Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Otra vez la sociedad mexicana se encuentra conmovida e indignada. Cuando Atyozinapa y sus mártires siguen arrinconados en la impunidad, la violencia estatal, ese terrorismo forjado en las alturas del Palacio Presidencial y expandido como reguero de pólvora por cada una de las gobernaciones, vuelve a cantar presente. En esta ocasión como ocurriera con los 43 normalistas secuestrados y desaparecidos en Iguala, la masacre, esta vez en Oaxaca, tiene nombres y apellidos, y siempre terminan en ese personaje al que impúdicamente algunos mandatarios del continente siguen calificando de “demócrata”: Enrique Peña Nieto.

Allí están las imágenes gritando al mundo lo ocurrido: maestros de la combativa Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que el fin de semana marcharon por decenas de miles en la propia Capital del país, exigiendo que el gobierno ilegítimo (porque no puede denominarse de otra manera a quien llegó al poder mediante fraude electoral) dé marcha atrás con una reforma educativa que sólo busca privatizar lo que debería ser gratuito. Reforma que está amasada, a no dudarlo, en las usinas neoliberales de una derecha que no es solamente mexicana sino regional y que ahora “está de moda”, atizada por Washington, embistiendo contra todo aquel que le plante cara. Pero los maestros mexicanos son duros como el acero, y no se arredran tan fácilmente. De allí que a pesar de todos los obstáculos represivos, desafiaran en Ciudad de México a 5.000 efectivos policiales que intentaron frenar la manifestación pacífica y bulliciosa que reclamaba entre otros ítems, la libertad de sus dirigentes detenidos, como es el caso de Rubén Núñez Ginés.

Sin embargo, el Gobierno estaba necesitado de mostrar los dientes para conformar a la oligarquía local. O al poder mediático de Televisa y otros grupos hegemónicos que no han cesado de reclamar “mano dura” contra los “belicosos”. Ese es el mensaje que fueron instalando durante todo el conflicto magisterial que ya lleva meses y que ha derivado en un acampe de tres semanas de protesta en la Capital, y barricadas y bloqueo de rutas en distintos Estados.
Por eso no causaron sorpresa, aunque sí mucho dolor, los sucesos ocurridos el domingo en Nochixtlán, Oaxaca. Hombres y mujeres cuya única voluntad es educar a los más golpeados por el sistema opresivo que vive el país desde que se traicionara la Revolución Mexicana, y que se estaban manifestando pacíficamente, fueron brutalmente atropellados por la jauría policial de la temible PGR. A partir de ese momento, los maestros y maestras de rostro curtido y acostumbrados a pasar necesidades como sus educandos, sacaron fuerzas de los confines de su dignidad para autodefenderse y no dejarse humillar más por uniformados embrutecidos por sus mandos.
Así se pudo ver en los primeros vídeos que comenzaron a alertar sobre la matanza: los cuerpos de los detenidos arrojados en camiones, como hicieron años atrás en San Salvador Atenco con otros humildes protestantes,ocho maestros asesinados, decenas de heridos y desaparecidos, policías tirando con sus armas a matar mientras lanzaban gritos amenazantes contra todo aquel que se prestara a solidarizarse con las víctimas. En pocos minutos las calles ardían por los cuatro costados, y a pesar de la represión, por cada barricada que era destruida surgía otra inmediatamente. Como si allí también, además de los helicópteros policiales artillados, sobrevaloran el espíritu guerrero y el legado de otros dos maestros ejemplares, Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, que en los 70 decidieron echarse al monte y comenzar la lucha armada por razones idénticas a las del presente.

Después llegaron las explicaciones vergonzosas del gobernador de Oaxaca, Gabino Cué Monteagudo, ligado al otrora “progresista” Partido de la Revolución Democrática (PRD), culpando a los maestros y mintiendo descaradamente al decir que “las fuerzas policiales no tiraron con sus armas”. O las reiteradas declaraciones incriminatorias a la CNTE del Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y de Educación Pública, Aurelio Nuño, dos de los grandes responsables con Peña Nieto de que México se siga convirtiendo en un país donde la narco-política acostumbre a su población -y al mundo- que la “democracia” se forja con fosas comunes, secuestros, asesinatos y cárceles hacinadas de prisioneros políticos y sociales.
Mientras tanto, en Oaxaca, en Chiapas, en Querétaro, en Guerrero o en las entrañas del Zócalo capitalino el pueblo llano sigue fraguando la masa subversiva de la rebelión contra un orden injusto cuya única receta es siempre la muerte. Frente a esta actitud valiente, lo que queda para quienes viven fronteras afuera de México es renovar la solidaridad activa con [email protected], [email protected], [email protected] y estudiantes. Urgentemente, para evitar más masacres.

TeleSUR