En la última reunión con el Consejo Episcopal Latinoamericano en Roma, alertó sobre los conflictos sociales, económicos y políticos de Venezuela, Brasil, Bolivia y Argentina donde “se puede estar pasando a un golpe de Estado blando”.

El Sumo Pontífice comparte una inquietud generalizada en la región por el desfachatado golpe de Estado a la presidenta Dilma Rousseff, la guerra civil que se gesta en Venezuela, la inaudita victoria astringida de Mauricio Macri en Argentina que ha permitido la reimplantación de un neoliberalismo arrasador, y la campaña sucia contra Evo Morales que impidió su reelección.

El papa Francisco no avanza más allá del enunciado de una situación sospechosa, anómala, ilógica, en extremo peligrosa para la estabilidad política y la paz regional, que se da en escenarios en los que sobresalen grandes logros sociales en beneficio de las mayorías.

Es decir, los reveses en las urnas que han registrado gobiernos progresistas y revolucionarios como los de Argentina, Venezuela, Brasil y Bolivia, no han sido resultado de un fracaso del modelo antineoliberal adoptado, sino de una crisis inducida en la que se han puesto en juego grandes capitales para boicotear sus logros o, peor todavía, desacreditarlos.

El expediente utilizado en todos esos países por los grandes medios de comunicación ha sido el más sencillo de todos y de tanta antigüedad como la vida misma: la ambición natural del ser humano, como dijera Lula al buscar una explicación racional a las marchas populares.

Cuando se logra tener una bicicleta se lucha por el carro y cuando lo consigue se quiere conquistar el mundo.

¿La propaganda de la derecha neoliberal, dueña de los medios de comunicación rectores, es tan excelente que logra explotar ese sentimiento equivocado con éxito y enredar a tanta gente?

No parece serlo, aun cuando se admita que tienen el arte del engaño muy bien cultivado y abonado para confundir y hacer que los antiguos paquetazos de ajuste económico y social del Fondo Monetario parezcan ayuda financiera, que el saqueo de recursos nacionales se vea como una inversión productiva, las relaciones desiguales como alianzas amistosas y, lo que es peor, la pobreza como un hecho consumado e invariable: un destino manifiesto.

Se las arreglan para hacer creer que la clave no está ni en vanagloriarse ni autoflagelarse por el pasado -como proclama Barack Obama- sino que el presente es lo que manda y el futuro es lo que espera, para borrar así, con mensajes subliminales o abiertamente agresivos, la memoria histórica, principal enemigo del neoliberalismo.

Más allá de ese poder mediático y de las montañas de dólares que los respaldan, la razón más profunda de los retrocesos que han experimentado los gobiernos progresistas está en el descuido de la formación ideológica de la sociedad, como ha señalado el fraile dominico brasileño Frei Betto.

Los retrocesos en una sociedad desigual, dijo, significan que hay una permanente lucha de clases. No podemos engañarnos, pues no se garantiza el apoyo popular a los procesos solamente dando al pueblo mejores condiciones de vida, porque eso puede llevar a la gente a una mentalidad consumista.

Estamos volviendo atrás y sobre todo porque no hemos desarrollado una política sostenible, no hemos hecho reforma estructural, reformas agrarias, tributarias, presidenciales, políticas, e hicimos una política buena pero cosmética, o sea, que no tenía raíz, sin fundamentos para su sustentabilidad, asegura Betto.

El alerta del papa Francisco es atinada aunque en los marcos estrechos del ámbito feérico.

No se puede perder de vista que el neoliberalismo resucita y que lo hace bajo la divisa de atomizar la región, eliminar todo lo que se avanzó en materia de integración regional, crear inéditas cadenas de dominación mediante la denominada nueva economía del conocimiento y sus acuerdos de propiedad intelectual para perpetuar la dependencia tecnológica de los países periféricos e imponer su producto ideológico.

La internet y las redes sociales son pistas muy anchas y toda la policía del universo sería insuficiente para vigilarla. Por ellas transita todo.

Como decía Cintio Vitier, “lo propio del ingenuo american way of life es desustanciar desde la raíz los valores y esencias de todo lo que toca”. Es tan avasalladora esa invasión que “en cualquier momento futuro podremos estar expuestos a la desaparición como Estado aunque sea en apariencia soberano”.

Tengamos siempre presente la alerta de ese gran martiano en momentos en que aun cuando explotan bombas y se ametrallan ciudades pobladas, la batalla de ideas sigue siendo imprescindible.

*Periodista cubano. Editor de Prensa Latina.