectado fuertemente su capacidad para producir alimentos. Pero seguimos apostando por el canal, porque produce millones. De ellos, ¿cuántos se dedican al 40 % de la población que vive en la pobreza? ¿Y cuántos de esos millones se dedican al más de medio millón de panameños que vive en condiciones de pobreza extrema y hambre?¿Y cuánto se dedica a los más de cuatrocientos mil coterráneos que no tienen agua? A esos el canal no les da ni dinero ni un litro siquiera de los miles de millones de litros que usa a diario. Y a usted, ¿cuánto le da el canal cada año, aparte del orgullo de ser la obra más asesina de obreros de la Edad Moderna y una de las más sangrientas de la historia?

Para una buena parte de la población, el canal ha representado pobreza.

Para los altos funcionarios y directivos de la ACP, con sueldos y dietas fabulosos, representa una gran fuente de ingresos. Pero hay casi cuatro millones de personas en el país.

Los grandes beneficiario son los gobernantes de turno y los 115 ultramillonarios, que recibe el grueso de los millones. Y todos sabemos lo que han hecho, un Gobierno tras otro, con esos millones.

¿Quizá la ampliación sí sea El canal de todos?

Lo que no ha ocurrido antes, no tiene por qué suceder ahora: que el beneficio llegue a todos.

Esta ampliación empezó con negociaciones oscuras, costará mucho más de lo previsto (en un claro acto de latrocinio), tardó mucho más de lo previsto, y se construyó con un estudio de impacto ambiental que da risa.

La ampliación traerá desertización para todos, cambio de clima para todos (sequía e inundaciones, cambio en el calendario agrícola que imposibilitará muchos cultivos) y muchos millones para los bolsillos de los honorables. Y de los bancos, que son los que financian la deuda; ellos siempre ganan.

En una época en que el agua se va a poner casi tan cara como el petróleo y que la producción de alimentos definirá la existencia o desaparición de los países, nuestra ampliación va a ser una bandera del despilfarro. Pero tengamos cuidado, no vaya a ser una bandera gringa, de nuevo.

Frenadeso