El concepto de movilización popular ha adquirido un sentido nuevo y poderoso en iniciativas que emergen en el puerto de Valparaíso. Por primera vez los poderosos tienen razones para estar preocupados. La gente salió a pelear en la cancha que hasta ahora se había dejado solo para ellos: el mecanismo por el cual han venido legitimando un poder inhumano durante décadas.

Colectivos de Izquierda porteños entendieron que las marchas no bastan, que la protesta no basta, ni la rabia acumulada basta, ni es suficiente tener a mano buenas razones. La política es ante todo, un problema de fuerzas. Y poca fuerza tan poderosa como la que emerge de la bronca ciudadana aconchada desde hace tanto.

El agotamiento ético, histórico y político del duopolio en el poder, da señales de desplome. Innumerables y casi cotidianos casos de corrupción de los más inimaginables formatos desmoronan un sistema corrupto en sus bases. Sumado a una escases de ideas, de gente idónea, decente y ética.

Ha sido abatida la otrora inmarcesible presidenta Bachelet, atorada hasta la madre en la ciénaga de su propia cultura de la que es símbolo y bastión. Y lo que fue el códice más preciado, el Programa, hoy no es sino un hato de papales inservibles. Entonces, numerosos colectivos que no salen en la televisión, Poder Ciudadano, Nueva Fuerza, La Matriz Pacto Urbano, Frente Amplio por Valparaíso, se propusieron levantar un candidato único a las elecciones municipales, sobre la base de elegirlo en lo que llamaron Primarias Ciudadanas, en las que postularon cinco candidatos de distintos orígenes y representaciones sociales. Se establecieron 19 locales de votación, hasta donde llegaron más de cinco mil personas.

Se erigió ganador de la contienda el joven abogado Jorge Sharp, que ha hecho sus primeras armas en la lucha social desde el movimiento estudiantil, el que a pesar de su origen magallánico, está vinculado estrechamente y desde hace bastantes años a la lucha social y política de Valparaíso.

El Pacto Urbano La Matriz de Valparaíso ha encabezado peleas muy cercanas a la gente que ha visto impasible cómo el avance del neoliberalismo más descontrolado destroza poco a poco un puerto declarado Patrimonio de la Humanidad, título que está en riesgo precisamente por el castigo que ha recibido de los ricos.

Así, esas organizaciones sociales se han encargado de enfrentar la construcción de adefesios como el Terminal 2, que no sería otra cosa que una abominable muralla de contendores en el borde costero, el Mall Barón, y varios proyectos inmobiliarios que solo buscan rédito en poco tiempo, a riesgo de terminar con una ciudad como Valparaíso.

Los mentirosos y aprovechadores de siempre deben estar administrando su comprensible miedo al ver que la gente ha caído en cuenta que no es posible dejarles el campo libre, a merced de su falta de escrúpulos y su nulo interés por las demandas justas y postergadas de la gente.

La desesperación de la Nueva Mayoría, su miopía y su desprecio por la gente, ha elevado a condición de candidato al artista DJ Méndez, cuyos méritos ha dejado para el escrutinio público en realities y escandaleras televisivas. Sus méritos políticos han quedado plasmados en declaraciones destempladas y bobas, sin pudor ni filtros. No es casual que el mentor del candidato Méndez haya querido un acercamiento con quienes apoyan a Sharp, en busca de un acuerdo.

La pregunta surge por sí sola. ¿Es que solo en Valparaíso se puede dar a la movilización popular el rasgo esencialmente político que adquiere al momento de levantar una candidatura mediante una consulta popular?

En esa experiencia hay un germen que en breve deberá ser emulado por quienes entienden que es necesario pasar a otro nivel en la lucha en contra del sistema. Que ya no es suficiente el puño en alto, la bandera bravía, la numerosa manifestación airada. Que es necesario pasar a la más vasta y decidida ofensiva mediante el uso de los mismos mecanismos de legitimación del que han venido abusando durante decenios.

Hagámonos de sus armas y apuntémosles con ellas.

Las elecciones pasan a ser momentos de lucha en que el pueblo movilizado, es decir, seducido por un idea que lo dispone a los mayores sacrificio para la victoria, se enfrenta al sistema con las armas que ellos han diseñado para la manipulación, pero que en las manos correctas, como toda arma, se transforma en una eficiente herramienta de cambio.

*Escritor y periodista chileno. Estudió Física y Matemáticas en la Universidad Técnica, es asesor del Colegio de Profesores, autor de “El Coa y el Lenguaje de la Calle.